España tiene más cuentas pendientes con el racismo que las estatuas de Colón

Manifestación antirracista en Barcelona y a favor de retirar la estatua de Colón

Durante décadas se pronosticó que el ‘streaming’ iba a matar al cine, y no ha sido así. Y que el libro electrónico acabaría con el tradicional. Y tampoco ha sido así. Sin embargo, hay ahora un nuevo enemigo de las películas y los libros antiguos. Y puede que, si va a más, de los museos. y de parte de las ciudades. Lo único viejo que vamos a poder guardar y revisitar son las fotos de nuestros antepasados, y en la intimidad. No vaya a ser.

Ya hacía un tiempo que el debate de la memoria histórica había traspasado fronteras. En España se planteó la retirada de las estatuas del dictador Francisco Franco -queda una en Melilla, pero ya está programada su retirada-, en Alemania está prohibido honrar a su tirano particular, Adolf Hitler, y en Bélgica se van a ‘cortar las barbas’ a Leopoldo II.

Pero a esto se le ha sumado ahora otra vertiente antirracista. Al calor de las protestas surgidas en Estados Unidos por la muerte del afroamericano George Floyd a manos de un agente de policía, se han derribado varias estatuas de Cristóbal Colón provocando que incluso en España se discuta su idoneidad. Es más, Podemos se ha sumado a la crispación proponiendo desmontar la que preside la plaza del Portal de la Paz de Barcelona, en el distrito de Ciutat Vella. Aunque Colón quede muy lejos de los casos arriba explicados.

Según ha señalado la alcaldesa de Barcelona, Ada Colau, el monumento forma parte de “la memoria crítica” de la ciudad, pero los expertos recomiendan mantenerla. Por lo que ella apuesta por, simplemente, añadir un texto explicativo que la contextualice.

Por si fuera poco, la polémica ha saltado al cine. La plataforma HBO ha retirado momentáneamente de su catálogo 'Lo que el viento se llevó' por las protestas que la consideran racista. De momento es un hasta luego, porque los usuarios podrán volver a verla pronto, si quieren. Eso sí, HBO advertirá de su contenido racista antes de comenzar la emisión. Porque, como detalla John Ridley, guionista de ‘12 años de esclavitud’, “es una película que glorifica cómo era el sur [de Estados Unidos] antes de la Guerra de Secesión. Es una película que no ignora los horrores de la esclavitud y solo se interrumpe para perpetuar algunos de los estereotipos más dolorosos para las personas de color del sur”. Estereotipos como el del ‘Tío Tom’ -de la novela de Harriet Beecher Stowe- que versa sobre un esclavo y su familia que, pese a todas las dificultades y desgracias, aceptan su destino como buenos cristianos y no se rebelan contra sus amos blancos, o el de la niñera afroamericana.

La cinta, considerada de las mejores de la historia, suaviza la esclavitud desde un punto de vista romántico y defiende que los estados sureños lucharon por su independencia política, amenazada por los estados norteños. Cuando en realizad la batalla fue por mantener la esclavitud.

¿Tienen razón quienes piden su retirada? ¿Habría que prohibir, entonces, ‘El Quijote’ porque satiriza y relata con gran dosis de sorna los problemas mentales de su protagonista?

A pesar de la involución que vive la sociedad actual con dirigentes que cimentan sus políticas sobre la violencia, represión y las ‘noticias falsas’, hay que confiar en ella. A lo largo de los siglos ha habido pasos para adelante y alguno para atrás, pero se ha entendido que hay que sancionar y perseguir las exclusiones por razón de raza, sexo o pensamiento.

De hecho, existe una Declaración Universal de los Derechos Humanos que todos los países se vanaglorian de suscribir, aunque luego algunos no la apliquen. Hay que perseguir el quebranto de derechos, hay que sancionar el exceso de la fuerza de la autoridad. Pero no hay que llevar el revisionismo histórico al límite. Porque el límite de las cosas acostumbra a rozar lo ridículo y lo grotesco. Y lo peor de todo, nos hacen perder el tiempo en menudeces. Cuando lo importante es acabar con los Centros de Estancia Temporal de Inmigrantes (CETI) -al menos tal y cómo están estructurados-, sancionar a los policías que asfixiaron a Floyd hasta la muerte, estudiar hasta las últimas consecuencias el caso del joven negro vejado, insultado y agredido en Manresa hace pocas fechas, prohibir las políticas que abunden en la homofobia y transfobia... Hay demasiados casos de este tipo, por desgracia. Pero la Justicia no ha sido contundente en algunos de ellos. Cumplamos lo que ya existe, como la citada Declaración de los Derechos Humanos, pero hagámoslo de verdad. No a medias. Y así no habrá que prohibir estatuas, películas o cuadros.

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