La Escuela Es Nuestra: La SEP desconoce cómo se usan los recursos, que solo llegan al 36% de los planteles

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La Escuela Es Nuestra
La Escuela Es Nuestra

La entrega de dinero directa a los padres de familia para que arreglen las escuelas de sus hijos no está cumpliendo sus objetivos. A casi tres años de la puesta en operación del programa La Escuela Es Nuestra (LEEN), los apoyos solo han llegado al 36% de los planteles del país y las autoridades, en particular la SEP, desconocen cómo se han ejercido más de 23 mil millones de pesos de presupuesto público. 

Durante la ceremonia de inicio del ciclo escolar 2022-2023 y la despedida de Delfina Gómez como secretaria de Educación Pública, el presidente Andrés Manuel López Obrador afirmó: “Ya estamos llegando a más del 60% de todas las escuelas de educación básica del país y antes de que termine el gobierno va a ser el 100%”. Sin embargo, no es así.

Un análisis hecho a los padrones de beneficiarios revela que, hasta el 31 de diciembre de 2021, apenas se habían beneficiado 72 mil 404 de las poco más de 198 mil escuelas de educación básica del país. Al momento de presentar resultados de este programa, las autoridades informan un número mayor de beneficiarios porque omiten detallar que los propios lineamientos de operación de esta política prioritaria contemplaron que una misma escuela podía recibir dos apoyos en años diferentes.

Además, en lo que va del año, el avance del programa ha sido prácticamente nulo. De acuerdo con el segundo avance trimestral de los principales programas presupuestarios que Hacienda entregó a la Cámara de Diputados, al cierre de junio apenas se había ejercido el 0.1% del presupuesto aprobado para 2022.

Con el objetivo de evitar corrupción e intermediarios, el 4 de octubre de 2019, el presidente López Obrador anunció el arranque de LEEN, un programa que busca atender la infraestructura de las escuelas a través de transferencias directas de 150 mil, 200 mil o 500 mil pesos, dependiendo del número de alumnos inscritos, a un comité de padres de familia que decidiría las obras que debían realizarse en los planteles. Sin embargo, se trata de una política que carece de mecanismos de seguimiento y fiscalización.

A la fecha, las autoridades desconocen cómo los comités de padres de familia han usado los recursos y si estos fueron suficientes para atender las necesidades de cada plantel. Si cualquier ciudadano desea conocer cómo se ejerce este presupuesto público, la SEP, a través de una respuesta de transparencia, recomienda ir a cada escuela beneficiada y preguntar directamente a los directores qué obras se realizaron.

Sin diagnóstico y con lista de raya

Solo en los últimos 16 años, el gobierno federal ha destinado al menos 111 mil millones de pesos en atender el estado físico de las escuelas. Entonces, ¿por qué aún hay planteles que no tienen baños, techos e incluso salones?

“No se está tomando en serio la construcción de una política que asegure el mantenimiento de la infraestructura de las escuelas”, responde Fernando Ruiz, director de investigaciones de la organización Mexicanos Primero.

“Aunque los montos han sido grandes, no han sido adecuadamente invertidos porque el diagnóstico y la inversión no están necesariamente ligados en el tiempo (…) Hasta que no tengamos un diagnóstico, vamos a seguir dando palos de ciego”, sostiene.

Animal Político y Data Cívica obtuvieron vía transparencia los padrones de LEEN entre 2019 y 2021, que revisaron y cruzaron con los registros del Consejo Nacional de Población (Conapo) para ubicar el nivel de marginación de las escuelas que han sido beneficiadas, ya que los lineamientos del programa señalan que se daría prioridad a las escuelas ubicadas en municipios de muy alta y alta marginación.

El análisis confirmó que la mayor parte de los recursos del programa se ha transferido a municipios de muy alta marginación. No obstante, fue posible detectar que hay municipios donde se ha beneficiado a más escuelas de las existentes, de acuerdo con datos públicos y actualizados del Sistema Interactivo de Consulta de Estadísticas Educativas de la SEP.

Particularmente, esto se observó en municipios de Oaxaca y Chiapas.

Por ejemplo, en Santiago Amoltepec, Oaxaca, la SEP da cuenta de la existencia de 83 escuelas de educación básica, pero los padrones de beneficiarios muestran que se han dado apoyos a 118 escuelas. En Sitalá, Chiapas, se reportan 84 escuelas, pero se ha beneficiado a 117.

Es por esta disparidad en los datos que al sumar el total de escuelas únicas beneficiarias —no de apoyos entregados— el análisis arroja que se ha atendido al 106% de las escuelas de educación básica de los municipios de muy alta marginación, aunque aún queden planteles pendientes de beneficiarse de esta política pública.

En tanto, en municipios de alta marginación el programa ha llegado al 66% de los planteles, al 44% de las escuelas en municipios de nivel de marginación medio, y al 26% y 8% de las ubicadas en municipios de baja y muy baja marginación, respectivamente.

Para tener un acercamiento a las condiciones de infraestructura de los planteles educativos beneficiados y sin importar el nivel de marginación del municipio donde se ubiquen, pues no hay un diagnóstico actualizado, se tomó como referencia el Censo de Escuelas, Maestros y Alumnos de Educación Básica y Especial que realizó el Inegi en 2013 —el único que se ha hecho para conocer la situación de los planteles en el país— y se seleccionaron ocho variables: si la escuela contaba con barda perimetral, si el techo y el piso eran de materiales de calidad, si tenía cisterna, baños y drenaje, así como que contara con pizarrones y muebles para trabajar. Todo esto, con base en los lineamientos de LEEN sobre qué obras o mobiliario se podían realizar y comprar con el dinero que se transfiere a los padres de familia.

A aquellas escuelas que aparecieron tanto en el censo como en los padrones de beneficiarios se les asignó un valor entre 1 y 8 dependiendo qué deficiencias reportaron en el censo, por ejemplo, que no tuvieran barda, baños o muebles para trabajar.

Con ello, fue posible advertir que las escuelas con valor 6 —es decir, aquellas que no reportaron las mayores carencias en infraestructura y equipamiento— son las que más han sido beneficiadas.

Por estado, se observó que Chihuahua es la entidad en la que mayor atención se ha dado a planteles con mayor carencia en su infraestructura. En promedio, los planteles atendidos en esta entidad reportaron valores de 4 en la escala del 1 al 8.

En tanto, Tlaxcala y Aguascalientes son los estados donde las escuelas que han recibido el apoyo reportan una calificación de 8 sobre 8. Es decir, en su mayoría, las escuelas beneficiadas con LEEN reportaron mínimas carencias de infraestructura.

Para abordar los hallazgos de este análisis, Animal Político buscó a la SEP, pero hasta el cierre de esta edición no hubo respuesta.

Discrecionalidad 

Fernando Alcázar, director de judicialización de Mexicanos Primero, reprochó que la administración federal haya puesto en marcha este programa bajo la figura de subsidios y no un programa social, lo que hizo más laxa la posibilidad de contar con mecanismos de transparencia y fiscalización.

“​​En 2019 se le permitía a los beneficiarios del programa comprobar gastos con recibos simples, con lista de raya, y no había ningún responsable de eso, o sea, una vez que recibían los recursos nadie más que las mamás y papás se hacía responsable de los recursos y ellos eran responsables de llenar una hojita diciendo: ‘Oye, aquí está lo que gasté y pues aquí están mis recibos’”. 

La Auditoría Superior de la Federación (ASF) auditó una muestra de mil 187 millones de pesos del presupuesto ejercido en 2020 y concluyó que no hay pruebas de que 573 millones, es decir, uno de cada dos pesos, se hayan gastado en la mejora de la infraestructura de los planteles, pues el programa carece de mecanismos de control, supervisión y seguimiento de los apoyos.

Que sea un subsidio permite tener esta ambigüedad, esta discrecionalidad”, apunta Alcázar.

De acuerdo con los reportes de la Cuenta Pública, entre 2019 y 2021 este programa ha ejercido un total de 23 mil 434 millones de pesos de presupuesto, pero ni la SEP ni la Secretaría de Bienestar saben en qué se ha gastado y si ello ha cubierto la totalidad los requerimientos de cada plantel.

Los recursos sirvieron para… otro ‘elefante blanco’

Hace 25 años, la telesecundaria Benito Juárez, ubicada en el municipio de San Felipe del Progreso, Estado de México, recibió a sus primeros estudiantes. No había salones ni baños y el terreno no estaba bardeado. Bartolo Segundo, quien hasta hace unos meses era el director, dice que gobiernos estatales y federales han pasado en el último cuarto de siglo y las necesidades de este plantel, aunque ya son menos, aún persisten.

“Estos iban a ser los baños, pero ya no alcanzó el dinero”, dice Bartolo, mientras muestra la construcción que se levantó al fondo del terreno y que quedó en obra negra.

La implementación de LEEN pareció ser una opción para por fin colocar una techumbre al patio cívico, donde los alumnos han tenido que hacer honores a la bandera y otras actividades bajo la lluvia o el rayo del sol.

Con este programa también pensó que por fin iban a acabar el aula para actividades artísticas, que suma años en obra negra, y que sería posible remodelar los baños para por fin tener instalaciones dignas para los estudiantes. 

Sin embargo, los planes no salieron como esperaba.

En 2020, el primer año que esta escuela recibió un apoyo de 200 mil pesos de LEEN, los padres de familia decidieron invertir el dinero en la colocación de un “arco techo” en el patio. Para 2021, la telesecundaria volvió a ser seleccionada y recibió otros 200 mil pesos, pero los resultados no fueron satisfactorios.

“No sé si por mala administración de los padres de familia o qué haya sido, pues caray, yo lamento mucho que hicieron dos cuartitos pequeñitos y pues 200 mil pesos como que es mucha lana, ¿no? (…) Con 200 mil pesos podían haber hecho maravillas, hasta dos aulas creo yo que alcanzaba, pero también comprendo que el terreno está en malas condiciones”, dice el exdirector.

Aunque los profesores consideraban que la mejor inversión era arreglar los baños que ya se tenían, los padres optaron por hacer unos nuevos, pero al final esos quedaron en obra negra, sin conexiones hidráulicas, muebles o luz.

“Quedó como elefante blanco, a medias”, lamenta María Guadalupe Cornelio, la actual directora. “Creo que es muy importante que a los padres se les dé luz verde para trabajar y que ellos opinen, pero también cuando a veces a los maestros nos hacen a un lado también las cosas quedan de esta manera. No quiero decir que les echo la culpa, pero al cortarnos nuestra libertad para opinar pues no tenemos ese derecho a sugerir cuáles son las necesidades”.

“Yo no soy arquitecto, pero creo que el recurso no se empleó de la mejor forma posible, o sea, considero que se hubiese hecho un poco más”, agrega.

Los estudiantes volvieron a las aulas para el ciclo escolar 2022-2023 y deberán seguir usando los baños anteriores, completamente deteriorados. Sus maestros continuarán haciendo gestiones ante los gobiernos municipales y estatales en búsqueda de recursos para concluir la obra de nuevos baños que iniciaron los padres y el salón de artes, pues aun cuando todo quedó a medias, de acuerdo con los lineamientos de LEEN, este plantel ya no es candidato a recibir otro recurso, pues el comité de padres ya recibió dos transferencias directas.

“Se hicieron obras, pero hubo muchas inconsistencias” 

“A diferencia de otros programas que he tenido donde se dan los recursos, en este sí he visto muchas inconsistencias”, comparte una maestra de un jardín de niños en Veracruz, quien solicitó no publicar su nombre.

En entrevista, la docente enumera las inconsistencias que ha detectado en el manejo de los recursos del programa, tanto por parte de los padres como de los llamados facilitadores: las personas designadas por las secretarías de Educación o de Bienestar para desempeñarse como enlaces con los padres para implementar el programa.

La maestra explica que en 2020, cuando llegó por primera ocasión el apoyo, ella no se enteró hasta que los padres la buscaron para solicitar que firmara el diagnóstico que habían hecho sobre las condiciones de la escuela.

“Me preguntan: ‘Maestra, ¿qué hace falta?’. Y pues les dije que la barda, y a partir de ahí yo ya no me enteré absolutamente de nada del dinero, los papás se hicieron cargo de absolutamente todo”.

Al inicio del siguiente ciclo escolar, de nueva cuenta la buscaron para solicitar su firma en un nuevo diagnóstico, pues el plantel había sido seleccionado por segundo año consecutivo para LEEN.

“Me dicen que necesitan la firma nuevamente para el diagnóstico y ahí es cuando les pregunto: ‘Oigan, en todos los programas se pide una rendición de cuentas con facturas, que todo esté súper cuadrado, y yo no he firmado absolutamente nada’. Y pues me dicen que ya habían entregado todo y ese fue el primer foquito rojo para mí”, explica.

Preocupada de tener una sanción o señalamiento por mal uso de recursos públicos en su plantel, la docente buscó a su supervisor. Él le recomendó ponerse en contacto con el facilitador autorizado.

No obstante, ni los padres ni funcionarios de la Secretaría de Bienestar que trabajan en la zona le ayudaron a localizarlo. 

“La siguiente semana una mamá me intercepta cuando me iba y me dice: ‘Maestra, rápido, fírmeme este papel porque es del programa de La Escuela Es Nuestra’. Y yo lo empiezo a leer y es un oficio donde dice que a mí me entregaron diagnóstico, planeación, facturas, o sea, todo, cosa que a mí no me habían entregado; entonces, le hago saber a la señora que realmente no me han entregado absolutamente nada y que en las cuestiones del dinero sí soy así como espantada, porque si te falta un peso o algo pues hay que tener mucho cuidado”.

Renuente, la madre le entregó una carpeta con información para que la revisara en casa.

“Cuando yo reviso estos documentos realmente a mí sí me hizo mucho ruido de que eran documentos, fotocopias en muy mal estado. Las fotocopias estaban rayoneadas (…) Por ejemplo, venían muchos conceptos que decían ‘traslado de material a lomo de bestia’ y venían cantidades de 8 mil 500, 5 mil pesos… o sea, cantidades bastante extremas, sobre todo porque hemos tenido la fortuna de tener otros programas y pues sé más o menos los precios y eso sí sale fuera del presupuesto”, abunda.

Sí se realizaron las obras, pero sí hubo muchas inconsistencias. De igual manera, revisando los documentos, no encontré nada que dijera que el domo tiene los cimientos”, señala la docente, con el fin de ejemplificar las anomalías en la instrumentación del programa federal.

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