Los escritores, uno de los blancos favoritos de los dictadores en América Latina

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Daniel Ortega y su mujer Rosario Murillo en un mural en Managua
Daniel Ortega y su mujer Rosario Murillo en un mural en Managua

La larga lucha entre la pluma y la espada libra una nueva batalla en la actualidad latinoamericana. Cuba, Venezuela y Nicaragua tienen en su radar de acción represiva, en la lista negra que refinan día tras día, a novelistas, ensayistas y poetas que rechazan la sumisión.

Esta semana el nombre que siguió en la lista fue el de Sergio Ramírez, Premio Cervantes de Literatura 2017, una personalidad central de la política nicaragüense en los años de la revolución sandinista, de la que se terminó distanciando por disentir con Daniel Ortega.

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Ramírez veía a su antiguo compañero enajenado de sus ideales solidarios, entregado en cambio a un frenesí de poder que los años solo fueron acentuando. Ahora, en busca de su cuarto mandato presidencial, Ortega se sacude a sus críticos y rivales. Y de ser necesario lo hace por docena.

En febrero pasado, en los albores de la represiva, Ortega se sacó de encima toda una institución literaria. La filial nicaragüense de la organización de escritores PEN Internacional anunció que cerraba sus operaciones debido a los “infinitos” requisitos que imponía una ley para recibir fondos del exterior.

Gioconda Belli
Patricio Pidal/archivo


La narradora nicaragüense Gioconda Belli (Patricio Pidal/archivo/)

“Hemos decidido suspender indefinidamente el centro PEN en Nicaragua”, anunció entonces la presidenta de la organización, la narradora Gioconda Belli.

PEN Internacional, con más de 40.000 autores en 140 países, se dedica a la promoción y difusión de la literatura y la defensa de la libertad de expresión y la solidaridad con escritores perseguidos. Mantuvo una sede en Nicaragua durante 21 años, tras haber sorteado otra normativa de leguleyos que casi la saca de pista en 2018, cuando el Ministerio de Gobernación se negó a extenderle la certificación para continuar operando como ONG.

Durante una entrevista con LA NACION, Belli dijo en junio que lo que pasa en Nicaragua “desafía la racionalidad”, y que los nicaragüenses “están en la más absoluta indefensión y temiendo que la represión siga este perverso proceder”.

La ley impide el financiamiento externo a organizaciones que, a juicio de las autoridades, desarrollen actividades políticas en Nicaragua. Entró en vigor en buena hora, cuando más se la necesitaba para que el año electoral comenzara sin tropiezos. También, y en gran número, esas y otras normas sacadas de la galera se utilizaron para encerrar a periodistas críticos del gobierno.

El escritor cubano Javier Mora
Facebook


El escritor cubano Javier Mora (Facebook /)

Siempre hay leyes a mano para sacar a los escritores y demás peligrosos subversivos de circulación. Y si no existe, claro, se redacta para la ocasión. En Venezuela se valieron este año de una norma incluso más estrambótica que la del financiamiento extranjero de Nicaragua.

A fines de marzo, la escritora Milagros Mata-Gil y el poeta y periodista Juan Manuel Muñoz fueron detenidos por la Guardia Nacional Bolivariana. Los uniformados no llegaron con las manos vacías. Tenían una orden de arresto por violar la Ley Contra el Odio y por la Convivencia y la Tolerancia.

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El cargo, como corresponde, era “promoción e incitación al odio”, por compartir un texto de Mata-Gil por WhatsApp donde denunciaba una fiesta de 800 invitados en medio de la crisis sanitaria del Covid-19, sin medidas de seguridad o distanciamiento, y entre cuyos participantes se encontraba un alto funcionario chavista. Ambos fueron liberados el 1 de abril con medidas cautelares de presentación cada 30 días, y con la prohibición de hablar de su caso.

El gobierno cubano lanzó a fines de 2020 su propia campaña contra artistas de todo tipo, incluyendo a los escritores, que más allá de sus diversas disciplinas comparten la condición de ser presas potenciales del régimen de partido único.

El escritor Ángel Santiesteban debió esconderse de los agentes de la Seguridad del Estado por haber participado de la revuelta popular que hizo temblar el régimen en julio. Y el poeta y ensayista Javier Mora fue detenido en la provincia de Holguín tras renunciar a la Unión de Escritores y Artistas de Cuba y otras instituciones oficiales. Mora fue luego liberado. No faltará ocasión para otra visita a la cárcel.

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