Escribiendo sobre la crisis fronteriza, con la esperanza de derribar muros

Alexandra Alter
Jeanine Cummins, autora de "American Dirt", en Nyack, Nueva York, el 9 de enero de 2020. Cummins narra el desolador viaje de una madre y su hijo en "American Dirt", aunque reconoce: "No sé si soy la persona adecuada para contar esta historia". (Heather Sten/The New York Times)

Durante uno de los muchos acontecimientos desgarradores que se cuentan en la nueva novela de Jeanine Cummins, “American Dirt”, la protagonista, una librera de nombre Lydia, tiene una revelación estremecedora.

Lydia y su hijo de 8 años, Luca, huyen de su hogar en Acapulco, México, después de que asesinos a sueldo de un cártel de drogas asesinan a dieciséis miembros de su familia. Traumatizada y desesperada, Lydia concibe un arriesgado plan de escape: ella y Luca se disfrazarán de migrantes e intentarán cruzar la frontera para llegar a Arizona. Mientras investiga qué necesitarán para sobrevivir el viaje, se da cuenta de que ella y Luca no están fingiendo, sino que realmente son migrantes.

“Toda su vida ha sentido lástima por esas pobres personas”, escribe Cummins. “Se ha preguntado, con la suerte de fascinación desapegada de la élite acomodada, cuán terribles deben ser sus condiciones de vida en sus lugares de origen para que esa sea la mejor opción”.

La reflexión del personaje es una provocación deliberada de la autora, quien quiere que los lectores lidien con los costos humanitarios de las duras políticas migratorias de Estados Unidos.

“Se trata de una historia de la cual los ciudadanos de este país se deslindan de una manera demasiado cómoda en este momento” dijo Cummins, de 45 años, en una entrevista durante un día frío y nevado del mes pasado. “En realidad se trata de una tragedia que hemos creado en nuestra frontera sur. Somos totalmente responsables de todas esas muertes. Esa sangre está en nuestras manos”.

Independientemente de que logre o no reformular las posturas de sus lectores, “American Dirt” —que relata el penoso y traicionero viaje de más de 1600 kilómetros de Lydia y Luca— parece estar destinada a convertirse en una de las obras de ficción más exitosas de este año.

La novela, que sale a la venta el 21 de enero con un importante tiraje de medio millón de ejemplares, desató una guerra de pujas entre nueve editoriales y se vendió a Flatiron Books en un acuerdo que alcanzó las siete cifras en dólares. Publishers Weekly y Kirkus publicaron extasiadas reseñas anticipadas, que describían la novela como una obra “con mucho suspenso y profundamente compasiva”. Autores reconocidos como Stephen King y John Grisham han colmado de halagos el libro y Cummins ha recibido el respaldo de importantes autoras mexicoestadounidenses y latinas, como Erika Sánchez, Reyna Grande y Julia Alvarez, quienes pronostican que el libro “cambiará los corazones y transformará las políticas”.

Sandra Cisneros, autora de la exitosa novela “La casa en Mango Street”, dijo que espera que “American Dirt” pueda ayudar a enfatizar los obstáculos que enfrentan los migrantes, en particular para los lectores estadounidenses, quienes de otro modo podrían ser indiferentes a este tema.

“Está escrito de una manera que atrapará a la gente, no solo a sus seguidores, sino a la gente que podría pensar distinto”, afirmó Cisneros. “Siempre estamos en busca de la gran historia estadounidense, y esta es la gran historia del continente americano en un momento en el que las fronteras se desdibujan”.

“American Dirt” también ha generado críticas. Algunos autores han cuestionado si Cummins, quien creció en Maryland en el seno de una familia de clase trabajadora y se identifica como blanca y latina, tuvo éxito en su esfuerzo por escribir desde la perspectiva de los migrantes mexicanos y transmitió con exactitud sus experiencias.

En una reseña devastadora en el sitio web Tropics of Meta, la poeta y escritora Myriam Gurba escribió que “American Dirt” estaba plagada de clichés y estereotipos sobre México, ya que retrataba al país como un lugar sin ley, violento y rebasado por los cárteles de la droga y la corrupción.

“Es como una fantasía trumpiana de lo que es México, y no necesitamos más fantasías trumpianas”, dijo Gurba en una entrevista. “Resulta incluso más nocivo porque se hace pasar por una obra de literatura progresista”.

Cummins hizo las investigaciones para la novela durante varios viajes a México y llevó a cabo entrevistas en ambos lados de la frontera. Habló con personas cuyas familias habían sido separadas por las deportaciones, con abogados que trabajan con menores no acompañados, con migrantes en refugios en Tijuana y con activistas de derechos humanos que han documentado abusos.

A pesar de eso, acepta que es una mensajera imperfecta para una historia sobre migrantes. Dado que no es inmigrante, al principio se sintió renuente a escribir toda una novela desde la perspectiva de los migrantes mexicanos, por temor a no hacerlo bien o a dar la impresión de que estaba aprovechándose de manera oportunista de una crisis humanitaria. Todavía le preocupa esto, incluso ahora que se acerca el día de la salida a la venta del libro.

“No sé si soy la persona correcta para contar esta historia”, dijo Cummins en una entrevista en su casa con vista al río Hudson en el condado de Rockland, Nueva York, donde vive con su marido, un contratista de revestimientos para pisos, y sus dos hijas. En la nota de la autora, Cummins, cuya abuela paterna vino de Puerto Rico, describe su temor de que sus “privilegios pudieran cegarla a ciertas verdades” y comenta que deseaba que alguien un poco más moreno que ella hubiera escrito la novela.

Pero insiste en que los escritores de todos los orígenes no deberían evitar un tema que se ha vuelto tan central y controvertido para la política y la cultura estadounidenses.

Cummins nació en Rota, España, donde su padre estaba designado como parte de la Marina, y creció en Gaithersburg, Maryland. Estudió literatura inglesa y comunicaciones en la Universidad Towson; luego pasó dos años en Belfast, Irlanda, donde trabajó como mesera y escribió una “poesía espantosa”. Después de regresar a Estados Unidos, encontró trabajo en el departamento de ventas de libros de bolsillo en Penguin.

Mientras trabajaba ahí, publicó su primer libro, “A Rip in Heaven”, sobre una tragedia que sacudió a su familia en 1991, cuando su hermano y dos primas fueron atacados en un puente de San Luis, Misuri, por un grupo de hombres. Los hombres violaron a sus primas y las obligaron a saltar del puente, lo que les causó la muerte. Su hermano, Tom, también fue obligado a saltar, pero sobrevivió. Años después, le pidió a Cummins que coescribieran un libro. Su hermano abandonó el proyecto, por lo que Cummins, quien tenía 16 años cuando sus primas fueron asesinadas, quedó como la única autora del libro.

Cummins afirma que investigar y escribir sobre esos crímenes fue sobrecogedor —“había demasiados detalles que no quería saber”—, pero le dio algo de consuelo y le ayudó a aprender a escribir sobre situaciones traumáticas de manera que no se sintiera como algo fuera de lugar o sensacionalista. Estos temas y el deseo de “quitarles las historias a los criminales y ponerlas en manos de los sobrevivientes” influenciaron sus novelas “The Outside Boy” y “The Crooked Branch”.

Comenzó a investigar para una novela con el tema de la migración hace siete años, imaginándola con un elenco diverso de personajes: agentes de la patrulla fronteriza, ciudadanos estadounidenses que viven cerca de la frontera sur, familias separadas por la deportación y migrantes indocumentados. Pero la narrativa nunca fue coherente y Cummins no podía sacudirse el sentimiento de que estaba evitando el punto crucial de la historia.

Luego, poco después de la elección presidencial de 2016, sufrió otra tragedia familiar cuando su padre murió de manera repentina de un ataque cardiaco. Pasó varios meses de duelo, incapaz de escribir. Un día sacó su computadora portátil y escribió el inicio de “American Dirt”, una escena en la que Luca y Lydia logran sobrevivir de milagro a una ráfaga de disparos que mata al padre de Luca, un periodista que escribía sobre cárteles de drogas, y a otros quince familiares. Terminó el borrador en menos de un año y vendió la novela en la primavera de 2018.

This article originally appeared in The New York Times.

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