La escena teatral como inspiración del diseño urbano

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El desvelo viene desde el Renacimiento. El propio Bernini indagaba en la arquitectura de las urbes y en sus grados de interacción, e inclusión parangonándolas con lo que sucede, en menor escala, en el interior de los teatros.

Los reconocidos sociólogos Saskia Sassen, estudiosa holandesa de la globalización y de las mutaciones del espacio social, y su marido, Richard Sennett, norteamericano experto en las consecuencias del capitalismo global, tomaron la posta de esas mismas cavilaciones.

Se plantearon estudiar de forma multidisciplinaria cómo imprimirle una nueva dinámica, más inclusiva y protagónica, al espacio público urbano, entendido como área actualmente degradada de socialización.

El modelo de inspiración para ellos es el del ámbito teatral, con sus distintas evoluciones a través de la historia. Su estudio, un cruce de saberes, lleva por título Theatrum Mundi/Calle global e indaga en las morfologías escénicas de cuatro ciudades, Londres, Nueva York, Fráncfort y Berlín, como arquetipos de interacción social.

"¿Hay algo que aprender o emular del mundo del teatro en el afán de hacer más vívida la calle urbana, hundida hoy en el desastre?", desafió Sennet, frente a un auditorio colmado de público, ayer, en el Malba.

Director y fundador junto con Susan Sontag del Instituto de Humanidades de Nueva York y profesor de la London School of Economics, Sennett explicó la progresión hacia una unidad de tres conceptos sociológicos básicos como contenedores del tejido social, en las diferentes arquitecturas teatrales: "La porosidad, tanto de las calles como de los escenarios en tanto nexos para la interacción; la presencia, como ocupación tangible de un ámbito, y la actuación, es decir, el desenvolvimiento de los individuos o actores en un espacio determinado", teorizó.

Sus alusiones filosóficas a la paradoja de Diderot, trasladada al aserto de que la intensidad de la experiencia teatral actúa en detrimento del concepto de porosidad, o su evocación de la Máscara de Lecoq, como la necesidad del actor de filtrar su emoción para hacer más efectiva su performance, fueron todas metáforas de las que Sennett se valió para hablar de la relación que se establece entre lo que sucede en el escenario y en la calle. Insistió sobre la necesidad de "informalizar" o hacer menos vertical a la escena artística.

Sennett disertó en un inglés pausado, nutrido de ironías y abstracciones, que el público celebró.

"Hay una necesaria distancia entre el público y el performer que debe usar la máscara para permitir que la platea sienta más", afirmó.

Sassen, a su turno, se refirió a la degradación de los espacios urbanos comunes y a la ausencia de una voz para las ciudades.

"Las ciudades sí tienen voz, pero los que las usamos nos hemos olvidado ese idioma o ya no lo entendemos. Una ciudad no es lo mismo que un terreno construido densamente", enfatizó.

En perfecto español, Sassen parangonó a la delincuencia, a las guerras y hasta a las desigualdades como las principales amenazas silenciadoras de esa voz citadina.

Con Nueva York como ejemplo, dijo que en 1979, el 1% de los salarios más altos de la pirámide profesional representaba el 12% del total de los salarios generados en Manhattan. En 2009, ese 1% representaba el 44% de los salarios. "Esa desigualdad desurbaniza a la ciudad, le arranca su voz", arremetió.

Se refirió luego a las capacidades urbanas, la mezcla de espacios y de gentes, como factores dinamizadores del espacio público.

"El espacio público se hace y se construye. Comparte prácticas rituales, hay un código que todos conocemos. Es allí cuando la ciudad habla", puntualizó. "En la calle global, con sus muchos inmigrantes, en cambio, no hay un factor de cohesión ni prácticas ritualizadas. Los códigos comunes se inventan, se ensayan para cimentar un presente en común. Sobre todo de los que carecen de poder", concluyó.