Escalofriante: presenció más de 300 ejecuciones y recuerda las últimas palabras de los condenados

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En el año 2000, momento en el que Michelle Lyons comenzó a cubrir estas historias, se ejecutaron 40 presos superando el récord de penas capitales efectuadas
En el año 2000, momento en el que Michelle Lyons comenzó a cubrir estas historias, se ejecutaron 40 presos superando el récord de penas capitales efectuadas

Michelle Lyons tenía tan solo 22 años cuando empezó a trabajar en The Huntsville Item. Años atrás había incursionado en el periodismo gracias a su padre, quien era editor de un pequeño periódico local y que la había introducido en el mundo judicial y penitenciario del estado de Texas. Gracias a su experiencia logró comenzar como redactora y encargarse de los temas relacionados a las cárceles del país.

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“Cubrí algunas cosas desagradables. Mi mentalidad era: ‘Está bien, voy a entrar y voy a ver a alguien irse a dormir’”, recuerda Lyons en diálogo con medios locales. Irse a dormir es la forma que, en la informalidad, se usa para expresar que un preso recibirá la inyección letal tras ser condenado a la pena de muerte. “En Texas se hacen tantas ejecuciones que el procedimiento funciona como un reloj”, precisó.

Michelle Lyons, trabajando en The Huntsville Item
Michelle Lyons


Michelle Lyons, trabajando en The Huntsville Item (Michelle Lyons/)

Conforme a su relato, una vez que se ingresa al lugar donde se producirá la ejecución, el recluso ya está preparado: atado en la camilla, con las agujas en posición y solo aguardando a que llegue el momento. “Me inquietó el hecho de que fuera anticlimático. Fue clínico y rápido”, rememoró.

El tiempo siguió pasando y la carrera de Michelle Lyons la llevó a formar parte del equipo de prensa del Departamento de Justicia Criminal del estado de Texas. Ahí, no solo tuvo que presenciar las ejecuciones sino hablar con los presos horas antes de su muerte y conocer todo el procedimiento.

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“Se recibe el llamado desde la oficina del gobernador, traen a los testigos de la víctima a la sala conjunta a la de la camilla y, a la otra sala, a los familiares del preso. Uno de los funcionarios entra y antes de que proceda se le permite al recluso que diga unas últimas palabras”, explicó. “La mayoría habla pero no mucho, salvo la de Gary Graham que habló por más de 20 minutos”, rememoró.

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Con el paso de los años, la cantidad de ejecuciones a las que Lyons tuvo que asistir fue creciendo y las historias detrás de quienes fallecieron por la inyección letal fueron dejando marcas en sus recuerdos. “Algunos defendían su inocencia, otros se disculpaban. También habían cosas extravagantes: uno cantó la canción The Road Goes On Forever mientras que otros hacían chistes o maldecían a todos los presentes. Los que más me inquietaban eran los que no decían ninguna palabra”, contó.

Unidad de Huntsville, centro donde se aplica la inyección letal
Unidad de Huntsville, centro donde se aplica la inyección letal


Unidad de Huntsville, centro donde se aplica la inyección letal

“Recuerdo que uno le deseó a la familia de la víctima que tengan un accidente y mueran regresando a sus casas. Fue muy feo de presenciar. Por otro lado, al que ejecutaron después, entre lágrimas se disculpó con todos por lo que había hecho”, expresó.

A raíz de lo vivido, la joven periodista decidió escribir un libro donde relata todos los aspectos de la pena capital norteamericana y detalles de los presos que vio padecerla. Titulado Death Row: The Final Minutes incluye su opinión sobre esta práctica y la define como algo que no es ’'blanco o negro’' sino que depende de cada caso.