Erdogan choca con EE.UU. e inicia una embestida contra los kurdos

Luisa Corradini
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El presidente de Turquía, Recep Tayyip Erdogan, apoyó abiertamente a Azerbaiyán
El presidente de Turquía, Recep Tayyip Erdogan, apoyó abiertamente a Azerbaiyán

PARÍS.- El presidente turco Recep Tayyip Erdogan reanudó hoy la pulseada que lo enfrenta a los gobiernos demócratas de Estados Unidos, acusando a Washington de apoyar a los “terroristas” kurdos, después de calificar de “ejecución” la muerte de 13 turcos en Irak, que se hallaban detenidos por los rebeldes del PKK.

“Las declaraciones de Estados Unidos son deplorables. (Washington) Afirma no apoyar a los terroristas, pero se coloca sin ambigüedad de su lado”, declaró Erdogan en un discurso.

Ankara acompañó su diatriba contra la Casa Blanca con un amplio operativo represivo en los medios prokurdos, que concluyó con la detención de más de 700 personas.

Turquía acusó el domingo al Partido de los Trabajadores de Kurdistán (PKK) de haber “ejecutado” 13 de sus ciudadanos, miembros de las fuerzas de seguridad, detenidos por el movimiento en el norte de Irak desde hace varios años.

Según el ministro turco de Defensa, Hulusi Akar, militares turcos descubrieron 13 cuerpos sin vida en una gruta de la región de Gara, en el norte de Irak, donde Ankara lanzó la semana pasada un operativo anti-PKK, grupo calificado por las autoridades turcas y sus aliados occidentales de “terrorista”. Durante los tres días de combates, las fuerzas turcas dieron muerte a 48 kurdos y perdieron tres de sus miembros.

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El PKK reconoció la muerte de los prisioneros, pero rechazó la versión de Erdogan, afirmando que los prisioneros murieron durante los bombardeos aéreos turcos.

El domingo, el departamento de Estado norteamericano declaró “deplorar” esas muertes.

“Si las informaciones sobre la muerte de civiles en manos del PKK, una organización considerada terrorista, se confirma, condenamos esas acciones en los términos más severos”, afirmó un comunicado.

Las declaraciones de Erdogan rechazando esa condena de Washington traduce su desconfianza respecto de la política de Estados Unidos en cuanto a los rebeldes kurdos. Pues, si bien la nueva administración Biden considera al PKK como una organización terrorista, sigue dando apoyo otras milicias kurdas afines que combaten en Siria contra la organización radical Estado Islámico (EI).

El magnate y Erdogan prometen trabajar contra "toda forma de terrorismo"
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Archivo. El presidente de Turquía, Recep Tayyip Erdogan, y Donald Trump

Ese apoyo, que comenzó durante la presidencia de Barack Obama, ha sido siempre motivo de tensión entre Washington y Ankara. Ahora, tras cuatro años de administración Trump, durante los cuales la Casa Blanca ignoró las numerosas violaciones a los derechos humanos cometidas por Erdogan contra los kurdos —dentro y fuera de su país—, las cosas podrían cambiar.

En octubre de 2019, Donald Trump retiró las tropas estadounidenses de la frontera entre Siria y Turquía, dando a Erdogan luz verde para invadir los enclaves kurdos de la región y proceder a una limpieza étnica que costó la vida a decenas de miles de civiles.

Las milicias kurdas en Siria, que concluían una exitosa campaña contra el EI, se vieron así traicionadas por una impredecible administración norteamericana. Pocos días antes de que Trump diera a Erdogan esa autorización telefónica, Washington había convencido a los kurdos de Siria para que desmontaran sus fortificaciones cercanas a la frontera turca, a fin de “tranquilizar a Turquía”.

Ahora, la mayoría de los kurdos espera un cambio de política por parte de Joe Biden. En Turquía, donde vive la mitad de los entre 30 y 40 millones de kurdos del mundo, muchos desean que la nueva administración presione a Ankara para que cese sus campañas militares de exterminio y regrese a la mesa de negociaciones con el PKK, proceso de paz abandonado por Erdogan en 2015, cuando Obama aún seguía en el poder.

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En aquel momento, el prokurdo Partido Popular Democrático (HDP) logró un vertiginoso avance electoral debido al cual Erdogan perdió su mayoría en el parlamento. Mediante un ardid institucional, el presidente turco logró llamar a nuevas elecciones seis meses después, abandonó las negociaciones con los kurdos y volvió a lanzar la guerra contra el PKK. Esa estrategia de “unión nacional contra el enemigo” reavivó el nacionalismo y permitió a su partido, Justicia y Desarrollo (AKP), ganar las elecciones. Erdogan formó entonces gobierno con la extrema derecha del Partido de Acción Nacional (MHP), violentamente anti-kurdo.

Entre 2015 y 2016, cantidad de pueblos y pequeñas ciudades kurdos del sudeste de Turquía fueron borrados del mapa como parte de la campaña de contrainsurgencia. En la ciudad de Cizre, el ejército quemó vivos a decenas de civiles kurdos que se escondían en los sótanos de las viviendas.

El PKK tuvo parte de culpa en esas destrucciones debido a su decisión de utilizar una nueva estrategia de guerrilla urbana. Pero un sinnúmero de acciones decididas por Erdogan en esos dos años fueron incalificables y deberían haber sido condenadas por Washington.

La administración Obama no lo hizo. El departamento de Estado acababa de obtener autorización de Turquía para utilizar las bases de la OTAN en ese país en su campaña contra el EI. Ankara, además, prometió participar en la operación.

Nada indica, sin embargo, que Biden vaya a adoptar las mismas decisiones que asumió entonces como vicepresidente. El nuevo mandatario, que conoce bien la región, califica a Erdogan de “autócrata” y siempre manifestó simpatía por los kurdos y sus reivindicaciones.