"Equipo de AMLO saboteó campaña electoral en 2012"

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Luz María Rivera

CIUDAD DE MÉXICO, marzo 7 (EL UNIVERSAL).- Luis Costa Bonino, protagonista de lo que muchos llamaron charolagate o charolazo, lo que fue ampliamente analizado en las siguientes semanas y aun años después de que el exasesor de campaña de Andrés Manuel López Obrador fuera acusado de "pasar la charola", se sostiene en su versión: fue una trama orquestada desde dentro por quienes, aun hoy, siguen en el círculo cercano al Presidente de México.

El uruguayo y doctor en Ciencia Política por el Instituto de Estudios Políticos de la Universidad de París, además de asesor de marketing político y quien se mantiene en campañas actualmente en México y el resto de América Latina, habla por ejemplo de "el saboteador permanente" que fue César Yáñez, quien sigue cercano y, en este caso, del encargado del Tren Maya, Rogelio Jiménez Ponds.

¿Cómo ve y siente el ánimo ciudadano en general, en el contexto mexicano de cara a la elección intermedia del 6 junio?

—Esta va a ser una elección excepcional en muchas dimensiones. No sólo porque las elecciones [se dan] en medio de la pandemia, [así es] en todas partes, y así será también en México, tienen una altísima tasa de abstención, que favorece a los partidos de mayor estructura y mayor cantidad de militantes, sino porque también condicionan campañas y la forma de relacionarse entre candidatos y electores.

El contexto está marcado por una actitud autoritaria del Presidente, que pasa por encima de procedimientos y reglas básicas democráticas, de defensa de la pureza del sufragio y de control de influencias ilegítimas de la figura presidencial sobre el voto.

Hay más partidos que nacieron en estos dos años de la presidencia de López Obrador, y algunos analistas creen que se "pulverizará" el voto...

—En la medida que el contexto de pandemia favorece claramente a los partidos con mayor estructura y número de militantes, va a favorecer más a los partidos viejos que a los nuevos y, por supuesto, a partidos consolidados como Morena. En las campañas locales y en municipios pequeños, la personalización sin duda va a ser un buen terreno estratégico de campaña.

Al candidato a presidente municipal de una localidad pequeña le convendrá mucho más imponer su propio perfil, que enredarse en conflictos ideológicos o partidarios nacionales. Un candidato a gobernador, sin embargo, va a tener que definir más claramente su posición a nivel nacional.

¿Qué fue realmente lo que pasó en esa famosa cena del charolazo en 2012, cuando trabajaba con el equipo del hoy Presidente? La versión es que usted pedía "millones" para ganar la Presidencia. ¿Qué pasó realmente en esa cena?, ¿hubo un Judas en el equipo de López Obrador?, ¿quién fue?, ¿lo puede mencionar?

—El charolazo fue una tercera celada, no la primera, pero más organizada y respaldada por varias personas de dentro de la campaña de López Obrador. Había otra persona que saboteaba de manera permanente y muy evidente la campaña, [ese] era César Yáñez, que tenía una larga historia a su vez de colaboración cercana con López Obrador. Se lo dije a varias personas, muy leales a Andrés Manuel, su papel de saboteador permanente estaba fuera de toda duda, pero López Obrador lo mantenía siempre en su lugar.

Por último estaban los más directamente asociados con el charolazo y con dos celadas anteriores, que eran Adolfo Hellmund y Rogelio Jiménez Pons. Este último, hoy en Fonatur e "ideólogo" del Tren Maya, era un viejo conocido de Andrés Manuel de Tabasco. Hay que decir que el contexto de estas celadas era un estrangulamiento económico total, que nos impedía hacer la campaña de aire. A pesar de que Andrés Manuel ordenaba darnos fondos para los spots, ese dinero nunca llegaba.

La primera celada de Hellmund y Jiménez Pons fue una reunión en un bar con un fundraiser, la cual nos invitaron a Luis Mandoki y a mí. El fundraiser era un mafioso de cuarta categoría, que nos pidió de la parte de Andrés Manuel una "zanahoria" para atraer y seducir a aportantes. De partida vino todo con un olor tan feo que le dije a mi tocayo Mandoki que yo no iba a abrir la boca ni a decir una palabra. Como estuvimos tan cerrados, la reunión duró muy poco y no tuvo consecuencias.

La segunda celada fue un personaje, que nunca conocimos, y que seguramente no existía, que era un indiecito oaxaqueño, del Mercado Central, de la Central de Abasto de la Ciudad de México, que quería donar 10 millones de dólares y tenía en efectivo en una casa abandonada, o semiabandonada, en Hidalgo.

Finalmente la idea del charolazo vino desde Yáñez, o por lo menos él la comunicó, en un momento en que estábamos reunidos con AMLO en su despacho de la casa de campaña, junto a Luis Mandoki.

César dijo, dirigiéndose a López Obrador, que había una cena organizada por Luis Creel en su casa, con empresarios que querían aportar a la campaña. También estaban interesados en que pudiera estar presente Andrés Manuel. [Él] respondió enseguida: "No, yo no quiero ir", y dirigiéndose a Luis Mandoki y a mí nos dijo: "¡Vayan ustedes!". Fue un golpe a la campaña de Andrés Manuel preparado y calculado en el interior de su campaña desde hacía varias semanas. El armado del audio se hizo a partir de dos respuestas a preguntas diferentes, muy separadas en el tiempo que duró la reunión y la cena.

La edición [las] juntó e hizo escuchar que pedía 6 millones de dólares y, como si fuera una contraprestación, me comprometía a gestionarle una entrevista con AMLO.