La entrevista que supuso el principio del fin de la imagen del príncipe Andrés de Inglaterra

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Estamos muy acostumbrados a que la familia real británica sea periódicamente noticia, sobre todo por sus desavenencias. Pero en esta ocasión el asunto es mucho más delicado al encontrarnos con el segundo hijo de la reina Isabel II, y novena persona en la lista de sucesión al trono, ocupando titulares a raíz de una demanda que lo acusa de presuntos abusos sexuales a una menor de 17 años.

Esta semana Virginia Giuffre, ciudadana norteamericana de 38 años, supuesta víctima del empresario, multimillonario y delincuente sexual Jeffrey Epstein -de quien ya os hablamos a raíz de un documental de Netflix- presentaba una demanda civil en Nueva York “contra el príncipe Andrés por abuso sexual bajo la Ley de Víctimas Infantiles”. En el comunicado público que dio a conocer, indicó que solicitaba llevarle ante los tribunales por haberla obligado a mantener relaciones sexuales tres veces entre 1999 y 2002. 

Sin embargo, este paso legal supone un peldaño definitivo para un escándalo que sacudió al público británico hace casi dos años, a través de una entrevista que marcó el principio del fin para la imagen del príncipe Andrés.

Virginia Giuffre fuera de los juzgados de Nueva York el 27 de agosto de 2019 (AP Photo, Bebeto Matthews, GTRES)
Virginia Giuffre fuera de los juzgados de Nueva York el 27 de agosto de 2019 (AP Photo, Bebeto Matthews, GTRES)

La propia Virgina relató su testimonio con mayor detalle en uno de los programas de investigación más reconocidos de la televisión pública del Reino Unido, BBC Panorama. Fue con una entrevista estremecedora emitida el 2 de diciembre de 2019 bajo el título “El Príncipe y el escándalo Epstein”. Ella misma lo resumió de una manera contundente: “esta es una historia de abuso”.

En aquel entonces, Virgina contó que fue presentada al duque de York por Jeffrey Epstein que, en 2001 y con tan solo 17 años, fue llevada a Londres para presuntamente acostarse con el miembro de la realeza. “Era el bailarín más espantoso que he visto en mi vida, no paraba de sudar, era como si estuviera lloviendo sobre mí, pero tenía que hacerle feliz porque era lo que esperaban de mí” relató la mujer.

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Virginia también habló sobre la infame fotografía supuestamente tomada en Nueva York en marzo de ese mismo año, y que ella utiliza como prueba de su testimonio, donde se ve al príncipe tomándola de la cintura y la novia y socia de Epstein, Ghislaine Maxwell, en el fondo. En defensa contra los detractores, aseguró que habría “gente que venga con excusas ridículas como que su brazo fue alargado o la foto manipulada o que vino a Nueva York para romper con Jeffrey Epstein”, sin embargo su alegato final fue tan contundente que logró sacudir cimientos en la realeza británica y la opinión del público en general.

Él sabe lo que pasó, yo sé lo que pasó y solo uno de nosotros tiene razón y sé que soy yo. Le pido a la gente del Reino Unido que se ponga de mi lado en esta lucha. No se trata de aceptar si estuvo bien, no es una historia de sexo sórdido, es la historia de alguien que ha sido traficada.”

Aquella primera entrevista marcó un antes y un después en la imagen pública del duque de York, abriendo la puerta a un escándalo que acaba de abrir una puerta legal con posibles ramificaciones que puedan dañar rotundamente la imagen de la familia real en general.

La manera directa de hablar de Virginia, su exposición sencilla de los hechos y la confianza en sí misma que transmitió, generaron automáticamente una reacción contundente, tanto de aceptación como de aquellos que dejaron sembrar la semilla de la duda. Un posicionamiento que podríamos considerar producto del eco del movimiento #MeToo, pero también por la actitud que había mostrado el príncipe Andrés días antes, el 16 de noviembre, en una entrevista que dio al programa Newsnight, también de la BBC. Todavía no se había escuchado a la joven norteamericana, pero el escándalo de su turbia relación -de negocios primero y amistad después- con Jeffrey Epstein -condenado por tráfico y abuso sexual de menores entre 2002 y 2005, y que se había suicidado en su celda en la prisión ese mismo verano- estaba en boca tanto de la sociedad británica como de la norteamericana y eran muchos los que le exigían pronunciarse.

A lo largo de esos 50 minutos de conversación con la periodista Emily Maitlis, el hijo de la reina manifestó que no tenía remordimientos ni se arrepentía de haber sido amigo del magnate, con quien mantuvo su amistad hasta 2010, dos años después de que este fuera condenado. Afirmó que seguía viéndose con Ghislaine Maxwell, la novia de aquel y en cuya casa en Londres se supone que él tuvo un encuentro con Virginia Giuffre el 10 de marzo de 2001. Jornada en la que decía haberse quedado en casa con sus hijas tras haber llevado a la Princesa Beatriz a un cumpleaños y no hacer planes porque su exesposa, Sarah Ferguson, estaba de viaje.

Negó la veracidad de las palabras de Virginia sobre su sudoración indicando que había dejado de sudar en 1982 por una sobredosis de adrenalina que sufrió durante una operación militar en la guerra de las Malvinas. No afirmó que la mencionada fotografía con Virgina estuviera manipulada, pero sí que le presentaba en un gesto impropio de él, “no soy alguien que realice muestras públicas de afecto”. Y preguntado directamente por las acusaciones, respondió tajantemente "no sucedió. Puedo decirles categóricamente que nunca sucedió. No tengo ningún recuerdo de haber conocido a esta dama, ninguna en absoluto”.

En un principio, el palacio de Buckingham se posicionó a favor del príncipe con un comunicado que negaba cualquier tipo de contacto sexual entre el personaje real y Virginia. Sin embargo, el propio duque se retiró de sus labores oficiales como miembro de la familia real.

El asunto está ahora en manos de la corte de Nueva York. Virginia señala en su demanda que "hace veinte años, la riqueza, el poder, la posición y las conexiones del príncipe Andrés le permitieron abusar de una niña asustada y vulnerable sin nadie que la protegiera. Ya ha pasado el momento de que se le pida cuentas", lo que podría ayudarle a acabar con la “angustia y daño emocional y psicológico” que sigue sintiendo. Por su parte, una portavoz del príncipe Andrés dijo que este no iba a hacer comentario alguno.

Ahora solo queda esperar a ver qué camino sigue la investigación judicial, saber si esta derivará en un posible acuerdo o en una vista pública o a puerta cerrada-, y que un posible tribunal y los jueces se pronuncien. Quizás la prensa tenga un papel fundamental en su desarrollo, por lo que puedan investigar por sí mismos, por las filtraciones que se puedan producir o porque los protagonistas acudan abiertamente a ellos. Sea como sea, seguro que este caso aún dará mucho que hablar.

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