La entrada a los Brics, el “ala rusa” y los nuevos negocios, las razones de la continuidad del vínculo con Putin

La reunión entre Alberto Fernández y Vladimir Putin
La reunión entre Alberto Fernández y Vladimir Putin

La llamada de felicitación por el éxito mundialista de Vladimir Putin, en la tarde del domingo 18, simbolizó el retorno del diálogo directo entre el cuestionado mandatario de la Federación Rusa y el presidente Alberto Fernández. Pero ese diálogo, cuyo antecedente data de abril, cuando el mismo Putin felicitó a Fernández por el nacimiento de su hijo Francisco, es sólo la punta del iceberg de un vínculo bilateral comercial y político que nunca terminó de cortarse, a diferencia de otros países que pusieron distancia frontal del Kremlin desde la invasión de Putin a Ucrania.

La conversación del miércoles, entre los cancilleres Santiago Cafiero y Serguéi Lavrov, fue una continuidad del diálogo a nivel presidencial, y se centró en la posición argentina de intentar mediar en el conflicto en Ucrania, algo que ni el Papa Francisco, ni la ONU, ni países con influencia en la región como Turquía o Israel pudieron concretar hasta ahora. “Cafiero le reiteró la buena voluntad de Argentina para colaborar en cualquier gestión que facilite el cese de hostilidades”, explicaron a LA NACION cerca del canciller.

Entre el voluntarismo y la necesidad de no soltarle la mano del todo a un antiguo socio con el prestigio pulverizado, el Gobierno mantuvo hasta ahora sus puentes con Rusia. Fuentes diplomáticas inobjetables dieron cuenta a LA NACION de las negociaciones entre el vicecanciller Pablo Tettamanti (exembajador en Rusia y cercano a la vicepresidenta Cristina Kirchner) y el embajador ruso en Buenos Aires, Dmitry Feoktistov, para reanimar un vínculo claramente deteriorado por la condición de “paria” de Rusia para Estados Unidos, la Unión Europea y distintos países del hemisferio occidental. “Ellos coordinaron los llamados”, señalaron fuentes de la Cancillería con conocimiento de las negociaciones que, como reconocen en el Gobierno “le sirven mucho más a los rusos, que necesitan mostrar que no están aislados del mundo, que a nosotros”.

Tettamanti, embajador en la Rusia de Putin entre 2014 y 2017, es uno de los representantes de la denominada “ala rusa” del Gobierno, junto con el actual embajador argentino en Moscú, Eduardo Zuaín. Las mismas fuentes diplomáticas (y también desde el Gobierno) relacionan al vicecanciller, junto a la hoy secretaria de Medio Ambiente Cecilia Nicolini, con la visita de Fernández a Moscú y su promesa de ser la “puerta de entrada” para Rusia en América latina, hecha en febrero pasado, cuando ya Putin tenía desplegadas tropas en la frontera con Ucrania.

Además de la cercanía ideológica de algunos funcionarios, un elemento de peso para no romper relaciones es la reiterada y pública intención de Fernández de ingresar a los Brics, el gigante que componen, además de Rusia, China, Brasil, Sudáfrica e India, una confluencia que es mirada con recelo por Estados Unidos.

Los cancilleres Cafiero y Lavrov, durante el G20 en Indonesia.
Los cancilleres Cafiero y Lavrov, durante el G20 en Indonesia.

“Sería un error ingresar a un club en el que esté Rusia, que hoy está fuera de las leyes internacionales, y al que quieren ingresar otros países como Irán, cuestionado en los foros internacionales”, afirmó a LA NACION el ex embajador en Rusia, Ricardo Lagorio. El diplomático, desplazado por el actual Gobierno, explicó además que “Rusia está haciendo una intensa tarea diplomática para demostrar que no está aislada” , y allí incluyó los diálogos con el Gobierno a nivel presidencial y de cancilleres.

Además del Brics como suculenta zanahoria económica y la afinidad ideológica con Rusia, a su vez aliada de países de la región como Venezuela o Cuba, está la ligazón comercial, que menguó pero no se cortó durante el conflicto bélico.

Según datos de los primeros 10 meses de 2022 (enero/octubre), recolectados por el consultor Marcelo Elizondo, las exportaciones argentinas a Rusia alcanzaron los US$419 millones, bastante menos que los US$569 millones del mismo período en 2021. Lo mismo ocurre con las importaciones argentinas desde Rusia, aunque en este caso el descenso fue abrupto: de US$582 millones entre enero y octubre de 2021, pasaron a US$249 millones.

Según Elizondo, los principales productos exportados por Argentina a Rusia son frutas (cítricos, peras, manzanas), semillas, productos de la pesca, carne, lácteos y vinos, mientras que las compras argentinas desde Rusia se componen en su mayoría de bienes relacionados con el gasoil (más del 70% del total), mercadería relacionada con la industria química (fosfatos y nitratos), y papel y cartón y metales varios, estos últimos en cantidades mucho menores.

“La razón de la caída es la guerra, porque el comercio exterior argentino crecerá un 17 por ciento este año a nivel global en relación al año anterior. De todos modos, el vínculo comercial no bajó del todo, podría haber bajado mucho más, hay unas 500 empresas que se han ido de Rusia”, explicó Elizondo, director de DNI consultores.

Distintos y ambiciosos proyectos bilaterales fueron frenados cuando Putin decidió invadir Ucrania. La provisión de vacunas Sputnik V, vital para el país en la primera y angustiante etapa de la pandemia, se frenó por completo, al igual que proyectos ferroviarios y una prometida inversión de la petrolera rusa Gazprom en Vaca Muerta.

Luego de felicitar a su par argentino por el triunfo de la selección de Lionel Messi, el propio Putin le pidió a Fernández, según contó el Presidente en una entrevista para C5N, que “retomaran el diálogo” entre ellos. En su búsqueda de legitimidad internacional, Putin llamó hace diez días a Luis Inacio Lula da Silva, para felicitarlo por su triunfo electoral y avanzar en la “asociación estratégica”. Como en muchos otros temas, según reconocen en el Gobierno, la posición futura de Brasil influirá en la distancia que Fernández pueda y quiera poner con el gobierno del Kremlin, que continúa por estos días su agresión en territorio ucraniano.