"Enterré a mi hijo creyendo que había muerto en un accidente, pero me enteré de que lo había matado la policía"

Gastón Rodríguez
·7  min de lectura

"Estamos luchando contra una injusticia muy grande -dice Patricia Isorni-. Yo creía que la Justicia tenía que estar del lado del bien, pero eso no existe; lo que hay es una Justicia vendida, corrupta y manoseada. Los fiscales no quieren investigar, pero igual voy a seguir adelante porque enterré a mi hijo creyendo que había muerto en un accidente de tránsito, y después me enteré de que lo había matado la policía".

Patricia es la mamá de Franco Isorni, un joven de 23 años que el 26 de agosto pasado apareció muerto en una rotonda de Santiago del Estero. La versión oficial instaló que la víctima iba en su moto a gran velocidad, perdió el control y tuvo un choque letal contra el guardarraíl. Sin embargo, un par de días después, un llamado telefónico reveló que no se había tratado solo de un accidente de tránsito.

Gatillo fácil en Córdoba. Dictan la prisión preventiva a cinco policías detenidos por el asesinato de Blas Correas

"Estuve nueve años trabajando en la Policía de Santiago del Estero como personal civil; era encargada de Sistemas en la División Antecedentes Personales, y por eso conozco a mucha gente dentro de la institución. El 28 de agosto, un amigo que todavía trabaja allí me llamó y me dijo: a tu hijo lo mató la misma policía. Cuando le pregunté por qué decía eso me respondió: porque te borraron la cámara", cuenta Patricia a LA NACION.

La conmoción de la mujer fue aún mayor cuando el fiscal que tuvo el caso al principio, Martín Silva, le confirmó luego que las cámaras ubicadas en la escena del hecho, es decir, en el cruce de las avenidas Solís Oeste y Leopoldo Lugones, no habían captado el choque, aunque sí los momentos anteriores y posteriores.

"La primera de las muchas irregularidades que tiene la causa es que todavía no sabemos a qué hora ocurrió el hecho. Para la fiscalía sucedió entre las 12.20 y las 12.40 de la noche, pero una de las cámaras registró a Franco vivo a las 1.30. Como si eso no fuera suficientemente grave, cuando la policía fue a la mañana siguiente a informarle a la madre que su hijo había muerto en un accidente de tránsito, le dijeron que había ocurrido alrededor de las cinco de la mañana", destaca César Barrojo, abogado de la familia Isorni.

Con el paso de las horas, la versión oficial comenzó a mostrar grietas. En primer lugar, aparecieron testimonios que hablaron de una persecución policial y hasta de disparos; también llamó la atención que el cuerpo del joven hubiese sido trasladado en un móvil policial en vez de subirlo a una ambulancia, como indica el protocolo; la familia tampoco se explica la distancia de ocho metros entre el lugar del impacto contra el guardarraíl y la escena donde apareció el cadáver. "Para haber volado tanto, debió haber ido en la moto a más de 120 kilómetros por hora. También nos parece raro que el joven estuviera descalzo. Incluso, en las fotos que sacó la policía en la escena aparecieron unas zapatillas que no eran las de Franco. Además, nadie nos puede responder qué hacía personal de la comisaría 3a., que fueron los primeros en llegar al lugar, en jurisdicción de las seccionales 45a. y 11a. ni por qué Franco estaba todo desfigurado. ¿Se golpeó en el aire antes de morir?", enumera Barrojo.

A pesar de las dudas, el fiscal Silva no ordenó ningún peritaje ni relevamiento de Criminalística, caratuló el expediente como "deceso en accidente de tránsito" y cerró el caso sin siquiera realizar la autopsia."Como somos pobres se creen que tienen derecho a matarnos"

Franco era el mayor de tres hermanos, estudiaba la carrera de Técnico en Construcción en la Universidad Nacional de Santiago del Estero y en el último tiempo trabajaba con su moto como repartidor. "No lo digo porque era mi hijo, todos lo saben, él era un sol en medio de la oscuridad. Mucha gente se me ha acercado para decirme: señora, cómo lo lamento, él no se lo merecía", se lamenta Patricia.

La presión de la familia logró la reapertura de la causa, apartar a la policía de la investigación y que se convocara a la Gendarmería. También se cambió al fiscal y se ordenó la realización de la autopsia del cuerpo de Franco. Pero pronto volvería la decepción.

"La autopsia se hizo un mes después del fallecimiento, con el cuerpo descompuesto y sin sacarlo del cajón. De esa manera es prácticamente imposible constatar, por ejemplo, que hubiera algún disparo. La conclusión fue que murió por un golpe en la cabeza, en contradicción con el primer informe médico, que había indicado que Franco tenía un corte en el cuello y que casi se había decapitado. Sin embargo, no se encontraron manchas de sangre en el lugar donde chocó, solo donde cayó", destaca Barrojo.

Tanto Patricia como su abogado sostienen dos hipótesis que coinciden en la responsabilidad criminal de la policía. La primera apunta a una denuncia por apremios ilegales que Franco realizó contra efectivos de la comisaría 3a., luego de que fuera detenido el 24 de mayo por haber violado la cuarentena. "Ese día recibió una paliza aberrante, inhumana; le pegaron tanto que volvió arrastrándose a casa", recuerda la madre.

La otra posibilidad es que Franco haya visto o escuchado algo que no debía. El día anterior a su muerte, el joven estuvo junto a una amiga en la casa del presunto dealer Gonzalo Padilla, donde se habría cruzado con tres efectivos pertenecientes a la División de Investigaciones Policiales (D-6). Ninguna de estas líneas de investigación aportadas por la querella fueron escuchadas por la nueva fiscal del caso, Érika Leguizamón.

"Había al menos tres jefes policiales en la escena de la muerte de mi hijo. Yo me pregunto por qué un simple accidente de tránsito va a movilizar a tanta gente. Sé que estoy peleando contra un modus operandi de la policía. Como somos pobres se creen que tienen derecho a matarnos. Vergüenza van a darle al país cuando se sepa lo que hicieron con mi hijo", promete la madre.

Un Comité que va a pedir juicio político contra la fiscal

Junto a otras familias víctimas de violencia institucional, Patricia Isorni creó un Comité de Lucha contra la Injusticia e Impunidad de Santiago del Estero con el fin de visibilizar estos casos que, según ella, se cuentan de a miles en la provincia. "Uno tiene el síndrome del espectador, ve la muerte a través del noticiero y piensa que eso ocurre muy lejos, pero cuando le toca a un hijo ya no puede dejar de movilizarse", explica.

En la presentación del Comité, realizada en la Plaza del Maestro, se anunció el pedido de juicio político contra la fiscal Érika Leguizamón "porque no está realizando ninguna investigación".

Según la madre de Franco, la fiscal se basa en el testimonio de un menor de edad que "ya dio tres versiones distintas", mientras que la querella cuenta con "cinco testigos que refutan los dichos del chico".

Otra de las críticas que se le hace a Leguizamón es que si bien la autopsia determinó que la causa de la muerte fue por un golpe en la base del cráneo "no explica la forma, el contexto ni el elemento con que se produjo" ese impacto.

La mujer también se quejó de que la fiscalía presentó "dos cámaras de particulares que no registraron el lugar del hecho" y que "la cámara número 7 de la policía de la provincia, que es la que tendría que haber captado el supuesto accidente, no está, ha desaparecido".

"Te mienten en la cara -insiste Patricia-, te toman por estúpida. Al cadáver de mi hijo hasta le han puesto unas zapatillas que no eran de él. Es una aberración lo que sucede en Santiago del Estero. Las madres estamos desvalidas, no tenemos a nadie que nos cuide".

Los integrantes del Comité, que cuenta con el asesoramiento de la abogada Ivana Sánchez, se identifican con un pañuelo al cuello y guantes blancos. "Significa que nosotros tenemos las manos limpias y ustedes, los policías y los fiscales que no investigan, las manos llenas de sangre".