La Vuelta a España en la que Enric Mas dejó de ser "un paquete"

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LES PRAERES-NAVA, SPAIN - AUGUST 28: Enric Mas Nicolau of Spain and Movistar Team competes during the 77th Tour of Spain 2022, Stage 9 a 171,4km stage from Villaviciosa to Les Praeres. Nava 743m / #LaVuelta22 / #WorldTour / on August 28, 2022 in Les Praeres. Nava, Spain. (Photo by Luis Gomez - Pool/Getty Images)
Enric Mas, en Les Praeres, rumbo al podio de la Vuelta a España (Photo by Luis Gomez - Pool/Getty Images)

Es difícil que Enric Mas sea un héroe carismático. Eso se tiene o no se tiene y no hay por qué forzarlo. De entrada, como hemos visto ya en varios documentales, es un chico tímido, de sonrisa esquiva, que tiene muy claro que su trabajo es pedalear y no hacer relaciones públicas. Ese repliegue constante en sí mismo hace muy difícil que los aficionados cambien la opinión que se han hecho de él. Su manera de defenderse de determinados ataques suele ser algo torpe, exagerada, dolida. Debe de ser complicado hacer tres veces podio en la Vuelta, ser habitual en el top 10 del Tour y tener que oír cómo te llaman "paquete" al llegar a meta.

La única manera en la que Mas puede cambiar el juicio ajeno es demostrando objetivamente que es equivocado. No va a caer más simpático, no va a crear algo parecido al "masismo", no va a tener multitud de fans gritando su nombre... pero al menos puede tener el respeto que se merece desde hace tiempo y que no ha tenido. Enric Mas es un pedazo de corredor al que le ha tocado vivir el esplendor del ciclismo caníbal y que tiene determinadas carencias que le obligan a correr de determinada manera.

Uno de los grandes tópicos sobre Mas es que no ataca nunca, o que sus ataques no son suficientemente potentes. Lo primero es mentira. Mas ataca tanto como, pongamos, Mikel Landa. Lo ha demostrado de sobra en esta Vuelta a España, donde se le ve pletórico, pero es que ya lo habíamos visto antes. ¿Son ataques demoledores, de dejar de rueda a Roglic, Evenepoel, Pogacar, Vingegaard o el marciano que se les ocurra? Pues no, claro, pero ¿cómo culpar a alguien por no tener esa explosividad o incluso de ser inferior a algunos de los mejores corredores de la historia?

Lo que nos lleva a la otra crítica: la virulencia de los ataques, o, como se le suele mencionar, la manía de echar la vista atrás a los veinte segundos y rendirse si no ha abierto hueco. Volvemos a lo de antes: ¿eso es una decisión o es una necesidad? El otro día, Mas atacó tras Miguel Ángel López y juntos le metieron casi un minuto a Evenepoel. Por supuesto, López se enfadó mucho porque el mallorquín apenas daba relevos, pero Mas tiene un ritmo y necesita seguirlo hasta el final. ¿Qué pasa cuando va más allá? Lo que pasó en La Pandera cuando intentó seguir a Roglic, que explotó.

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A Mas siempre habría que haberlo querido como es y no como nos gustaría que fuera. Especialmente en una época tan gris como la que ha vivido el ciclismo español en los últimos años. Queda el consuelo de que eso pueda estar cambiando. Aunque hay quien insiste en las críticas por todo, probablemente en un intento de atacar a Movistar más que al corredor -lo de Movistar y las relaciones públicas es para estudiar porque ahí sí que es parte de su trabajo-, se empieza a percibir una oleada de cariño hacia Enric. Le vemos luchar de tú a tú y eso nos gusta. Estaba a medio minuto de Roglic cuando el esloveno se retiró. Está ahora mismo a dos minutos de Evenepoel, prácticamente lo que perdió en la contrarreloj.

Es absurdo negar que hay algo nuevo en este Enric Mas ambicioso, que habla de "todo o nada", que se lanza a siete kilómetros de meta y está pendiente de todos los ataques sin dejar que otros reaccionen por él. Algo que nos obliga a empatizar con él porque sabemos de la entidad de sus rivales, de lo complicadísimo que es asaltar un trono ocupado por un fuera de serie y del enorme mérito de mantener a los Ayuso, López, Rodríguez y compañía a línea. Incluso aceptando que con Roglic en carrera, Mas probablemente habría quedado tercero, ese podio valdría mucho más que los dos anteriores. Y con los años, cuando veamos el palmarés final de Remco, de Juan o de Carlos, tendrá aún más valor.

Con todo, yo sigo sin ver tanta diferencia entre este Mas y las versiones anteriores. Tiene mejores piernas, de acuerdo, y eso hace que se atreva más veces... pero el anterior Mas ya me gustaba. Sé que era el único en todo el país, pero qué le vamos a hacer. Me gustaba cuando solo Roglic le ganaba en la Vuelta, me gustaba cuando le veía desesperarse ante sus propias limitaciones, me gustaba cuando, le pese a quien le pese, en los duelos artificiales que su propio equipo y la prensa le organizaban cada año, acababa saliendo ganador. Ahora va a tener la culpa Enric Mas de que Miguel Ángel López no le pudiera seguir la rueda a Jack Haig el año pasado.

Todos estos malentendidos parten de las ganas que tenemos de que Movistar sea el Kelme de los años noventa. Eso es imposible. Imposible por una cuestión de mentalidad -¿se imaginan a Marc Soler colándose en todas las fugas en el equipo navarro?- e imposible por una cuestión de talento: no hay corredores de enjundia suficiente para correr a lo salvaje. Si Movistar está rozando el descenso es por algo. Ayer, Carlos Verona le echó una mano durante unos metros, pero en general Mas ha corrido esta Vuelta a España completamente solo. Más solo que Evenepoel, a cuyo equipo tanto se le critica.

Yo no le puedo afear a Movistar que, estando como está, festeje un segundo puesto en la Vuelta. Sí le puedo pedir a Enric Mas que salga a la prensa y anuncie, como ha hecho, que la va a liar en Guadarrama. Aunque luego las cosas no salgan como él quiera, porque para eso se corre, para ver quién es el mejor y quién es un "paquete" y no tenerlo decidido de antemano.

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