Enfadado: la reacción del papa Francisco ante una mujer que le tiró del brazo

LA NACION

El papa Francisco vivió un momento en la Plaza de San Pedro, cuando una mujer le tiró de un brazo cuando saludaba a la multitud que estaba en el Vaticano para visitar y orar frente al pesebre.

Francisco saludó a algunas de las miles de personas que estaban en el Vaticano en su camino para ver un gran Belén en la enorme explanada adoquinada.

El primer inconveniente ocurrió cuando el Santo Padre se acercó a un niño que se deslizó de los brazos de sus padres y cayó al suelo cuando intentaba darle una caricia y un rosario.

Después, el Papa se apartó de la multitud, pero una mujer que estaba cerca lo agarró de la mano y lo atrajo hacia ella. El gesto brusco pareció causarle dolor y Francisco rápidamente se acercó, le dio un pequeño golpe sobre la mano y le exigió que lo soltara. Una vez que lo logró, se alejó visiblemente enojado de la escena, según quedó registrado en una transmisión.

Francisco lamentó hoy "las desigualdades y la corrupción" de Roma, en su última homilía del año convocó a la Iglesia, con la celebración de las primeras vísperas y el tradicional Te Deum de acción de gracias en la Basílica de San Pedro.

"Roma no es solo una ciudad complicada, con tantos problemas, con desigualdades, corrupción y tensiones sociales", planteó el pontífice. "Roma es una ciudad en la que Dios manda su palabra, que se anida a través del espíritu en el corazón de sus habitantes y los convoca a creer, a esperar no obstante todo, a amar luchando por el bien de todos", agregó Jorge Bergoglio durante la celebración.

"De verdad Dios no paró nunca de cambiar la historia y el rostro de nuestra ciudad a través de los pueblos y de los pequeños y pobres que la habitan. Él los elige, los inspira, los motiva a la acción, los vuelve sociales, los convoca a activar redes, a crear lazos virtuosos, a construir puentes y no muros", planteó ante los fieles, acompañado por 35 cardenales y más de 200 sacerdotes y obispos.

Antes de la celebración, en un hecho inusual, el pontífice había salido del Vaticano hacia una parroquia del barrio Nomentana para participar por unos minutos de las exequias de una amiga, la profesora Maria Grazia Mara, fallecida ayer en Roma a los 95 años.