Jerusalén vive un día de tensión por una polémica marcha ultranacionalista israelí

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Jerusalén, 29 may (EFE).- Decenas de miles de ultranacionalistas israelíes celebraron hoy el Día de Jerusalén con una polémica marcha por la Ciudad Vieja para conmemorar la conquista de la parte Este de la urbe en 1967, en una jornada de mucha tensión marcada por choques, insultos racistas y agresiones a palestinos.

Entre un amplio despliegue policial y calles cortadas, ondeando banderas israelíes, bailando, entonando consignas racistas como "Muerte a los árabes" y atacando a palestinos y periodistas, unos 50.000 israelíes -en su mayoría religiosos y de extrema derecha- marcharon por la Ciudad Santa en el llamado "Desfile de las Banderas", que suele generar un clima de violencia.

Para Israel, la conmemoración de hoy marca la "reunificación" de Jerusalén en la Guerra de los Seis Días de 1967, cuando se hizo con el control del área oriental de la urbe, que incluye la Ciudad Vieja y sus lugares sagrados más simbólicos, como la Explanada de las Mezquitas o el Muro de las Lamentaciones.

La percepción del suceso es opuesta para los palestinos: lo consideran el inicio de la ocupación y repudian su celebración. De hecho, desde hace días, el grupo islamista Hamás -que controla Gaza- amenazó con represalias militares a Israel e instó a los palestinos a movilizarse durante la jornada.

Ante esto, el Gobierno y el aparato de seguridad israelíes estuvieron hoy en alerta máxima y unos 3.000 policías fueron desplegados en la ciudad.

El año pasado, esta celebración fue el detonante final para la escalada bélica entre Israel y las milicias palestinas de la Franja, después de que Hamás lanzara cohetes hacia Jerusalén.

Sin embargo, pese a la tensión y los enfrentamientos registrados en varios puntos de Jerusalén y Cisjordania ocupada, Gaza se mantuvo tranquila y no hubo incidentes con el grupo islamista.

Los heridos por choques con fuerzas israelíes alcanzaron los 163 en territorio cisjordano, y en la Ciudad Santa superaron los 60, en su gran mayoría palestinos.

La tensión de hoy se hizo patente desde primera hora, cuando unos 2.000 israelíes irrumpieron en la Explanada de las Mezquitas -tercer lugar más sagrado para el islam y primero para el judaísmo-, donde ondearon banderas y se enfrentaron con palestinos.

Las fricciones siguieron durante el resto de la jornada, con pequeños altercados entre palestinos e israelíes en las callejuelas de la Ciudad Vieja.

Ya por la tarde, la marcha comenzó desde varios puntos de Jerusalén Oeste. La multitud se dirigió a la Puerta de Damasco, principal acceso al barrio musulmán de la Ciudad Vieja, desde donde entró para ir hacia su destino final, el Muro de las Lamentaciones.

Entre las consignas de los congregados hubo también referencias a la periodista palestina Shireen Abu Akleh, abatida este mes mientras cubría una redada del Ejército israelí en Cisjordania, y de la que algunos israelíes se burlaron hoy llamándola "prostituta".

"Estamos aquí para celebrar que (en 1967) volvimos a Jerusalén, un lugar muy importante" para los judíos, "así que estoy aquí bailando para conmemorarlo", declaró a Efe el joven Uriel Abrams, de 23 años.

La toma de Jerusalén Este por parte de Israel "fue un milagro", dijo a Efe Lazer Fruchter, y añadió que las amenazas de Hamás ante la marcha de hoy "no tienen sentido". "Este lugar siempre nos perteneció a nosotros", agregó, negando el vínculo de los palestinos con la ciudad.

La Policía ordenó también a palestinos de la Ciudad Vieja que cerraran sus comercios ante el paso de la marcha, mientras algunos israelíes golpeaban sus puertas y ponían sobre ellas pegatinas con la bandera israelí.

A su vez, los agentes mantuvieron a peatones palestinos detrás de vallas y les impedían el paso, obligando incluso violentamente a algunos vecinos a encerrarse en sus casas para evitar incidentes.

"Estoy muy triste de ver imágenes como las de hoy", lamentó a Efe Ala Sublava, propietario palestino de un comercio de electrónica que se negó a cerrar su tienda.

"Esto es Jerusalén Este, tierra palestina", pero "no podemos poner aquí nuestra bandera". En cambio, los israelíes "pueden hacer aquí lo que quieren", denunció el comerciante, quien aseguró que los israelíes no buscan la paz "porque no creen en ella".

Joan Mas Autonell y Pablo Duer

(c) Agencia EFE

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