Hong Kong como la prueba de las diferencias irresolubles entre China y Taiwán: difícil que vuelvan a ser un solo país

La crisis del coronavirus permitió una pequeña tregua en los enfrentamientos entre Hong Kong y la China continental. Durante meses, miles de hongkoneses salieron a las calles para protestar contra los intentos chinos de imponer su control. El confinamiento trajo una paz momentánea que ha saltado por los aires una vez superada la pandemia.

Las manifestaciones han vuelto y China ha respondido con la aprobación de una Ley de Seguridad Nacional, que pone en riesgo el principio de un país, dos sistemas, que concede a la ciudad más autonomía y libertades que en el resto del país. Taiwán, provincia rebelde según las autoridades chinas y que se opone al centralismo, ya ha anunciado su apoyo a Hong Kong.

Estudiantes de Hong Kong y de Taiwán protestan contra la ley china. (Photo by SAM YEH/AFP via Getty Images)

Los conflictos territoriales de China han sido una constante en las últimas décadas. El deseo de unificación de los sucesivos Gobiernos chinos se ha topado con las reivindicaciones nacionalistas en lugares como Taiwán, Hong Kong o el Tíbet por citar algunos ejemplos. Tal y como cuenta la periodista Mónica García Prieto en su especial Las guerras ocultas de China en la revista 5W, el objetivo chino ha sido el de asimilar a sus minorías y que no haya fuentes de disensión dentro de su territorio.

Las estrategias gubernamentales para lograrlo han sido mediante cambios legislativos que restringen las libertades (como el que acaba de ocurrir en Hong Kong), la persecución de disidentes o una política migratoria centrada en el repoblamiento de estas zonas con personas llegadas de la China continental.

Cabe recordar que Hong Kong tiene un estatus especial después de que en 1997 su soberanía pasara de manos británicas a las chinas. El acuerdo fue que durante 50 años (hasta 2047), el territorio sería una zona económica especial en el que se mantendría el sistema capitalista, teniendo sus propias instituciones, derechos y libertades. Pasada esa fecha, Hong Kong se convertiría de facto en parte integral de China, sin tener ya esa distinción.

Ocurre sin embargo que en los últimos años el gigante asiático ha ido acelerando el proceso con medidas y leyes que cada vez coartan más la libertad de los hongkoneses, algo que se ha traducido en protestas multitudinarias en las calles.

Tal y como cuenta García Prieto, Taiwán observa atentamente lo que ocurre con Hong Kong porque el plan chino para volver a unir el territorio de Taiwán pasa por la fórmula de un país, dos sistemas, el mismo que se ha empleado con los hongkoneses todo este tiempo. Sin embargo, viendo las políticas que aplica el gigante asiático, basadas en una asimilación paulatina y obligada, parece difícil que los taiwaneses acepten.

Varios mensajes de apoyo a Hong Kong en un restaurante de Taiwán. (Photo by Sam Yeh / AFP) (Photo by SAM YEH/AFP via Getty Images)

El triunfo comunista en China en los años 40 provocó que muchos ciudadanos chinos leales al Gobierno de Chiang Kai-shek se refugiaran en Taiwán y reivindicaran ser la verdadera China durante décadas, ocupando incluso un asiento en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas que mantuvieron hasta 1971.

¿Una unión imposible?

En esas siete décadas Taiwán ha desarrollado sus propias leyes e instituciones y se considera un país independiente, pese a que actualmente apenas dos decenas de naciones en el mundo le reconocen como tal. De hecho China la considera como una provincia rebelde que terminará reunificándose con el país continental. En las dos últimas décadas, Taiwán se ha convertido en una democracia en la que se garantizan derechos y libertados, algo que no ocurre en China.

La aprobación de esta polémica Ley de Seguridad Nacional en Hong Kong, que penará la subversión, la secesión, el terrorismo y las intromisiones extranjeras, ha tenido mucho efecto en Taiwán. La provincia rebelde ha anunciado un programa de ayuda a los hongkoneses que se marchen de la ciudad que se centrará en los derechos de residencia, alojamiento y asistencia para aquellos que busquen asilo en Taiwán.

Además, el territorio está estudiando revocar el estatus especial que aplica a Hong Kong y que facilita las visitas e inversiones de los hongkoneses, algo que podría contrariar a China, ya que complicaría una posible reunificación y rompería los escasos lazos que aún se mantienen.

Visto el ejemplo de Hong Kong y su pérdida acelerada de libertades y derechos, parece difícil que Taiwán pueda llegar a aceptar en algún momento una unión con China que se base en la fórmula de un país, dos sistemas, estrategia utilizada por el Gobierno chino para atraer a los taiwaneses. El tan ansiado proyecto de una sola China parece hoy un poquito más lejos.

Más historias que te pueden interesar: