Nada de enero abstemio… gracias al COVID

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Bebidas en un bar de Nueva York, el 2 de enero de 2022. (Jeenah Moon/The New York Times)
Bebidas en un bar de Nueva York, el 2 de enero de 2022. (Jeenah Moon/The New York Times)

Este año, la meta de Ashley Deringer era pasar un enero sin alcohol.

En 2021, Deringer, una enfermera de 50 años que trabaja en Gainesville, Georgia, se dio cuenta de que, debido al estrés de su trabajo, le era difícil renunciar a su ritual del “whisky en la bañera”: quitarse el uniforme de enfermera, darse una larga ducha y luego tomarse un vaso de whisky en la bañera para relajarse del arduo día de trabajo.

Pero ahora sería diferente. Más del 60 por ciento de los estadounidenses tenían el esquema de vacunación completo desde diciembre. Parecía que lo peor de la pandemia ya había quedado atrás.

“A principios de diciembre, empecé a prepararme para no beber alcohol en enero y luego nos enteramos de que, otra vez, íbamos a salir muy afectados”, comentó Deringer, refiriéndose a la contagiosa variante ómicron. “Dije: ‘Caray, ya van a ser dos años seguidos sin un respiro”.

En medio del surgimiento de una nueva variante del coronavirus de tan rápida propagación, la repentina restricción de la vida social, el cierre de empresas y escuelas y el próximo segundo aniversario de la pandemia, algunas personas se preguntan: ¿en verdad este es un buen mes para dejar de beber por completo?

Deringer ha optado por un punto intermedio. Va a usar este mes para estar sobria, en cierto modo, y para sustituir el alcohol por un vaso de agua tónica de dieta mezclada con un coctel sin alcohol Kin Euphorics y uno de sus “buenos cubos de hielo”, pero va a seguir tomando esta pócima dentro de la bañera.

“Para pasar un enero sin alcohol, aunque no lo logre, mantener un ritual, lo que sea para tomar un receso entre el día de trabajo y la vida en la casa, ha sido algo que a muchos de nosotros nos ha mantenido a flote”, comentó. “Estoy intentando no usar el alcohol para salir adelante, pero no voy a sentirme culpable si me tomo una copa”.

Licorería en Robbinsdale, Minnesota, el 7 de enero de 2022. (Caroline Yang/The New York Times)
Licorería en Robbinsdale, Minnesota, el 7 de enero de 2022. (Caroline Yang/The New York Times)

El consumo de alcohol ha sido como un bálsamo a lo largo de la pandemia: una manera de relajarse y de tener un punto de nexo social, pero también ha sido un problema. En una encuesta realizada en febrero de 2021 por la Asociación Estadounidense de Psicología, se vio que una de cada cuatro personas adultas mencionó que, desde marzo de 2020, estaba bebiendo más para poder controlar su estrés. Las mujeres y los padres de niños pequeños, sobre todo, han recurrido al alcohol como un mecanismo de supervivencia.

“El último año ha sido muy difícil”, nos dijo en una entrevista telefónica Lucy Holmes, directora de investigación y política en Alcohol Change UK, una organización destinada a reducir el daño que produce el alcohol. “Se entiende a la perfección que algunas personas hayan recurrido al alcohol para tratar de superarlo”.

Quienes están reevaluando su relación con el alcohol este mes e intentando pasar un enero sin alcohol tal vez tengan que ajustar incluso los planes mejor diseñados. Algunas personas están usando algunos sustitutos analcohólicos para satisfacer esa carencia.

“Después de los últimos dos años que hemos vivido, nadie espera que estemos totalmente sobrios”, comentó Jake Bullock, de 33 años y cofundador de Cann, un tónico alternativo al alcohol derivado de una infusión de cannabis. En momentos como estos, Bullock promueve, en cambio, un “intentar el enero abstemio”, es decir, dejar el alcohol, pero adoptar un sustituto más benigno.

No obstante, otras personas siguen firmes en su resolución de que el agua con gas les brinde el ánimo que requieren. Algunas consideran que la moderación en sí genera una estabilidad necesaria ante un futuro incierto.

Sophie Wood, una estratega creativa de 24 años que reside en Nueva York, ha estado probando mantenerse sobria desde septiembre. Comentó que la abstinencia le ha ayudado a estar mejor concentrada: a aprovechar para leer y meditar en los momentos en que, de otra manera, estaría sufriendo una resaca. Ahora, más que nunca, piensa seguir un estilo de vida en el que no participe el alcohol.

“Creo que es muy importante que me mantenga sobria durante la ola de ómicron”, comentó Wood. “Parece que el consenso general es lo que todos dicen: ‘Va a ser otro 2020’. Y creo que ese pesimismo sería peor si yo estuviera consumiendo alcohol”.

Otras, como D’Anne Stites, una mujer de 57 años que vive en Austin, Texas, y trabaja en el tema de cumplimiento y aplicación de las leyes medioambientales, han decidido, independientemente de la variante ómicron, permanecer inquebrantables en su determinación de vivir un enero sin alcohol. Después de todo, su abstinencia no afecta para nada la pandemia, señaló.

“Tomo todas las precauciones posibles”, explicó Stites. “Estoy vacunada y ya me apliqué el refuerzo. Procuro siempre usar el cubrebocas. No sé qué más puedo hacer”.

© 2022 The New York Times Company

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