Energía. Apuestan a una segunda Yacyretá con una inversión de US$ 350 millones

Martín Boerr
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Santiago Cafiero encabezó el acto donde se colocaron los cimientos de la nueva represa
Santiago Cafiero encabezó el acto donde se colocaron los cimientos de la nueva represa

ITUZAINGÓ (ENVIADO ESPECIAL). Esta semana comenzaron a llenarse de hormigón los cimientos de Aña Cuá, una segunda represa hidroeléctrica ubicada a tan sólo 15 kilómetros de Yacyretá. Aña Cuá es una suerte de parte 2 de la “película” de Yacyretá. Si la primera fue una verdadera “pesadilla” en su etapa de construcción, por los sobrecostos, el tiempo que demoró tenerla operativa y el enorme impacto ambiental que generó, esta saga promete ser todo lo contrario.

“Trabajamos para hacerla en tiempo y forma, tenemos apenas un mes de retraso por la pandemia y vamos a recuperar ese tiempo, en cuatro años estará lista y al costo que se estipuló, que ronda los 350 millones de dólares”, dijo a LA NACION, Ignacio Barrios Arrechea, el titular de la Entidad Binacional Yacyretá por la Argentina.

Aña Cuá agregará alrededor de un 10% adicional de potencia al complejo de Yacyretá, que hoy produce el 15% de la energía que consume la Argentina y el 11% de lo que utiliza Paraguay. Es, de lejos, la mayor generadora del país.

Aña Cuá tendrá una potencia de 270 MW y una generación anual de 2000 GWh/año. Su construcción generará 600 empleos directos y 2400 indirectos.

Tres turbinas a un brazo del Paraná

La obra de Aña Cuá consiste en ponerle 3 turbinas tipo Kaplan al brazo del río Paraná que lleva ese nombre, donde hoy hay instaladas 16 enormes compuertas de acero que regulan el caudal del río a través de este vertedero, por cuestiones ambientales. En la represa principal hay 20 turbinas Kaplan.

“Por esa agua que pasa perdemos cada año 60 millones de dólares en energía que no producimos”, explicó Nicanor Duarte Frutos, expresidente de Paraguay y titular de la EBY por el lado paraguayo, en el acto que se realizó en el enorme cráter donde se instalarán las turbinas y la sala de máquinas.

La obra comenzó en junio del 2020 y tras meses de excavaciones (2,4 millones de metros cúbicos) y voladuras hoy empezaron a poner el hormigón (en total serán 250.000 m3).

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Barrios Arrechea y Duarte Frutos fueron los anfitriones de un acto que iba a contar con la presencia del presidente de la Nación, que a último momento no subió al avión y mandó en su lugar a Cafiero. El jefe de Gabinete llegó con el ministro del Interior, Wado de Pedro y el secretario de Energía, Darío Martinez.

Lo esperaban los gobernadores de Misiones, Oscar Herrera Ahuad (mandatario aliado de la Casa Rosada) y el correntino Gustavo Valdes, el gobernador de Cambiemos que profesa cada vez más simpatía por Fernández.

El apoyo de la plana mayor del oficialismo es fundamental para Aña Cuá porque la obra se autofinanciará con recursos de la central hidroeléctrica, a la que hoy le deben dinero los Estados socios.

También en eso se diferencia Aña Cuá de Yacyretá, que costó mucho más de lo presupuestado, fue tildado de “monumento a la corrupción” por el expresidente Carlos Menem y generó un agujero en el presupuesto del Estado argentino, el único que se llevó entonces la mano al bolsillo para financiar la monumental obra. El acuerdo binacional estipulaba que Paraguay pagaría su parte cediendo energía.

Sin embargo, hoy Barrios Arrechea no cuenta con los recursos suficientes para financiar la obra. “Necesitamos del apoyo permanente de los dos gobiernos”, dijo en su discurso.

La obra civil cuyos cimientos empezaron a colocarse hoy con el inicio del hormigonado de nivelación que fijará las bases de la nueva central representa el contrato más costos de Aña Cuá: 200 millones de dólares a cargo de un consorcio integrado por la italiana Astaldi, la argentina Rovella Carranza y la paraguaya Tecnoedil.

Otros 100 millones de dólares se los llevará la alemana Voith por fabricar las tres enormes turbinas Kaplan. El resto son obras complementarias como líneas de alta tensión, transformadores e ingeniería de detalle.

“Recibí una central que en los últimos dos años arrojó un déficit entre ingresos y egresos de 133 millones de dólares. Se lo planteamos al presidente y con mucho esfuerzo en el 2020 tuvimos saldo a favor de 18 millones de dólares”, explicó Barrios Arrechea.

La clave del cambio del rojo por el azul, explicó Barrios Arrechea, está en que le pudieron cobrar al Estado Nacional algo más de dinero -no todo-, por la energía entregada a CAMMESA y facturada.

La factura adeudada por el Estado argentino a Yacyretá es de 1.800 millones de dólares en energía que produjo, facturó pero aún no cobró, reveló el titular de la entidad binacional.

“Es un enorme desafío cobrar esto a los estados argentino y paraguayo, las inversiones en los próximos años serán mucho mayores y será más difícil conseguir el dinero, pero en eso estamos, entendemos el contexto y no reclamamos el 100 por ciento del dinero”, aclaró Barrios Arrechea, quien jugaba en las rodillas de Raúl Alfonsín cuando su padre era ministro de Salud del mandatario radical.

Los responsables de la EBY querían mostrarle hoy al Presidente argentino cómo avanzan las obras de Aña Cuá y en qué se invierten esos dólares cada vez más escasos y preciosos para el Estado argentino.

“Hablamos todo el tiempo con el Presidente, tenemos todo su apoyo”, dijo Barrios Arrechea, quien no viene de la política y antes de asumir en la EBY era un exitoso empresario que fabricaba muebles para las grandes cadenas de hipermercados de Buenos Aires.

Modernizar la central principal

Para Barrios Arrechea el principal desafío de su gestión no es Aña Cuá, sino modernizar la central principal de Yacyretá, que tiene turbinas “casi obsoletas”.

Yacyretá cuenta con 20 turbinas que se tienen que ir modernizando, a un costo millonario. Ya se inauguraron 2 en enero pasado, lo que permitió a la central batir el 8 de febrero pasado, un nuevo récord de generación. Fue la primera vez que pudo trabajar con las 20 máquinas funcionando a pleno. Cada turbina de Yacyretá genera como para dar electricidad a una ciudad mediana.

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Yacyretá se inauguró en 1994 funcionando a media máquina y recién se pudo completar en 2010, cuando las obras complementarias en Posadas y Encarnación permitieron subir la cota del embalse.

“Para nosotros la prioridad es renovar la central principal”, señaló el titular de la EBY.

La anterior gestión de Yacyretá había firmado un contrato con IMPSA para la renovación de las siguientes cuatro turbinas, pero la empresa que fundó Enrique Pescarmona casi quiebra y tuvo que salvarla el Estado inyectando fondos y reestructurando el capital de la firma junto a los bancos acreedores.

“Hay contratos frenados, se ha pagado más de lo que se ha realizado, es una empresa que ha sufrido pérdidas económicas y hoy está con intervención del Estado Nacional, esperamos tener las cuatro turbinas funcionando en menos de dos años”, señaló Barrios Arrechea.

El titular de la EBY explicó que se necesitan otros 200 millones para renovar el resto de las 16 turbinas en los próximos ocho años y entre 50 y 55 millones en los próximos cinco años para renovar el sistema que maneja a las turbinas.

Obras complementarias

En el acto de este miércoles tanto las autoridades de la EBY como Santiago Cafiero explicaron que Yacyretá no es solo una represa sino que también devuelve en obras complementarias parte de lo que genera a las comunidades de MIsiones y Corrientes.

“Yacyretá es mucho más que una hidroeléctrica. Para nuestra región es tener agua limpia en la isla de Apipé, más de 120.000 hectáreas de reservas que custodiamos en Argentina, 17 comedores que dan asistencia a 4.000 familias, hospitales construidos que vamos a incrementar, casi 60 kilómetros de autovía en la ruta 12, apoyo a la cultura y deporte”, dijo el funcionario.

En Misiones y Corrientes, la EBY está realizando un trabajo con los municipios costeros del río Paraná afectados por el embalse, que comprende obras hídricas en Santa Ana, Puerto Rico, transformadores en Posadas, obras eléctricas en Ituzaingó y Villa Olivari y suministro de energía en el Parque de la Salud de Posadas