Encierro y virtualidad: Crecen las consultas a especialistas por dificultades que presentan los chicos

·5  min de lectura
La madre de Mora, de 6 años, está pensando en contactar una psicopedagoga o una asistente educacional para que le diga cómo la ve
Rodrigo Néspolo

“En 2020 Bauti se pasó todo el año encerrado en casa debido a la cuarentena obligatoria. Cuando lo llevamos al pediatra, en diciembre, nos dijo que por su edad debía hablar mejor. Al no tener contacto con otros chicos, y con nosotros trabajando todo el día, creo que eso retrasó el desarrollo de su lenguaje. En el verano empezó la colonia y ahí vimos una evolución, pero no fue suficiente. Este año, las docentes nos pidieron que lo lleváramos a la fonoaudióloga. Los pocos días que tuvo clases había avanzado un montón, pero desde que suspendieron volvió a retroceder”, se lamenta Mayra Nardelli, licenciada en relaciones de trabajo y madre de Bautista, de dos años y medio. Ellos viven en Santos Lugares, en la provincia de Buenos Aires.

El caso de Bautista no es una excepción. María Valeria Miguelez, psicóloga especialista en niños, observa un gran crecimiento de las consultas por consecuencia de la pandemia y la falta de clases presenciales. “Se duplicaron la cantidad de pacientes. Los niños tienen patologías más graves. Las consultas son por pérdida del control de esfínteres, miedos, berrinches, pánico, tristeza y hasta depresión”, detalla.

Restricciones: ¿Se suspenden los turnos y las prácticas médicas programadas?

Mariana Rojas, que vive en Banfield, también está muy preocupada por sus mellizas de 8 años. “Juana comenzó a chuparse el dedo antes de la pandemia, por eso empezó terapia y logró superarlo. Cuando comenzó el colegio estaba feliz, pero las clases presenciales duraron poco. Y ahora volvió a chuparse el dedo. Salomé, por su parte, no quiere salir de casa, siente miedo por el coronarivus. Con su papá estamos separados y ni siquiera quiere ir a su casa. Estoy preocupada por las dos. Para colmo no les gustan las clases por Zoom. Quise que retomaran terapia con la psicóloga, pero me dijo que debían esperar porque tienen que ir en forma presencial. A su edad no pueden hacer un tratamiento virtual”, cuenta con preocupación.

Por la pandemia de coronavirus y la consecuente suspensión de las clases presenciales, algunos chicos, como los que viven en la Provincia de Buenos Aires, llevan, aunque con interrupciones, casi un año y medio de virtualidad. Incluso, la próxima semana, con las nuevas restricciones, tampoco tendrán clases en las escuelas porteñas. Ni siquiera virtuales.

“Los niños, desde bebés necesitan encontrarse con sus pares. Cuando por algunas horas pueden estar fuera de la casa cuidados y seguros regulan emocionalmente sus estados psicológicos, neurológicos y ambientales”, explica Josefina Saiz Finzi, psicoanalista especializada en bebés, niños y adolescentes y miembro de la Asociación Psicoanalítica Argentina (APA).

Según ella, frente a este contexto se puede desregular el sistema emocional en algunos chicos. “El encuentro emocional y afectivo se manifiesta en algunos niños como peligroso, y su respuesta puede ser miedo, fobia, depresión e hiperactividad”, detalla.

Aprender a leer y escribir por Zoom

“Mora tiene 6 años y es mi quinta hija. Sus hermanos son adolescentes así que vive entre adultos, por eso al no tener su encuentro social está sufriendo mucho. El año pasado, en mayo, me pidió que le mandara un mensaje a las maestras porque quería volver al colegio. Este año se había ilusionado con la presencialidad y otra vez se quedó sin cole. Lo que veo en ella es un cambio de carácter, irritabilidad y dependencia de los equipos tecnológicos. Muchas veces apaga el micrófono durante las clases virtuales y se va. Le aburren. Estoy pensando seriamente en contratar una psicopedagoga o una asistente educacional para que la evalúe y me diga cómo la ve. Muchos compañeros, incluso, tienen maestras particulares porque sus padres están preocupados ya que no pueden aprender a leer y escribir en forma remota. Creo que es imprescindible e irremplazable la estructura del colegio presencial”, reflexiona Natalia Orlowski, que vive en Benavídez, en la zona norte del conurbano.

Por su parte, la psicopedagoga Silvia Sotelo advierte en chicos de entre 45 días a 3 años trastornos de lenguaje, hiperactividad corporal intensa, necesidad de descarga motora y carencia de límites. “Las clases virtuales ya no son una opción para los más pequeños. El año pasado era la novedad porque querían ver a sus amigos detrás de la pantalla. Pero ya no se puede sostener. Los más chicos tienen un tiempo de atención muy corto y necesitan de un adulto mediador que los esté acompañando. Este año, cuando las familias escucharon que el Presidente dijo que las clases volvían a ser virtuales, muchos padres nos dijeron que sus hijos no iban a participar. No querían exponerlos tanto tiempo frente a la pantalla”, cuenta.

Desde la asociación civil Coherencia, donde trabajan en temas de educación inclusiva, resaltan la importancia de la presencialidad en los niños con necesidades educativas especiales, que concurren a los jardines maternales con maestras integradoras. “Para ellos cada día de no presencialidad es irrecuperable. Todos sabemos lo importante que es el tiempo en estos casos. La estimulación temprana, la socialización y la organización de las rutinas es fundamental para lograr un mejor pronóstico en chicos con necesidades educativas especiales. No es una presencia que pueda reponerse más adelante, lo que suceda en este tiempo deja marcas y síntomas”, sostienen.

Todos los entrevistados coinciden con que las consultas a especialistas son fundamentales ante cualquier alerta que perciben los padres. “Cuando las intervenciones son adecuadas se recupera la calma. En estos momentos las consultas de los niños y padres en conjunto suelen ser eficaces ya que el chico comparte su problemática y los padres pueden reflexionar de cómo los afecta como grupo familiar. El beneficio de las consultas a tiempo es muy grande”, sugiere Saiz Finzi.

Restricciones: qué pasará con los trámites y la atención en las dependencias de la Ciudad

Miguelez destaca que, a pesar de las dificultades, en este contexto hay oportunidades porque pueden aprovechar este tiempo para jugar con sus hijos y hasta mejorar ciertas dinámicas familiares del pasado. “El modo en que los padres viven esta pandemia es el modo en que los chicos enfrentan los conflictos. Deben también bajar las exigencias, acompañarse y tener tolerancia a la frustración. Todo lo que tiene que ver con el aprendizaje se va a poder recuperar, pero si se genera una crisis emocional no se repara con tanta facilidad, y hasta puede generar un gran problema. Hay que implementar espacios de creatividad, chistes, jugar juntos y ver qué cosas pueden compartir en familia”.

Por último, Miguelez advierte: “Estar presentes no es lo mismo que estar disponibles. Los padres pueden estar físicamente con sus hijos, pero realmente no ‘están’ con ellos. Tienen que hacerse un tiempo compartir tiempo con ellos, escucharlos y hacer actividades juntos”.