En Arabia Saudita los hombres tienen una enorme base de datos para controlar a las mujeres

Parece el libreto de una película, pero lamentablemente es real. En Arabia Saudita, donde las mujeres apenas tienen derechos y su vida depende al 100% de los hombres, ellos usan la última tecnología para controlarlas.

Vía News 18.

Un sistema llamado “Absher”, que también está en una aplicación de teléfono móvil, y sirve entre otras cosas para impedir que las mujeres saudíes viajen fuera del país y sea más fácil atraparlas, en caso de que intenten huir.

Absher significa “el predicador”, y muchas de sus funciones son benignas, como pagar multas de estacionamiento o renovar una licencia de conducir. Pero los hombres sauditas también pueden usar el sistema para especificar cuándo y dónde se les permite a las mujeres salir del país y otorgar o revocar el permiso de viaje con unos pocos clics, lo que hace que aeropuertos o destinos específicos queden fuera de los límites.

También pueden habilitar una función de SMS automática que les envía un mensaje de texto cuando una mujer usa su pasaporte en un cruce fronterizo o en el aeropuerto.

Arriesgar la vida para ser libre

Shahad al-Mohaimeed, de 17 años, vivía en el seno de una familia abusiva. Su padre le pegaba por cualquier “infracción” como ser vista en compañía de hombres que no fueran parte de la familia, y ni siquiera podía comprar productos femeninos, como toallas sanitarias: su hermano menor era el encargado.

La joven decidió aprovechar unas vacaciones en Turquía para escapar y pudo lograrlo a pesar de Absher. Recientemente narró a Business Insider su huída gracias al plan que armó durante un año.

La familia fue a vacacionar a la ciudad turca Trabzon, en el Mar Negro. Su padre escogió ese lugar montañoso para descansar junto al mar, pero sin salir de la sociedad islámica. Era una oportunidad para la jovencita, porque Absher no funciona fuera de las fronteras saudíes.

Una noche se levantó y tomó las tarjetas de crédito, llaves, pasaportes y celulares de toda su familia y salió de la habitación del hotel sin zapatos ni el atuendo que cubre el cuerpo de las mujeres saudíes (burka o niqab). Al llegar a la carretera sintió miedo ante el silencio del lugar: era la primera vez que estaba sin compañía en la calle.

“Tenía 17 años y estaba muy, muy asustada”, recuerda. “Me fui a medianoche, y la noche era muy oscura. Tenía miedo de mi hermano y mi familia”. Durante esos 17 años, siempre había estado acompañada de tutor masculino, tal como ordena la ley saudí.

Estaba consciente de que arriesgaba su vida al escapar. “Cuando decidimos irnos, decidimos arriesgar nuestras vidas, porque si no tenemos éxito, nuestras familias nos matarán. Es vergonzoso que se vaya una hija”.

Entre un sinfín de cosas que llegaban a su mente, sólo pensaba en las cuatro horas que tenía para salir de Turquía, es decir, antes de que su familia se despertara y notara que había huido.

Al no conseguir un taxi que la llevara al aeropuerto, caminó al hospital más cercano para pedir uno que la llevara al aeropuerto local. Planeaba irse en avión a Australia o algún otro lugar lejos de Arabia Saudita. Lo logró, pero después de 20 minutos de viaje y llegar a la ventanilla se dio cuenta que no saldría ningún vuelo hasta las 8 de la mañana, lo cual no era suficiente tiempo para escapar, así que le pagó a un taxi para que la llevara a la frontera turca con Georgia, y un par de horas después, entregó su pasaporte a la policía georgiana.

Así la hicieron esperar durante 15 minutos, miraban su pasaporte y levantaban la mirada para verla en persona. Al final, le dieron el acceso. Lo primero que hizo fue ir a un baño público para encerrarse y dormir.

Se fue a la capital Tbilisi, donde rentó una habitación y convivió con otras personas. Más adelante solicitó en Internet una visa de turista australiana, pero le fue rechazada. En ese momento ya estaba consciente de que la buscaban los miembros del personal diplomático de Arabia Saudita.

Sin embargo, no perdió la fe y se puso en contacto con activistas de derechos humanos, quienes la remitieron a la ONU, y fue ahí donde le concedieron la condición de refugiada y una casa en Suecia.

Organizaciones de derechos humanos luchan día a día para acabar con este sistema de represión femenina saudita donde las mujeres:

  1. Necesitan permiso de sus tutores hombres para viajar e incluso tramitar su pasaporte
  2. Necesitan permiso para casarse
  3. Para estudiar en el extranjero
  4. Para trabajar
  5. Para recibir cuidados para su salud
  6. Quienes huyan serán regresadas a sus familias y enfrentar cargos por desobediencia
  7. Es muy difícil que las mujeres cambien de tutor, aun cuando este sea abusivo 
  8. Aquella que peleen por sus derechos en público pueden enfrentar la prisión o persecución

Todo esto se explica en un video de HRW:

En su nueva vida, Shahad al-Mohaimeed no olvida las vicisitudes que viven las mujeres de su país natal. “Lucharemos hasta que cambiemos las leyes de los guardianes masculinos juntos, para que nadie tenga que escapar de Arabia Saudita”, escribió en Twitter.