La oscura historia detrás de la mujer más rica de África

Michael Forsythe, Kyra Gurney, Scilla Alecci y Ben Hallman
En la imagen, Isabel dos Santos, hija del expresidente de Angola José Eduardo dos Santos y considerada la mujer más rica de África. EFE/Paulo Novais/Archivo

LISBOA, Portugal — Era la fiesta a la que asisten los famosos durante el Festival de Cannes, donde la idea era dejarse ver. Una empresa suiza de joyería había rentado el fastuoso Hotel du Cap-Eden-Roc, y había atraído a celebridades como Leonardo DiCaprio, Naomi Campbell y Antonio Banderas. La temática era “Amor en las rocas”.

Posando para las fotografías en el evento de mayo de 2017 estaba Isabel dos Santos, la mujer más rica de África e hija de José Eduardo dos Santos, el entonces presidente de Angola. Su esposo maneja la empresa de joyería De Grisogono a través de un conjunto impresionante de empresas fantasma en Luxemburgo, Malta y los Países Bajos.

Pero esta lujosa fiesta solo fue posible gracias al gobierno de Angola. El país es rico en petróleo y diamantes pero ha sido asolado por la corrupción y padece una pobreza absoluta, un analfabetismo generalizado y un alto índice de mortalidad infantil. Una agencia del gobierno había invertido más de 120 millones de dólares en esta empresa de joyería, pero en la actualidad enfrenta una pérdida total.

Dos Santos, cuya riqueza está calculada en más de 2.000 millones de dólares, afirma que es una mujer que se hizo a sí misma y que nunca se benefició del dinero del Estado. Pero en los últimos años, se ha visto un panorama diferente gracias al escrutinio de los medios de comunicación: se llevó una buena parte de la riqueza de Angola, casi siempre con decretos firmados por su padre. Adquirió participaciones en las exportaciones de diamantes del país, en su principal empresa de telefonía celular, en dos de sus bancos y en su cementera más grande, y se asoció con el gigante petrolero estatal para comprar la empresa petrolera más importante de Portugal.

Ahora, un acervo de más de 700.000 documentos obtenidos por el Consorcio Internacional de Periodistas de Investigación (ICIJ, por su sigla en inglés), y compartidos con The New York Times, muestra la manera en que una red global de consultores, abogados, banqueros y contadores le ayudaron a amasar esa fortuna y depositarla en el extranjero. Algunas de las principales empresas de servicios profesionales del mundo —que incluyen a Boston Consulting Group, McKinsey & Co. y PwC— facilitaron su propósito de aprovecharse de la riqueza del país al prestarle su legitimidad.

Cómo las empresas estadounidenses ayudaron a Isabel dos Santos

El imperio que ella y su esposo construyeron se extiende desde Hong Kong hasta Estados Unidos, y comprende más de 400 empresas y subsidiarias. Entre estas compañías estaba la empresa suiza de joyería, cuyos registros y entrevistas revelan que era administrada por un equipo reclutado de Boston Consulting. La llevaron a la quiebra. Bajo su gestión, millones de dólares de los fondos estatales de Angola ayudaron a financiar las fiestas anuales en la Riviera Francesa.

Cuando Boston Consulting y McKinsey firmaron para ayudar con la restructuración de Sonangol, la empresa estatal petrolera de Angola, acordaron que se les pagaría de una manera poco común: no lo haría el gobierno, sino una compañía de Malta propiedad de dos Santos. Luego, su padre la puso a cargo de Sonangol y los pagos del gobierno aumentaron y se hicieron a través de otro corporativo extranjero, esta vez propiedad de un amigo de ella.

PricewaterhouseCoopers, que ahora se llama PwC, fungió como su asesor fiscal y de contabilidad y trabajó con al menos 20 empresas manejadas por ella o por su esposo. Sin embargo, de acuerdo con expertos en lavado de dinero y contadores forenses que analizaron los documentos recién obtenidos, hubo señales de alerta evidentes cuando el dinero del gobierno de Angola no apareció.

Ahora, más de dos años después de que su padre se retiró, luego de 38 años como dictador de Angola, dos Santos está en problemas.

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Ana Gomes, exintegrante del Parlamento Europeo quien ha acusado a Isabel dos Santos de lavado de dinero, en Lisboa, Portugal, el 8 de enero de 2020. (Ana Brigida/The New York Times)

El mes pasado, como parte de una investigación por corrupción, un tribunal de Angola congeló sus cuentas en el país junto con las de su esposo y las de un socio empresarial de Portugal. El fiscal general de Angola afirmó que la pareja era responsable de la pérdida de fondos gubernamentales por un valor de más de mil millones de dólares, y se concentró en especial en De Grisogono y Sonangol.

Según el despacho del presidente de Angola, João Lourenço, si se les encuentra culpables, Dos Santos y su esposo podrían enfrentar una sentencia de varios años en prisión. En el centro de la investigación, están 38 millones de dólares en pagos de Sonangol a una empresa fantasma de Dubai una horas después de que el nuevo presidente anunció su despido. El medio hermano de Dos Santos también enfrenta cargos por corrupción por ayudar a transferir 500 millones de dólares del fondo soberano de inversión de Angola. El congelamiento de las cuentas se realizó muy poco tiempo después de que los reporteros del ICLJ le preguntaron al gobierno sobre las transacciones que aparecen en los documentos.

En una entrevista con la BBC, dos Santos, de 46 años, negó cualquier acto indebido y calificó la investigación como “persecución política”. “Mis empresas tienen fondos privados, trabajamos con bancos comerciales, nuestras sociedades son sociedades privadas”, afirmó.

Su esposo, Sindika Dokolo, de 47 años, insinuó que el nuevo gobierno los estaba usando de chivos expiatorios. “No ataca a los agentes de empresas públicas acusados de malversación de fondos, sino solo a una familia que trabaja en el sector privado”, le dijo a Radio Francia Internacional, otro socio de ICIJ.

Los documentos muestran que los bancos de presencia global, incluyendo a Citigroup y a Deutsche Bank, sujetos a normas estrictas con respecto a clientes con vínculos políticos, en general se rehusaron a trabajar con esa familia en los últimos años.

Las empresas de consultoría, mucho menos reglamentadas que los bancos, se apresuraron a captar sus negocios.

‘Administración en las sombras’

De Grisogono, una advenediza empresa suiza de joyería, estaba casi acabada. Sus negocios nunca se habían recuperado por completo de la crisis financiera global, y para 2012, estaba sumamente endeudada.

Parecía que Dokolo, el marido de dos Santos, le ofrecía una salida. Se asoció con Sodiam, la empresa gubernamental comercializadora de diamantes, en una operación a partes iguales acordada en Malta en la que adquirían el control de la empresa de joyería. De acuerdo con los registros, Sodiam finalmente inyectó más de 120 millones de dólares al negocio en adquisición de capital y compra de deuda.

Con el dinero de Angola, la compañía de joyería de Ginebra contrató a Boston Consulting Group, una empresa de administración estadounidense con oficinas en más de 50 países.

Ficha de la angoleña Isabel dos Santos, hija del expresidente Jose Eduardo dos Santos, acusada de desvío de cientos de millones de dólares de las arcas públicas

Según los documentos, en 2012, un equipo de la empresa con oficinas en Lisboa, asumió el papel principal para ayudar a manejar De Grisogono: “administración en las sombras” como dijo en noviembre John Leitão, un empleado de Boston Consulting que se convertiría en el ejecutivo principal de la empresa de joyería, en una entrevista en Lisboa.

Leitão señaló que De Grisogono tuvo una racha de mala suerte, debida también a presiones económicas que afectaron a los oligarcas rusos y a los jeques sauditas que habían sido clientes muy importantes. Sin embargo, los documentos indican que muchos clientes ricos, incluyendo a dos Santos y su esposo, adquirían joyas y relojes de pulsera sin pagarlos. De acuerdo con una presentación interna, los gastos de mercadotecnia también se dispararon: 42 por ciento durante el primer año de Leitão a 1,7 millones de dólares, incremento que se reflejó en la fiesta de Cannes.

El pueblo de Angola hizo más que pagar a un precio muy alto una empresa de joyería europea. Pagó con dinero que pidió prestado a una tasa de interés anual del nueve por ciento al Banco BIC, una entidad crediticia de Angola donde dos Santos tiene una participación del 42,5 por ciento. De acuerdo con el despacho del presidente de ese país, el gobierno tendrá que pagar alrededor de 225 millones de dólares. Los préstamos habían sido garantizados por el padre de dos Santos.

Ataque al petróleo

En 2016, Sonangol, la empresa petrolera de Angola, estaba en crisis luego de una caída en los precios del mercado. Un antiguo empleado de Boston Consulting describió una empresa en un estado “totalmente caótico”. El presidente de Angola despidió al consejo directivo de la compañía y en junio de ese año nombró presidenta a su hija, Isabel dos Santos. Boston Consulting estaba ayudando a Sonangol a diseñar un “mapa de ruta” para restructurarla.

Dos Santos tenía antecedentes en la empresa. Una década antes, ella y su esposo ganaron millones al asociarse con Sonangol y un empresario portugués para invertir en una empresa de gas de Lisboa, Galp Energia. Los documentos señalan que su participación fue cortesía del gobierno de Angola mediante un préstamo de 84 millones de dólares procedentes de Sonangol. Su participación ahora es de aproximadamente 800 millones de dólares.

Los registros muestran que más de medio año antes de que fuera nombrada presidenta, su padre firmó un decreto redactado en el bufete jurídico de la pareja que otorgaba 9,3 millones de dólares a una empresa de Malta para que manejara la restructuración de Sonangol. Esta empresa, Wise Intelligence Solutions, era propiedad de la pareja y era dirigida por un socio cercano, Mário Leite da Silva, expresidente de De Grisogono. Luego llegó Boston Consulting, seguida de McKinsey, y la empresa de Malta se quedó a la cabeza.

En mayo de 2017, remplazaron a Wise como gerente de proyecto por una empresa en Dubai, propiedad de uno de los amigos de dos Santos. A finales de ese año, esta emitió una avalancha de facturas, algunas nada más tenían la información más esencial. Una de ellas, que solo decía “Gastos de mayo a septiembre de 2017” era por una cantidad de más de 470.000 euros (más de 520.000 dólares). Estas facturas representan los 38 millones de dólares que Sonangol pagó a la empresa de Dubai en las horas después de que despidieron a dos Santos el 15 de noviembre de 2017.

La cuenta de Sonangol era con la sucursal portuguesa del Banco BIC, donde ella era la principal accionista. Rechazada por los bancos a nivel global, la pareja recurrió cada vez más a la entidad crediticia de Angola, la cual tiene una oficina muy grande en Lisboa a unos pasos de su departamento.

Los documentos muestran que días antes de que se emitieran las facturas, despidieron al ejecutivo de Sonangol encargado de aprobarlas y lo remplazaron por un familiar de dos Santos.

Unos meses después, Carlos Saturnino, el sucesor de dos Santos como director de Sonangol, la acusó públicamente de malos manejos y dijo que su gestión estuvo marcada por conflictos de interés, evasión fiscal y apoyo excesivo en consultores. También dijo que ella había aprobado 135 millones de dólares en honorarios por asesorías y la mayor parte de ellos había ido a parar a la empresa fantasma de Dubai.

El contador

Dos Santos tenía una larga historia con PwC. A principios de la década de 1990, recién salida del King´s College de Londres, aceptó un empleo en Coopers & Lybrand, que pronto se fusionaría y se convertiría en PricewaterhouseCoopers.

Su principal asesor financiero, da Silva, cuyas cuentas en Angola fueron congeladas el mes pasado, también fue alumno de PwC. Y cuando dos Santos tomó el mando de Sonangol, trajo a un socio de PwC, Sarju Raikundalia, como jefe de finanzas. Los pagos de noviembre de 2017 a Dubai se hicieron bajo su supervisión antes de que también lo despidieran. Ninguno de los empresarios respondió a las solicitudes para ofrecer comentarios.

PwC no solo auditó los libros de sus vastas empresas fantasma, sino que le proporcionó a ella y a las compañías de Dokolo asesoría fiscal e hizo trabajo de consultoría para Sonangol.

Al igual que a Boston Consulting, a PwC le pagaba Wise Intelligence por su trabajo en Angola, y esta también auditaba los estados financieros de las sociedades controladoras en Malta que manejaban la empresa suiza de joyería.

En cuanto al capital de dos Santos, la mayoría de su fortuna está fuera de Angola, gran parte de ella en paraísos fiscales de donde será difícil sacarla.

This article originally appeared in The New York Times.


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