Cómo empeoró la ansiedad social de los jóvenes durante la pandemia

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La estudiante de la Universidad de Ottawa, Nevandria Page, se sienta para un retrato en Ottawa, Ontario, el 5 de septiembre de 2021 en Canadá. (Nasuna Stuart-Ulin/The New York Times)
La estudiante de la Universidad de Ottawa, Nevandria Page, se sienta para un retrato en Ottawa, Ontario, el 5 de septiembre de 2021 en Canadá. (Nasuna Stuart-Ulin/The New York Times)

Un estudiante tuvo varios ataques de pánico a la semana, estando a solas en su habitación. Otra sentía que le temblaban las manos cuando caminaba por calles concurridas. Una más se escondió en un baño mientras estaba en un restaurante con amigos, y se preguntaba por qué se estaba hiperventilando en su propia fiesta de cumpleaños.

Todos ellos viven con cierto grado de ansiedad social, un problema que va en aumento entre los jóvenes porque ese trastorno, agravado por la pandemia e intensificado por los meses de aislamiento, alimenta el retraimiento social y afianza los hábitos de reclusión.

Según el Instituto Nacional de Salud Mental de Estados Unidos, entre el 9 y el 10 por ciento de los jóvenes y adolescentes estadounidenses padecen este trastorno, que se define como un miedo intenso a que los demás los observen y juzguen. Ahora, según los psicólogos, muchos han sentido que su timidez extrema se agudiza.

Esa fue la experiencia de Garret Winton, de 22 años, de Tallahassee, Florida. Winton recordó una tarde de mayo en la que se acurrucó en la cama y se puso dos dedos en el cuello. Supuso que tenía unos 130 latidos por minuto. La señal de otro ataque de pánico, el cuarto que sufría esa semana.

Le detectaron ese trastorno en la escuela secundaria y lo dominó en la universidad, pero perdió el control durante la pandemia, en especial aquella tarde en la que hiperventilaba a solas en su habitación, enfrentándose a los factores que aumentaban su ansiedad: el aislamiento, los agotadores turnos de trabajo como auxiliar de enfermería y los mensajes de texto que le enviaban sus amigos y se acumulaban sin que pudiera responderlos.

Ahora, con dificultades para respirar y viendo manchas negras, recordó que en el transcurso de la pandemia perdió gran parte de los avances que había logrado en el control de su ansiedad social.

“Estaba mejorando”, afirmó Winton. “Pero la pandemia detuvo el avance y provocó un retroceso”.

Una fotografía sin fecha proporcionada por Lauren Ruddock muestra a Lauren Ruddock, de 27 años, quien afirma que la pandemia de coronavirus revirtió algunos de sus progresos en el manejo de la ansiedad social que la ha afectado desde los 9 años. (Lauren Ruddock vía The New York Times)
Una fotografía sin fecha proporcionada por Lauren Ruddock muestra a Lauren Ruddock, de 27 años, quien afirma que la pandemia de coronavirus revirtió algunos de sus progresos en el manejo de la ansiedad social que la ha afectado desde los 9 años. (Lauren Ruddock vía The New York Times)

A medida que Estados Unidos continúa su resurgimiento gradual de los confinamientos, algunos jóvenes vuelven a lidiar con los síntomas del trastorno y encuentran nuevas inseguridades: miedo a los espacios públicos y reticencia a salir con los amigos. Según los expertos, el resultado ha sido un debilitamiento perjudicial de sus capacidades de socialización, lo que acentúa los posibles efectos duraderos de la pandemia en la salud mental de toda una generación.

Muchos jóvenes dicen que junto con estos sentimientos hay una presión para disfrutar de su juventud, a la vez que saben que la pandemia y su ansiedad social les han impedido dar los pasos más sencillos de la edad adulta, como conocer a nuevos compañeros de trabajo en persona, tener citas o simplemente divertirse con los amigos en una noche de fiesta.

“A medida que empecemos a socializar más, es probable que veamos mayores índices de ansiedad social que los que había antes de la pandemia”, aseveró Paula Yanes-Lukin, profesora adjunta de psicología de la Universidad de Columbia y del Instituto Psiquiátrico del Estado de Nueva York.

Cuando Nevandria Page, de 25 años, se trasladó a Ottawa, Ontario, en junio para cursar una maestría, al principio se sintió entusiasmada por explorar una nueva ciudad. En el pasado, siempre le había gustado salir a comer con sus amigos y descubrir cafeterías nuevas.

“Pero después, cuando salíamos, me sentía muy nerviosa y ansiosa, y sentía que todo el mundo me miraba”, recordó Page. “Sentía que estaba muy expuesta y bastante vulnerable”.

Temía salir de su casa. Pedir un café la hacía tartamudear y, cuando se hizo por primera vez unas trenzas africanas azules, sintió que la gente la miraba, así que se recargó en un edificio y lloró en voz baja, nerviosa por cómo la juzgarían los demás.

“Estuve sola durante toda la pandemia y creo que ese sentimiento de soledad me persiguió, a pesar de que ya podía volver a salir”, señaló Page.

Varios estudios y psicólogos de todo Estados Unidos prevén que el trastorno será más frecuente en los próximos meses, lo que provocará mayores índices de depresión, la cual ya afecta a cerca del 13 por ciento de los adultos de entre 18 y 25 años.

“Para los jóvenes, en particular, es preocupante porque es un momento en el que están construyendo esas habilidades sociales, y no han tenido tantas oportunidades como los adultos de más edad”, comentó Yanes-Lukin.

Según un estudio publicado en The Journal of the American Academy of Child & Adolescent Psychiatry, la ansiedad de los estudiantes respecto al regreso a clases presenciales podría ser mayor debido a las “fobias sociales” generadas por la pandemia.

Por eso, muchos centros educativos de todo el país están tratando de ofrecer más recursos de salud mental este otoño.

La Universidad de Alabama en Birmingham les está pidiendo a los profesores que estén atentos a señales de que un estudiante sufre de ansiedad social, como la impuntualidad y la falta de compromiso en el salón de clases, después de ver un aumento del 20 por ciento en los pacientes en el centro de asesoría estudiantil desde 2019.

“Si el personal docente no está consciente de la ansiedad social y su impacto, podría suponer que a los estudiantes no les importa o están desinteresados”, aseveró Angela Stowe, directora de los servicios de asesoría estudiantil de la universidad. “En realidad, tiene mayor relación con el miedo a participar en clase, equivocarse o a parecer tontos”.

Nanichi Hidalgo-González, de 21 años, de Tallahassee, dijo que estaba nerviosa por volver a la Universidad Estatal de Florida para las clases presenciales de este año.

Antes de la pandemia, dijo, era una “persona sociable a la que le encantaba hablar con la gente”. Ahora, está asistiendo con un terapeuta debido a su ansiedad, y a pesar de haber recibido la vacuna contra el COVID-19, sigue confinada en casa y casi siempre sale solo para cargar gasolina e ir al supermercado.

“Si salgo en ocasiones, me siento como si estuviera en una burbuja y tú estuvieras a punto de reventarla”, comentó.

Este año fue a un restaurante con unos amigos para celebrar su cumpleaños, pero experimentó náuseas y claustrofobia que son síntomas de un ataque de pánico.

“Quiero vivir mi vida; quiero experimentar esto de la universidad”, dijo. “Pero luego siento que solo deseo quedarme en casa porque no quiero salir y sentirme nerviosa”.

© 2021 The New York Times Company

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