La emoción de Soledad Silveyra y Verónica Llinás en el estreno de Dos locas de remate

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La emoción de Verónica Llinás y Soledad Silveyra en el estreno de Dos locas de remate
Gerardo Viercovich

Soledad Silveyra estaba en Salta cuando se enteró de que los teatros porteños volvían a abrir, luego del parate impuesto en abril. “Me tomé el primer vuelo que pude”, contó la actriz hace una semana, en una entrevista radial, en la que reveló, además, que tanto ella como su compañera Verónica Llinás estaban ansiosas por estrenar, finalmente, Dos locas de remate, la obra que vienen ensayando, primero de manera presencial y luego virtual, desde hace varios meses. “La noche del estreno, cuando podamos abrazarnos a lo lejos, va a ser un momento glorioso”, preveía. Y esa noche, finalmente llegó.

Este viernes a las 19.30, las actrices subieron al escenario del teatro Astral para darle vida a esas dos hermanas que se reencuentran luego de 20 años. Y aquella predicción de Silveyra se cumplió: tras la primera función, la emoción se apoderó de ellas, una emoción distinta a la de cualquier otro debut, la emoción de haber concretado, casi, una epopeya.

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Con inmensos ramos de flores, abrazadas, y con los ojos llenos de lágrimas, las dos actrices agradecieron la presencia del público que, debido a las normas vigentes para frenar el avance de la pandemia de Coronavirus, no superaban el 50 por ciento de la capacidad del teatro.

Soledad Silveyra y Manuel Gil González, tras la primera y esperada función
Gerardo Viercovich


Soledad Silveyra y Manuel Gil González, tras la primera y esperada función (Gerardo Viercovich/)

La pieza del español Ramón Paso, adaptada por Manuel González Gil, iba a estrenarse el 15 de abril, y aunque el retraso fue un duro golpe en un principio, con el tiempo las actrices supieron capitalizarlo: “Este parate nos vino bien. Vero y yo pasábamos todos los días la obra, después una vez por semana y después una vez por mes”, explicó Silveyra.

De la mano, Silveyra y Llinás agradecen al público
Gerardo Viercovich


De la mano, Silveyra y Llinás agradecen al público (Gerardo Viercovich/)

Su compañera, en tanto, le explicó a Telam que “lo mejor de volver al teatro es conectar con la fantasía, con el pensamiento, salir un rato de la realidad, que es muy agobiante y, en el caso de esta obra, conectarse con la realidad pero desde otro lugar, porque las relaciones intrafamiliares, la locura, también es la realidad”.

Las actrices y el director, en el escenario del teatro Astral
Gerardo Viercovich


Las actrices y el director, en el escenario del teatro Astral (Gerardo Viercovich/)

Las dos coinciden en que ese tiempo imprevisto les sirvió para encontrar el punto exacto desde el que querían abordar el texto. “Quienes vengan a vernos, se van a encontrar literalmente con dos locas de remate. Son dos hermanas que se llevan pésimo, una vive en la calle y le va a pedir auxilio a la otra y se da una convivencia que es insoportable y desopilante. Creo que le pudimos encontrar a esta comedia protagonizada por dos mujeres a las que les pasan todas las desgracias del mundo ese tono que queríamos las dos para divertirnos, para no exagerar y que todo se dé de manera orgánica y no efectista. Estamos muy felices las dos”, indicó la protagonista de Campeones de la vida.

Maria Kodama, una de las invitadas de lujo en la noche del debut
Gerardo Viercovich


Maria Kodama, una de las invitadas de lujo en la noche del debut (Gerardo Viercovich/)

En la obra, Silveyra le pone el cuerpo a una mujer que queda en la calle y recurre a su hermana, una violinista exitosa y cruel, el personaje que encarna Llinás. “Está llena de manías, TOCs -le contó la actriz a Telam-, es como una sociópata que vive sola y muy aislada del mundo. Solo va a tocar el violín cuando tiene que hacerlo y tiene una asistente alemana que le salva la vida, que respeta todas sus manías y el orden de sus cosas y que justo ese día no puede ir a trabajar. Eso coincide con la llegada de esta hermana que perdió todo, que quedó en la calle, y que fue la que se hizo cargo de la madre de ambas en su momento, porque mi personaje se borró. Así que de pronto se encuentran y se necesitan de algún modo. Tienen una vida de mierda, pero lentamente empieza a salir todo y a generarse cambios y un vínculo que no existía, se modifican las dos. Eso es lindo”, indicó.

Soledad Silveyra con su familia, luego de la función
Gerardo Viercovich


Soledad Silveyra con su familia, luego de la función (Gerardo Viercovich/)

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