Elecciones en Venezuela: cómo sigue la oposición tras la derrota ante el chavismo

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Nicolás Maduro calificó el resultado electoral como una "tremenda victoria"
Getty Images

CIUDAD DE PANAMÁ.- “Tremenda victoria nos regaló el pueblo. Vamos a garantizar con nuestro trabajo un destino grande y poderoso para construir juntos la nueva prosperidad”. Nicolás Maduro celebró la victoria electoral chavista como casi siempre: ni las declaraciones ni los resultados acarrearon sorpresas tras el cierre de las urnas.

El chavismo ganó “porque un gobierno autoritario gana las elecciones por abstención de sus adversarios o por fraude”, recordó el politólogo Ángel Álvarez en medio del festejo chavista (sin gente, solo sus dirigentes) y de las tribulaciones de la oposición.

El final del escrutinio arrojó la incertidumbre con dos gobernaciones en las cuales los candidatos de la oposición real disputan voto a voto la victoria, incluida la emblemática Barinas, la cuna del “comandante supremo” Hugo Chávez. Todas las demás se repartieron tal y como anunció el Consejo Nacional Electoral (CNE) en la madrugada: 18 estados y la capital Caracas para el chavismo y tres para la oposición.

La abstención fue tan alta como se esperaba, del 58%, producto de múltiples causas: la desafección del chavismo, la división opositora, el hastío nacional, la incredulidad ante las leves reformas electorales y los cuatro millones de votantes que viven en el extranjero sin capacidad para el voto.

Además, tradicionalmente los comicios locales concitan menos atención de la gente, multiplicada este año hasta convertirse en las elecciones con menos votación junto a las parlamentarias del 2020. En Caracas la abstención incluso se disparó hasta el 70%.

El Presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, muestra su voto acompañado de su nieta.
Javier Vegas


El Presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, muestra su voto acompañado de su nieta. (Javier Vegas/)

Una evidente llamada de atención a la Unidad Democrática pero también para la revolución, que sigue perdiendo votos en cada elección: ha pasado de los 7 millones y medio para Maduro en 2013 a los 3.722.656 del domingo, alrededor del 45%. “Cada día el desgaste es más grande, cada día merma su base dura. Puede gobernar en minoría algún tiempo más, pero la tendencia amenaza su statu quo”, resumió el sociólogo Damián Alifa.

Un dato importante, a falta del escrutinio final, es el número de alcaldías conquistadas por el antichavismo frente al oficialismo, que ha pasado de las 27 actuales a más de 80.

Diferencias en la oposición

Pese a todo, en la oposición, se repartían las culpas con estridencia, como siempre, aunque algunos nombres propios emergieron de otros tiempos. “Es el momento de rectificar para relanzar la política opositora”, subrayó Manuel Rosales, nuevo gobernador del estado petrolero del Zulia y excandidato presidencial que cayó derrotado en 2006 frente a Chávez.

En parecidos términos se pronunció Juan Guaidó, presidente encargado, que se ha mantenido en segundo plano durante la campaña y que ni siquiera llamó a votar por sus aliados. En su llamado a la reunificación, una vez más, descartó a los partidos que colaboran con el gobierno desde una falsa postura opositora: “Brito (uno de los diputados subvencionado por el magnate colombiano Alex Saab) no es opositor, es un alacrán captado por la dictadura”.

La Alianza Democrática, compuesta por partidos colaboracionistas y partidos intervenidos por el gobierno, ha dejado escapar la victoria en los estados de Táchira y Lara por unos miles de votos. En el estado fronterizo con Colombia, ruta obligada para la diáspora interminable, ha perdido la actual gobernador, Laidy Gómez, para dar paso al policía Freddy Bernal, que en los últimos años ha ejercido como su “protector” por designación presidencial.

El líder de la Unidad Democrática no concedió ganancia alguna a Maduro: “Sigue siendo el derrotado, quiso maquillar (las elecciones). Hoy sigue siendo ilegítimo”.

“Insistir en votar de cualquier manera, ante una ciudadanía depauperada que sabe que ese voto absolutamente condicionado no cambiará sus condiciones de vida, es la receta segura para la pérdida de toda credibilidad. Y para un político la credibilidad lo es todo”, advirtió el profesor de Ciencias Políticas Miguel Martínez Meucci.

Los desperfectos ocasionados por un proceso plagado de obstáculos para los opositores que se atrevieron a presentarse amenazan con convertirse en nuevas heridas para la oposición, que ni siquiera ha cerrado las viejas cicatrices.

No obstante, el politólogo Luis Salamanca, antiguo rector del CNE, avizora lo que él mismo denomina un trienio del cambio democrático (2022-2024), un periodo en el que “se debe preparar una gran estrategia electoral que concluya con un candidato unitario para las presidenciales de 2024. Hay que tomar el 21-N como un gran calentamiento de motores y neumáticos para para enfrentar una larga carrera”.

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