Elecciones en Estados Unidos: Joe Biden ganó tras alcanzar los votos y Donald Trump presenta batalla legal

Rafael Mathus Ruiz
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WASHINGTON.- Joseph R. Biden será el próximo presidente de Estados Unidos. Luego de un largo escrutinio que enervó al país, Biden, 77 años, fue declarado ganador de las elecciones presidenciales al alcanzar la mayoría en el colegio electoral gracias a triunfos ajustados en cinco estados pendulares donde el presidente, Donald Trump, había conseguido una victoria hace cuatro años: Pensilvania, Michigan, Wisconsin, y Arizona y Georgia, dos enclaves republicanos que Biden dio vuelta.

El resultado fue rechazado por Trump, quien se ha negado a conceder su derrota, y ha denunciado fraude y ha acusado a los demócratas, sin pruebas, de querer "robar" la elección. En un último intento por retener el poder, Trump reclamó en la Justicia la impugnación de votos por correo -un método utilizado este año mayoritariamente por los demócratas-, en los estados donde esos sufragios le jugaron en contra. Pero sus primeras demandas fueron rechazadas. Trump amenazó con llevar la disputa hasta la Corte Suprema.

"¡GANÉ ESTA ELECCIÓN, POR MUCHO!", tuiteó el mandatario, justo antes de que los medios declararan ganador a Biden,

El triunfo de Biden -que debe ser certificados por las autoridades estatales antes de que el colegio electoral lo proclame presidente electo- cerró una elección histórica y dramática que mantuvo en vilo al país y al mundo durante cinco días de escrutinio a cuentagotas por el aluvión de votos por correo, que fue seguido minuto a minuto por millones de personas durante una semana en la que pocos pudieron pegar un ojo o despegarse de los televisores. Al final, Biden se encaminaba a obtener 306 electores, la misma cantidad que consiguió Trump hace cuatro años. El estado que le otorgó la victoria fue Pensilvania, donde nació, que le permitió llegar a 273 votos electorales.

"Debemos dejar atrás la ira y la demonización. Es hora de que nos unamos como nación y sanemos. No será fácil, pero debemos intentarlo", afirmó Biden anoche en un discurso en el que se ya se mostraba como presidente electo.

El camino de Biden a la Casa Blanca comenzó a allanarse ayer, cuando pasó al frente por apenas 1097 votos en Georgia, un estado que Trump confiaba en ganar, y que los demócratas habían capturado en una elección presidencial por última vez en 1992, con Bill Clinton. Unas horas después, Biden también dio vuelta Pensilvania, su estado natal, luego de pulverizar una ventaja de Trump de más de 300.000 votos para pasar a liderar por más de 13.000 con el avance del conteo de los votos por correo. La agencia de noticias AP, CNN y Fox News lo declararon ganador después de que Biden amplió su ventaja en Nevada y en Pensilvania.

Una elección histórica

Fue una elección acorde a 2020. Este año, millones de norteamericanos, sobre todo, demócratas, decidieron votar por correo para eludir el riesgo de contagio del coronavirus, una decisión que provocó una avalancha de votos ausentes, y alargó el escrutinio. Trump había atacado durante todo el año al voto por correo, al socavar su confiabilidad y tildarlo de fraudulento, y afirmar que sería utilizado para "arreglar" la elección. Nunca aportó pruebas, y su ofensiva, respaldada por varios republicanos, aniquiló todos los intentos por reforzar el sistema electoral de los estados a tiempo para la elección. El resultado fue un recuento lentísimo, dispar, y un resultado que demoró casi una semana y quedó embarrado por denuncias infundadas de fraude.

Crispado y extenuado, Estados Unidos aguardó impertérrito la definición de una de las elecciones más cruciales de su historia, unos comicios que, lejos de cerrar las divisiones en el país, apuntan a dejarlo aún más enfrentado.

Trump, su familia, sus más leales aliados y sus seguidores desplegaron una intensa campaña para deslegitimar el resultado de los comicios con acusaciones infundadas de fraude desplegadas en mensajes de texto y comunicados de la campaña, tuits, conferencias de prensa, monólogos en medios conservadores y manifestaciones. Hubo protestas a favor y en contra del conteo en las ciudades donde continuaba el escrutinio, como Filadelfia, en Pensilvana, o Phoenix, en Arizona, donde decenas de manifestantes trumpistas -algunos armados- se congregaron frente a la alcaldía con carteles que decían: "Cuenten votos legales", o "Detengan el robo".

"Si cuenta los votos legales, gano fácilmente. Si cuenta los votos ilegales, pueden intentar robarnos la elección", dijo Trump en un explosivo mensaje al caer la noche del jueves en la sala de prensa de la Casa Blanca, que generó rechazo incluso dentro del oficialismo. "Los demócratas nunca creyeron que podrían ganar esta elección con honestidad. Realmente lo creo. Es por eso que hicieron el voto por correo, donde hay una tremenda corrupción y fraude", denunció.

Unas horas antes, con otro tono, Biden había pedido mantener la calma y respetar el conteo, y reiteró su confianza absoluta en que, una vez finalizado el escrutinio, sería declarado ganador.

"En Estados Unidos, el voto es sagrado. Así es como la gente de esta nación expresa su voluntad. Y es la voluntad de los votantes, nadie ni nada más elige al presidente de los Estados Unidos", afirmó Biden, antes de que se cantara el resultado de Pensilvania, que le abrió la puerta a la presidencia.

La victoria de Biden fue declarada por la agencia AP. A esa altura, Biden ampliaba su ventaja en el voto popular al sumar casi 74 millones de votos, o el 50,5%, contra cerca de 70 millones de Trump, un 47,8%. El mapa mostraba a Biden con 284 votos electorales -la proyección de la agencia AP le otorgó Arizona, aunque otros medios mantenían ese estado en disputa- con la posibilidad de llegar a 306, mientras que Trump sumaba 214.

Pese al desenlace de la elección, el rechazo de Trump a conceder la elección y su ofensiva legal anticiparon una dura pelea y sumaban incertidumbre por el futuro del país. La ofensiva judicial del mandatario podía llegar a terminar en una decisión de la Corte Suprema de Justicia, donde Trump colocó tres jueces conservadores durante su mandato, y caldear aún más los ánimos de una sociedad fracturada lista para copar las calles, además de comprometer la gobernabilidad futura de la primera potencia global con una transición conflictiva.