Elecciones en EE.UU.: cómo viven las horas decisivas las campañas de Donald Trump y Joe Biden

Rafael Mathus Ruiz
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WASHINGTON.- Confianza y paciencia en el búnker de Joe Biden. Y puños cerrados y espíritu combativo en el equipo de Donald Trump. Las dos campañas presidenciales viven las horas posteriores a la elección presidencial escarbando datos distrito a distrito y puliendo la estrategia que seguirán en los próximos días a medida que la pelea electoral se convierte en una batalla legal.

Desde que se conocieron los primeros resultados, la campaña de Biden buscó proyectar confianza en medio del nerviosismo demócrata por el desenlace. El primer encargado de bajar esa línea fue el propio Biden, esta madrugada, cuando subió al escenario montado en Wilmington, Delaware, y le dijo a su gente que estaban en camino de ganar la elección y que solo hacía falta contar todos los votos. "Mantengan la fe, vamos a ganar esto", cerró el exvicepresidente.

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Fue un mensaje cortísimo: Biden habló apenas tres minutos, se mostró sonriente y confiado, y auguró que terminarían ganando los tres estados del Cinturón del Óxido -Wisconsin, Michigan y Pensilvania- donde se terminará de definir cuál de los dos candidatos se queda con el Colegio Electoral. A esa altura, la sensación de déjà vu se había instalado en el país, pero desde la campaña insistían en que Biden terminaría ganando los estados del "muro azul" que Trump robó hace cuatro años.

El discurso sirvió para enviar una señal de optimismo a los demócratas de todo el país, pero también a la Casa Blanca: Biden dio por zanjada la contienda y dejó en claro que sólo restaba esperar los votos. Pero, detrás del triunfalismo para las cámaras, la campaña de Biden y los demócratas veían con cierta desazón números que fueron muchísimo más ajustada de lo que esperaban.

A sabiendas de que Trump y su equipo amenazarían con abrir una batalla legal para desafiar el recuento, la campaña de Biden desplegó una doble estrategia: se aferró al mensaje público de que Biden ganará si los votos se terminan de contar, y comenzó a tejer en privado una defensa legal si es que la Casa Blanca decide llevar la contienda a la Justicia.

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La campaña de Trump se instaló en el Edificio Ejecutivo Eisenhower, en la Casa Blanca, en una atmósfera de mayor nerviosismo. En el búnker de Trump la elección tampoco fue como esperaban. Aunque el sólido triunfo de Trump levantó los espíritus apenas comenzaron a caer los resultados, la avanzada de Biden en Arizona, un bastión republicano, alteró el clima. Nunca un republicano consiguió la presidencia o la reelección sin triunfar en Arizona. Trump y su equipo estallaron de furia cuando vieron que Fox News declaró ganador a Biden.

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Ya en las primeras horas de la madrugada, cuando las primeras tendencias indicaban que la elección se movería en su contra, el equipo de Trump pasó a modo de guerra. Visiblemente molesto y un tanto desencajado, el presidente cargó contra el recuento desde el atril de la Casa Blanca, denunció un intento de fraude y acusó a los demócratas de querer robarse la elección. La pelea siguiente quedó abierta.

La campaña de Trump comenzó a preparar la ofensiva legal, y buscó instalar el mensaje de que Trumpo ganó si se consideran los votos "legalmente emitidos". El presidente despachó a Rudy Giuliani a Pensilvania, y su equipo se aprestaba a reclamar un recuento en Wisconsin y Michigan.

Trump continuó con su ofensiva en contra del recuento en Twitter, donde muchos de sus mensajes quedaron bloqueados por la red social por desparramar desinformación sobre la elección. Combativo y fiel a su estilo, era evidente que Trump estaba dispuesto a dar pelea hasta el final para retener la presidencial.