Elecciones en EE.UU. El veredicto en un condado pendular de Florida: una disputa muy cerrada

LA NACION
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ST. PETERSBURG, Florida.- Dan Parri, un abogado de la ciudad de Clearwater, amaba conducir por el pueblo con el Club Jeep del condado de Pinellas, hasta que algunos miembros comenzaron a adornar sus vehículos con banderas de la campaña 2020 de Donald Trump.

Así que Parri habló, luego siguió hablando. La bandera Confederada también lo molestaba, les dijo a sus compañeros entusiastas del Jeep, al igual que el racismo sistémico que conllevó el asesinato de George Floyd. Y cuando sus palabras encontraron resistencia, fundó lo que él llama un "club progresista de Jeep".

"Tenemos alrededor de 70 miembros", dijo, parado con orgullo al lado de su Jeep, al que llamó Prometheus y decoró con globos rojos, blancos y azules; una bandera estadounidense; una bandera del movimiento Black Lives Matter; otra bandera con el arcoiris LGBT que encontró en Amazon, y mucha parafernalia de la campaña de Joe Biden y Kamala Harris, la fórmula demócrata que hoy busca derrotar a Trump.

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En cualquier otro año, uno podría calificar el nuevo club de Parri como otra curiosidad en el condado de Pinellas, en Florida, que tiene una población de 974.996 personas. Pero en 2020, en el estado pendular que coronó a los anteriores presidentes por pequeños márgenes, mucho en este país depende de la importantísima cuestión de quién flamea qué bandera en qué Jeep. Muchos ojos estarán pegados a este tramo de la costa central del Golfo, que incluye el liberal St. Petersburg y el conservador Clearwater, el centro de vacaciones y base de la Iglesia de la Cienciología.

La población del condado de Pinellas, de la cual aproximadamente tres cuartas partes es blanca, incluye un buen número de jubilados mayores y mujeres suburbanas, dos grupos que, según muestran las encuestas, favorecen significativamente a Biden. Sin embargo, las preferencias de voto de este año del condado son mucho más difíciles de discernir: entre los votantes registrados, alrededor de 256.000 están registrados como demócratas y cerca de 252.000 como republicanos.

Eso deja a Pinellas como un condado pendular en un estado pendular.

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"En Florida, somos otro crisol y todos traen sus valores de lo que tienen consigo -correcto, incorrecto o indiferente", dijo Shawn Berger, de 48 años, que vive en Dunedin, en el extremo norte del condado, y trabaja en información tecnológica.

Después de que Barack Obama ganara el condado de Pinellas por amplios márgenes en 2008 y 2012, Trump triunfó por poco aquí, por aproximadamente 6000 votos, de aproximadamente medio millón emitidos. Hillary Clinton visitó Florida más que cualquier otro campo de batalla en el último mes de la campaña presidencial de 2016, gastando mucho en anuncios en todo el estado. Pero los observadores poselectorales dijeron que sus apelaciones a los votantes de clase media en el condado de Pinellas no resonaron tan bien como los de Obama.

En estos días, con la mayoría de las encuestas indicando que nadie sabe quién se quedará con Florida, Trump y Biden arrasaron el área una vez más en la recta final.

Ambos hombres realizaron mitines en las cercanías de Tampa, el jueves, que subrayaron las realidades opuestas que cada candidato habita ahora: la reunión de Biden fue con distanciamiento social y se enfocó en el número de muertos por coronavirus, mientras que Trump no tomó las precauciones y repitió afirmaciones sin fundamentos sobre los tratados comerciales del hijo de Biden, Hunter, en Ucrania.

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Berger asistió al mitin de Trump, llegando a Tampa a las 23:30 la noche anterior, con un grupo de amigos, para asegurarse de que serían los primeros en entrar al estadio para ver al presidente.

Berger, un conservador que dijo que había bloqueado a Fox News en las redes sociales por ser "demasiado convencional", dijo que disfrutó del entusiasmo de la multitud y del discurso del presidente. Incluso hizo que su hija se tomara un día libre de la escuela para asistir al mitin con él porque, dijo, "sintió que sería una buena experiencia de aprendizaje, para que ella pudiera aprender algo de historia y política de primera mano".

"¿Es grosero? ¿Tiene mentalidad de vestuario? ", preguntó el señor Berger, refiriéndose al presidente. "Sí, seguro, pero no lo contrato para que sea amable".

Un viaje hacia el sur desde la casa del señor Berger en Dunedin y el panorama político cambia. St. Petersburg -una vez ensombrecida por el centro de retiro en la playa de Clearwate- se transformó en los últimos años, que trajeron una mezcla de gentrificación y políticas progresistas. Las banderas de Trump en su mayoría desaparecen, reemplazadas por banners del orgullo gay y tiendas de comida orgánicos.

En un viaje corto hasta el Estadio Tropicana, Terri Lipsey Scott, directora del Museo Afroamericano Carter G. Woodson de la ciudad, dio un discurso en honor al representante John Lewis, el demócrata de Georgia y referente de los derechos para votar que murió durante el verano.

En el encuentro, los oradores principalmente se enfocaron en lo que dijeron "eran esfuerzos para bloquear a los votantes para que emitieran su voto este año", y cómo combatirlos. Esos esfuerzos incluyeron uno de los republicanos de Florida, quienes eludieron un referéndum en todo el estado para extender la franquicia a exdelincuentes, al exigirles que paguen las tasas judiciales. Se cree que uno de cada cinco afrodescendientes en Florida tiene una condena por delito grave y podría estar inhabilitado para votar debido a ello.

Scott terminó su discurso pidiendo a los asistentes, a quienes estaban estacionados y escuchando desde sus autos, que conduzcan en un convoy por la ciudad en apoyo de Biden -como lo habían hecho los partidarios de Trump por su candidato en los últimos días-.

"Recibí una llamada de la policía local diciendo que si bloqueamos el tráfico, nos multarán", dijo. "No estoy alentando a nadie a violar la ley, pero hoy es un día para algunos 'buenos problemas'", agregó, utilizando una de las frases características de Lewis, durante sus luchas por los derechos civiles.

El factor del desempleo

Al otro lado de la ciudad, en una fila de voto anticipado, Albert Hill, de 22 años, parecía menos atrapado en la política del año que en la ansiedad de ser un recién graduado de la universidad en un mercado laboral sombrío. Hill, quien había trabajado brevemente para una empresa de ropa después de obtener un título en marketing de moda en mayo, se quedó sin trabajo después de que la pandemia cerró gran parte de la economía del condado.

"Son los próximos cuatro años en los que tendré que pensar más en quién es elegido y qué puestos de trabajo existen", dijo. Hill estaba votando por Biden.

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Al final de la calle estaba Billy Overcast señalando el día despejado con una mano y, en la otra, tenía una bandera de "Trump 2020".

Dijo que entendía las preocupaciones del señor Hill, como un joven que se enfrenta a la incertidumbre económica. Overcast descubrió recientemente que uno de sus hijos adultos votaría por Biden.

Overcast dijo que, en su opinión, había criado a todos sus hijos como conservadores políticamente y culturalmente, incluso enseñándole a uno de ellos a disparar con una pistola calibre 22 que le habían regalado cuando era más joven. "Realmente no funcionó", expresó.

Un vecino que andaba en bicicleta cerca se sacó los auriculares y gritó que Trump era un dictador.

El señor Overcast suspiró. Dijo que vivir en el mismo condado que la sede de la Iglesia de la Cienciología le había enseñado a tolerar casi cualquier punto de vista, incluso ese del vecino, de quien sospechaba que le había robado el cartel de Trump de su césped.

Overcast dijo que el sistema de seguridad de su hogar había filmado al culpable. Pero en vez de confrontar al vecino, Overcast compró otro letrero. "Pero a este lo até con hilo de pescar a un árbol en mi jardín", dijo.

The New York Times