Elecciones en Cataluña: después de una década perdida, la política sigue fracturada

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Un hombre emite su voto en un colegio electoral en L'Hospitalet de Llobregat, cerca de Barcelona, durante las elecciones regionales en Cataluña el 14 de febrero de 2021.
Un hombre emite su voto en un colegio electoral en L'Hospitalet de Llobregat, cerca de Barcelona, durante las elecciones regionales en Cataluña el 14 de febrero de 2021.

BARCELONA.- Cataluña celebró sus cuartas elecciones autonómicas desde que hace diez años el entonces presidente de la Generalitat, Artur Mas, proclamara el inicio de lo que bautizó como “proceso de transición nacional”, el procés en jerga popular. Más allá de los resultados entre independentistas y no independentistas, la polarización de la sociedad catalana sigue vigente, ahora con la preocupación por las cicatrices que está dejando la crisis del coronavirus. El debate territorial, según mostraron las encuestas, ha dejado de ser la prioridad. Lo que dista de mejorar es la valoración sobre la situación política: hasta un 84% la califica de mala o muy mala, según el último barómetro del Gobierno catalán.

Tres son los partidos que se disputaron el primer puesto: el Partit dels Socialistes (PSC), Esquerra Republicana (ERC) y Junts per Catalunya. El ganador de ayer, sin embargo, no necesariamente gobernará por los entresijos de pactos que habrá que tejer para lograr una mayoría, acuerdos que están en cuarentena por los vetos cruzados entre partidos y el muro infranqueable que sigue siendo la cuestión independentista. De ahí el riesgo de que Cataluña continúe empantanada en lo que algunos observadores han calificado de “década perdida” por el bloqueo institucional aparejado al procés, la falta de avances en el autogobierno y la pérdida de empuje económico ante otras comunidades más dinámicas. En este sentido un dato clave es que Madrid superó a Cataluña en producto interior bruto en los últimos años.

Mientras se sucedían presidentes, coaliciones de gobierno inestables, una declaración fallida de independencia, encarcelamiento y huida de sus responsables y hasta una intervención de la autonomía, la sociedad catalana se ha ido petrificando en dos bloques.

Más de cinco millones de votantes fueron convocados a las urnas el domingo en el noreste de Cataluña. para unas elecciones que medirán el impacto de la pandemia de coronavirus en el movimiento secesionista de la región inquieta.
AP / Emilio Morenatti


Más de cinco millones de votantes fueron convocados a las urnas el domingo en el noreste de Cataluña. para unas elecciones que medirán el impacto de la pandemia de coronavirus en el movimiento secesionista de la región inquieta. (AP / Emilio Morenatti/)

La socióloga Marina Subirats resume así la situación: “Para muchos la independencia es su apuesta contra el mundo, algo que defienden tozudamente, pese a no ser realizable a corto plazo, mientras otros apuestan por pasar página sin lograr asentar un proyecto alternativo”.

Subirats, expresidenta del Instituto de la Mujer y exconcejal de Barcelona por el PSC, vaticina que lo más probable es que de estas elecciones surja otro gobierno independentista y considera que esto no hace más que “seguir debilitando a Cataluña”, especialmente porque insistirá en ideas no factibles. “Un alto dirigente de ERC me dijo una vez que la independencia no llegaría hasta al menos dentro de dos generaciones”, recuerda.

Así que la gestión del “mientras tanto” se adivina como principal caballo de batalla de la política catalana en los próximos años. Para unos será gestionar mientras no llega la independencia; para otros, cómo salir al paso de la situación mientras no se apacigua el embrollo político, que sigue marcado por la situación de los líderes del procés, algunos en la cárcel, otros escapados de la justicia a Bélgica.

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El temor de los agentes sociales y económicos no es tanto a que Cataluña siga bajo un gobierno independentista –muchos lo dan por hecho, aunque descarten otra declaración de independencia– sino que prosiga el clima de bloqueo. “Cataluña ya ha perdido una década y ahora, con la crisis del coronavirus, es urgente no perder más tiempo, por lo que pedimos que la prioridad del nuevo gobierno sea pactar un presupuesto con apoyo amplio que permita hacer frente a la emergencia social y la reconstrucción del tejido productivo”, resume Josep Sánchez Llibre, presidente de Foment, la principal patronal catalana.

Acuerdos complejos

No será fácil llegar a estos acuerdos. El PSC de Salvador Illa iba al frente, pero su anunciado acuerdo con En Comú Podem, los comunes, el referente catalán de Unidas Podemos, no bastaría para gobernar. Y los partidos independentistas han cerrado la campaña poniendo por escrito que no negociarán con los socialistas la formación de ningún gobierno.

El otro problema es que tampoco el bloque independentista tiene garantizado constituir un Ejecutivo, por las incógnitas de si podrían encabezarlo los puigdemontistas de Junts o si esta vez los números le darían a ERC para intentar llegar al país.

La fuerza que puedan tener los votos obtenidos por la Candidatura de Unidad Popular (CUP) –en 2016 ya forzó el relevo de Artur Mas– y la irrupción o no del independentismo pragmático del Partido Demócrata Europeo Catalán (PDeCAT) cierran el círculo de incógnitas.

Mucho más remota se plantea la posibilidad de un gobierno socialista con apoyos de la derecha, inmiscuida en una lucha encarnizada entre Partido Popular (PP) y Vox por liderar su respectivo segmento en Cataluña.

El problema es que los vetos políticos por el procés afectan también a la renovación de los organismos públicos, comenzando por el ente gestor de la televisión catalana y acabando por la fijación de prioridades del gobierno.

El secretario general de UGT de Cataluña, Camil Ros, opina que esta polarización está detrás de problemas como que la Generalitat se haya pasado tres de los últimos cuatro años sin presupuestos vigentes. “Por eso necesitamos presupuesto urgentemente para 2021 si no queremos perder todo este año, que ya sabemos que será de una grave crisis económica”.

Algo más optimista se muestra Aurora Catà, presidenta de la asociación de impulso económico BCN Global. Afirma que lo más urgente ahora es un acuerdo de partidos a favor de la recuperación económica, pero considera que el punto de partida de Barcelona y Cataluña no es malo si se deja al margen la crisis económica global. “La apuesta que necesitamos por el crecimiento tiene una base buena con empresas tecnológicas y clústeres de innovación y salud que funcionan, como BCN Health Hub”, explica.

© El País, SL