El vagabundo que pinta en las calles de Buenos Aires y expone su arte en Facebook

En una esquina de Buenos Aires, mientras los autos esperan el cambio del semáforo, Marley pinta sobre un rústico caballete ubicado en la vereda. Si llueve protege la pintura en su “carro”; pero el sol, aunque combina con el frío increíble este mediodía es intenso, y trabaja con ánimos.

Marley/Leandro Estupiñán para Yahoo Noticias.

Mucha gente pasa, observa de reojo y pregunta: “¿Lo hiciste vos?” Al responder que sí, recibe felicitaciones. Algunos lo conocen del barrio.

“¡Provecho, chicos!”, saluda Marley a dos escolares que comen facturas mientras él revisa los detalles de su obra.

“Estaba en una de robots, pero un día me levanté a las tres de la mañana y me puse a dibujar esto. Es un paisaje mediterráneo. Será alguna imagen de la infancia, no sé…”

Marley es Diego Martin Cuevas, y aunque dice haber tenido casa y autos, la calle es su hogar, el palacio del que ostenta, su futuro y su presente desde hace bastante. “Quedé a la deriva por la depresión. Tengo exmujeres e hijos, hermanastros, gente de mucha plata, pero como adopté esta vida bohemia no me ven”, asegura.

Marley/Leandro Estupiñán para Yahoo Noticias.

Cuando tuvo el alumbramiento de que su vocación por la pintura podría ayudarlo, comenzó a hablar de un “emprendimiento personal”. Vende cada vez que puede y con ello se paga alimentos, un teléfono o la estancia en los ciber para conectarse a Facebook donde expone y promueve su obra.

“Empecé a pintar para tener un trabajo, para salir de la calle. Fue como una chispa.”

En su página artistadiegomartincuevas cuelga las reproducciones en proceso y las terminadas: rostros de Thor, Frida Kahlo y el Che Guevara. También ha logrado barcos que vienen del ocaso y un yaguareté. Junto a cada una deja fragmentos íntimos que ayudan a perfilar su personalidad.

Marley/Leandro Estupiñán para Yahoo Noticias.

Se considera un artista plástico callejero a quien le gusta dar de comer a las palomas, padece hipertiroidismo hace 10 años y por ello ha vivido crisis de pánico que persisten hasta tres horas y lo han llevado al verdadero infierno. Hace meses compartió pieza con un amigo, pero decidió abandonarla. “En la calle me siento libre de verdad”.

En Facebook insiste en lo que parecen sus obsesiones: los perros y los teléfonos. “Siempre he tenido celular. Con ellos he escrito todo lo que me ha pasado”, advierte mirando de soslayo a quienes se detienen para verlo hablar ante el teléfono con el que lo grabo.

Marley es un hombre obeso, de barba copiosa, anteojos de pasta negra y manos limpias pese al descuido que puede suponer su realidad. Cubre su cabeza con un gorro negro que me recuerda demasiado a Ignatius Reilly, el memorable protagonista de La conjura de los necios, aquel que solía decirnos: “El universo se basa en el principio del círculo dentro del círculo”.

Marley/Leandro Estupiñán para Yahoo Noticias.

“Un día fui a pegar una siesta y me robaron la perra”, dice Marley: “Ya me había avisado de algunos intentos de robo en la madrugada, porque esta ciudad de día es una cosa, pero de noche es otra; aparecen los tranza, los que se prostituyen, los fisura… Los vecinos no saben porque cierran sus puertas, pero yo que vivo en la calle…”

Oriundo de Carrasco, Montevideo, Diego Martín vive en Buenos Aires hace 40 años, cuando sus padres se divorciaron y él tenía dos. La madre, quien lo cruzó el Río La Plata, falleció cerca de sus 12 y desde entonces pasó a vivir con abuelos y tíos hasta que también fallecieron.

Para su adolescencia le interesaban las computadoras y la programación fue uno de sus pasatiempos preferidos. “Tuve una colección de virus en disquetes”, dice: “programaba mucho. Me gusta trabajar con el java”. Y respecto al talento de la pintura, asegura que es algo que lleva en los genes.

“Estaba con unos amigos, sabían que me gustaban las computadoras pero no que pintaba. Éramos como 15, muy jóvenes, estaba amaneciendo y les pregunto: ¿Quieren que les dibujen algo con carbón? Uno de ellos tenía una remera con Bob Marley. Agarré el carbón y en la pared me puse a dibujar. Primero se cagaban de risa, pero cuando terminé… ¡me comí una de puteadas de buena onda! Me dijeron: ¡Eres una mina de diamante en bruto! A partir de ese día tuve que hacer retratos de todos los parientes muertos de mis primos.”

Marley/Leandro Estupiñán para Yahoo Noticias.

Desde entonces es Marley, o sea: Diego Martín Cuevas, otro hombre que vive en las calles de Buenos Aires. A veces recibe encargos o logra comercializar sus reproducciones, incluso asegura haber recibido invitaciones para exponer en ciertas galerías.

También suele pasar desapercibido mientras trabaja en su esquina que es de todos. Hay gente que no ve lo que sucede en las veredas, menos puede percibir lo que sucede al interior de las personas.

Antes de despedirnos se queda pensativo. “Yo tenía una vida refeliz, de verdad, como la canción del Oso”, entonces se pone a cantar: “Yo vivía en el bosque muy contento, caminaba, caminaba sin cesar, pero un día vino el hombre con sus jaulas y así perdí mi amada libertad.”