El turismo de nadie quiere: los peligros de los buscadores de opio y ayahuasca

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El turismo de la droga llega a España en busca de la amapola blanca, que crece silvestre en los campos de Castilla-La Mancha y Castilla y León. Su savia blanca y pegajosa tiene un alto contenido de alcaloides, que se usa para la elaboración de la morfina y la heroína. (Getty Images)
El turismo de la droga llega a España en busca de la amapola blanca, que crece silvestre en los campos de Castilla-La Mancha y Castilla y León. Su savia blanca y pegajosa tiene un alto contenido de alcaloides, que se usa para la elaboración de la morfina y la heroína. (Getty Images)

El turismo es viajar por placer. Pero el turismo de drogas es mucho más específico. Se trata de trasladarse a una zona o un país exclusivamente para obtener o usar algún tipo de sustancia. Estas pueden ser legales, como el alcohol y los medicamentos, o ilegales como la cocaína, la marihuana, el opio y los hongos mágicos.

Investigadores de la Facultad de Medicina de la Universidad de California en San Diego advirtieron que el turismo de drogas ha sido el combustible de un nuevo brote de VIH en Tijuana, ciudad mexicana fronteriza con Estados Unidos.

En una conferencia sobre Retrovirus y Enfermedades Oportunistas, los científicos dijeron que la tasa de incidencia del VIH entre las personas que usan drogas en Tijuana había aumentado a un 11 por cada 100 años-persona, una medida estadística que se traduce aproximadamente en 11% por año.

La preocupación es que el incremento ocurrió en un momento en que la frontera entre Estados Unidos y México estaba cerrada. Los investigadores creen que el alza se alimentó del turismo de drogas, que es la modalidad usada por los estadounidenses de permanecer en México por períodos prolongados para comprar y usar drogas más baratas.

Los científicos aducen que los virus no requieren pasaportes para propagarse y las fronteras no impiden la entrada de enfermedades infecciosas.

En México también es problemático el consumo de hongos con psilocibina en localidades del sureño estado de Oaxaca y la ingesta de peyote alucinógeno en Wirikuta, un desierto de más de 140 mil hectáreas que se encuentra en San Luis Potosí, México. Los turistas buscan consumir esas sustancias psicoactivas a pesar de que está prohibido por la Ley General de Salud.

Una elección problemática

La Unión Europea ha elaborado descripciones detalladas de los tipos de personas que eligen esta opción turística. La realidad es que no existe un perfil único al hablar de un turista que busca drogas.

Un grupo considerable viaja para conseguir tratamientos médicos que son prohibitivos en sus países de origen. El mercado mundial de turismo médico movió entre 74.000 millones y 92.000 millones de dólares en 2019.

En el caso de algunos turistas más jóvenes, muchos sólo quieren experimentar. El problema es que detrás de la vivencia que los chicos perciben como la iniciación a la adultez existe un entramado de traficantes y peligrosas mafias.

Los países latinoamericanos más propensos a atraer el turismo de drogas son México, Bolivia, Perú, Colombia y Uruguay. Pero no son los únicos. Hay conocidos destinos que son un imán para los que buscan el consumo de sustancias como India, Tailandia, Myanmar, Laos e Indonesia.

Los viajeros que salen de sus países en busca de drogas pasan por alto los serios peligros a los que se enfrentan, como problemas de salud, sobredosis, atracos, accidentes o problemas con la policía. Las legislaciones varían de país a país y hay lugares donde se penaliza con firmeza la tenencia y consumo de estupefacientes.

Los turistas occidentales tampoco tienen plena consciencia de la escasez de recursos asistenciales en los lugares donde consiguen droga barata. Obtener atención médica en caso de sobredosis o reacción inesperada a un medicamento en áreas remotas muchas veces es imposible. El idioma también puede ser una barrera para describir los síntomas o el historial médico.

De Ámsterdam a La Mancha

Ámsterdam es una de las capitales europeas conocida mundialmente por sus leyes flexibles para el consumo de cannabis en cafés y bares. Pero su alcaldesa, Femke Halsema, está considerando restringir el uso de la marihuana en lugares públicos como la única opción para controlar el mercado de drogas blandas de la ciudad.

“Muchos de los principales problemas de la ciudad son generados por el mercado del cannabis: desde las molestias causadas por el turismo de drogas hasta los delitos graves y la violencia. Prohibir la venta a los turistas es una intervención necesaria… y el primer paso hacia la regulación”, expresó Halsema a la prensa local.

Los quechuas, una etnia diseminada por Suramérica, con importantes poblaciones en Perú, Ecuador, Bolivia, Chile y Argentina, no ven con buenos ojos el turismo de la droga que visita los remotos pueblos amazónicos en busca de sus ancestrales plantas medicinales.

Los occidentales han viajado desde hace décadas a Colombia, Ecuador y Perú en busca del Ayahuasca, una combinación de plantas que puede producir alucinaciones.

Algunos rechazan el aumento de los retiros de esa droga en sus pueblos porque en el idioma quechua, ayahuasca significa soga de la muerte, y piensan que con eso no se debe jugar. Además de que se ha convertido en un negocio multimillonario que ha enriquecido a unos pocos, mientras las comunidades siguen en la pobreza.

El turismo de ayahuasca también ha impulsado la caza furtiva de jaguares y otras actividades destructivas para el medio ambiente.

El llamado Triángulo Dorado, formado por Tailandia, Laos y Birmania, también ha sentido las secuelas del turismo de drogas.

Las autoridades tailandesas, y las de sus vecinos a lo largo del río Mekong, han denunciado una expansión continua de la producción, el tráfico y el uso de drogas, particularmente de drogas sintéticas, durante la última década.

Y en España, la prensa ha informado sobre un temerario tipo de turista que recorre los pueblos de España en busca de morfina.

Datos de Naciones Unidas afirman que España es el mayor productor legal de opio y paja de adormidera en el mundo, con 113 toneladas de equivalente de morfina anuales, frente a las 75 toneladas que produce Francia y Australia, las 69 toneladas de Turquía y las 27 de India. Y la empresa Alcaliber es la única autorizada por las autoridades sanitarias españolas para controlar los cultivos y fabricar los derivados del opio, que son la base la morfina y una serie de medicamentos hospitalarios para calmar el dolor intenso.

Consumidores y traficantes viajan de distintas partes de Europa para conseguir la savia de la planta de la amapola, que se ha propagado naturalmente por los campo y que ahora abunda en Castilla-La Mancha y Castilla León.

Aunque muchos logran pasar semanas sin ser detectados entre los campos de la adormidera, otros han sido arrestados y un par de chicos encontraron la muerte.

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