El triunfo de Newsom en California reivindica su política anticovid-19 y prueba el rechazo que allí persiste hacia Trump y afines

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Los votantes de California decidieron por una amplia mayoría de 63.9%, según datos preliminares, mantener en su puesto al gobernador demócrata Gavin Newsom, que fue sometido a un referendo de promovido por la oposición republicana e impulsado, en su momento, por malestares sociales relacionados al manejo de las restricciones para frenar la pandemia y otros asuntos en ese estado.

El gobernador demócrata de California, Gavin Newsom, permanecerá en su puesto luego de que el no a su destitución obtuvo caso dos tercios de los votos en el referendo del 14 de septiembre de 2021. (Reuters)
El gobernador demócrata de California, Gavin Newsom, permanecerá en su puesto luego de que el no a su destitución obtuvo caso dos tercios de los votos en el referendo del 14 de septiembre de 2021. (Reuters)

El intento de destituir a Newsom fracasó rotundamente y ello ofrece diversas lecturas, tanto en lo relacionado con las razones y las personas que impulsaron el referendo especial como sobre el contexto político estatal y nacional con miras a las próximas elecciones de noviembre de 2020, en las que presumiblemente Newsom buscará reelegirse por cuatro años más y en las que estará en disputa el control del Congreso federal.

En principio, la contundente derrota del sí a la destitución de Newsom indica que la población de California respalda de modo muy amplio las medidas de contención del covid-19 establecidas por el gobierno estatal, que fueron desde las restricciones a la actividad económica impuestas en 2020 hasta los mandatos de uso de mascarillas y de vacunación en ciertos ámbitos.

Eso muestra que quienes se han opuesto frontalmente a esas medidas, mayormente republicanos y personas de la derecha radical, no representan allí el sentir mayoritario de la población. Tienen ciertamente el derecho de expresar sus planteamientos y de recurrir a las opciones legales y electorales disponibles para promoverlos -incluido el referendo de remoción- pero con los resultados de la votación del pasado 14 de septiembre también quedó claro que en California, un estado de amplia mayoría demócrata y tendencia liberal, esos opositores y sus nociones suscitan amplio rechazo y son marginales.

En ese sentido, la presencia del comentarista de radio conservador Larry Elder como la opción principal para asumir la gobernatura en caso de que ganara el sí a la remoción de Newsom al principio no habría inquietado a la campaña del demócrata, pero el auge de Elder en las encuestas hace algunas semanas y el riesgo de que una baja participación electoral hiciera triunfar al sí motivaron que Newsom y otras importantes figuras demócratas (incluido el propio presidente Joe Biden) atacaran a Elder, quien llegó a ser calificado como una suerte de “clon” de Donald Trump.

Así, muchos votantes demócratas que quizá estaban apáticos ante estos comicios decidieron votar al entender la elección no como un sí o no a Newsom, sino como la disyuntiva entre retener a un gobernador demócrata o darle entrada a una suerte de sombra del expresidente Trump.

Así, no debe asumirse que el voto de casi dos tercios en favor de mantener a Newsom en su puesto fue un aval absoluto a su gestión, pues existen molestias sociales significativas en California. Y aunque más análisis es requerido, es de presumir que una porción significativa de quienes votaron no a la destitución de Newsom lo hicieron no porque tuvieran una percepción muy positiva de él o defendieran de modo indiscutible sus decisiones sino porque consideraron que la victoria del sí implicaría que el gobierno de California recaería en Elder, notorio por sus posiciones de derecha radical, con tintes sexistas y antiinmigrantes, que niegan que exista el racismo sistémico en el país y son complacientes con el supremacismo blanco. 

Además, Elder se ha opuesto a la expansión de servicios sociales y ha rechazado medidas importantes para mitigar el covid-19.

Al final, el objetivo de la campaña Newsom era derrotar el referendo revocatorio y por ello recurrió tanto a la defensa de la gestión del gobernador como al ataque a Elder, al que se asoció con la imagen de Trump, que resulta tóxica para amplios grupos sociales y es ampliamente rechazada en California, estado de tendencia liberal y largas mayorías demócratas.

Sea como sea, Elder en todo caso concitó apoyos importantes: los datos preliminares le dan el 47% de los votos de quienes optaron por seleccionar una alternativa a Newsom. Y aunque esos votos resultaron irrelevantes en el resultado electoral, dado que ganó el no, sí colocan a Elder en una posición reforzada de liderazgo en el ámbito conservador. Competir en 2022 por la gobernatura y retar de modo directo a Newsom es una posibilidad que ha ganado impulso tras el referendo reciente, pues mostró que Elder cuenta con un significativo apoyo popular entre los votantes republicanos.

El republicano Larry Elder, candidato a gobernador de California en el referendo de destitución de 2021.(Photo by Mario Tama/Getty Images)
El republicano Larry Elder, candidato a gobernador de California en el referendo de destitución de 2021.(Photo by Mario Tama/Getty Images)

Newsom ciertamente se fortaleció de cara a una campaña de reelección en 2022, si bien el ala izquierda del Partido Demócrata, que lo apoyó en este referendo, no necesariamente se plegará a él el próximo año y podría presentarle oposición en el proceso primario partidista.

La permanencia de Newsom disipó, además, algunos fantasmas que atormentaban a los demócratas. Por ejemplo, la posibilidad de que si un escaño de California en el Senado federal quedase vacante la designación para ocuparlo recayera en un gobernador republicano y con ello se perdiera el control demócrata de la Cámara alta.

Y también se temía que la tensión por el auge de la variante Delta del covid-19 pudiera ser tan grave como para desplazar a un gobernador en un estado de mayorías demócratas, lo que de constatarse podría ser un indicador ominoso para las contiendas electorales en otros estados.

En realidad, en California, la nueva oleada de la pandemia, que ha golpeado con rigor a los no vacunados y reimpuesto en numerosos contextos la necesidad de llevar cobertura facial para los vacunados, habría hecho que muchos cayeran en la cuenta de que medidas de mitigación del covid-19, que suscitaron el rechazo de los republicanos y otros, habrían sido en realidad pertinentes.

Y el triunfo del no a la destitución de Newsom, que tuvo su parte de no a Elder, tampoco puede inferirse como un rechazo generalizado y a escala general hacia Trump y figuras afines, pues el perfil político de California lo hace muy distinto a lo que sucede, por ejemplo, en estados de mayorías conservadoras como los del sur del país o en donde se da una competencia fuerte entre republicanos y demócratas. En esas regiones, la figura y la retórica de Trump continúa siendo dominante en la derecha.

Finalmente, se ha criticado mucho el actual modelo de referendo de revocación de California, que no solo resultó en esta ocasión muy costoso en términos económicos para los contribuyentes, sino que pudo conducir a que la gobernatura recayese en un candidato con el apoyo de una proporción comparativamente menor del electorado. Así, una reforma de la legislación al respecto podría darse en el futuro próximo.

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