El trato de favor del PP a algunos candidatos enciende las primarias

Asier Martiarena
Las diputadas del Partido Popular y candidatas a la presidencia del partido Soraya Sáenz de Santamaría y María Dolores de Cospedal (d) durante el pleno del Congreso. EFE/Ballesteros
Las diputadas del Partido Popular y candidatas a la presidencia del partido Soraya Sáenz de Santamaría y María Dolores de Cospedal (d) durante el pleno del Congreso. EFE/Ballesteros

Siempre ha habido clases. Y en el PP también. Las zancadillas que se están poniendo los diferentes candidatos a presidir el Partido Popular no siempre son tan visibles como las que el que fuera ministro de Exteriores en el primer Gobierno de Mariano Rajoy, José Manuel García-Margallo, le ha puesto a exvicepresidenta del Gobierno Soraya Sáenz de Santamaría para que no fuera portavoz del Grupo Popular en el Congreso de los Diputados. Recuerden que Margallo, entre otros, culpó a la vallisoletana de haber tomado “decisiones equivocadas”, sobre todo en Cataluña.

También las hay medio soterradas, como las que denuncia Pablo Casado en su contra: El exvicesecretario no ha querido señalar a nadie, pero ha afirmado ante los periodistas que hay “comunidades o provincias movilizando hacia un determinado candidato o no acudiendo a actos”.

Otras candidaturas, como la de José Ramón García-Hernández, afean al partido que haya rechazado cambiar las normas de funcionamiento interno -como levantar la mano con el cobro de las cuotas de militancia- para facilitar que el número de votantes fuera mayor. La baja participación puede hacer “más fácil al aparato” controlar la orientación del voto, aseguran fuera de micrófonos. “Se está bordeando el ridículo si sólo puede votar algo menos del 10% de los afiliados”, ha señalado García-Hernández.

Pero luego están las zancadillas invisibles. Que parece que tienen menos importancia, pero que levantan un sinfín de envidias y malas vibraciones. Hablamos de quien lo tiene más grande… el despacho. Tal y como informa Iñigo Aduriz en Eldiario.es, el reparto de recursos económicos y materiales del PP a todos los candidatos para su campaña no ha sido del todo equitativo.

El PP decidió mantener abierta la sede en julio, incluidos los fines de semana, para que los equipos se reunieran, organizaran entrevistas… Pero, como decíamos, siempre ha habido clases. El reparto de las salas ha provocado el descontento de algunas candidaturas, que denuncian precisamente la existencia de “desequilibrios”. Existe una “desigualdad” que es “sintomática” de “cómo se está manejando la campaña y controlando” desde la sede nacional del partido y por parte de “quienes ostentan cargos orgánicos o han ejercido importantes responsabilidades de gobierno”, informa Aduriz.

Y en esas quien gana es Cospedal, quien tiene el despacho más grande de todos. Y no sólo eso, sino que el suyo, en calidad de secretaria general del partido, está en la séptima planta del edificio. Donde se encuentra el despacho de Rajoy y sus colaboradores, ahora vacíos y que Cospedal puede ocupar con total libertad. Por detrás se encuentran Casado y Santamaría con despachos más pequeños que el de Cospedal, pero más grandes que el de los del resto, repartidos en plantas inferiores.

Las primarias son una guerra. Y todo vale. Incluidos esos detalles que parecen irrelevantes como los televisores con los que cuentan las candidaturas mayoritarias. No sabemos si se quejan de no poder hacer videoconferencias o de no poder proyectar documentación, o si por el contrario simplemente quieren poder hacer un alto en el trabajo para ver el Mundial. Pero hasta las teles son un arma arrojadiza en periodos de guerra.