El tercer género en español: un uso que pretende concientizar a “todes”

Yahoo Noticias International

Durante el último tiempo, Argentina, así como otros países de habla hispana, ha experimentado a lo largo del debate público la llegada del llamado “tercer género gramatical” para hablar.

El debate sobre este fenómeno se masificó en el país cuando una alumna de una escuela secundaria habló por televisión mientras se discutía en la Cámara de Diputados la legalización del aborto. Su discurso, a favor de la legalización, llamó la atención por la forma en que se refirió a sus compañeros: “les estudiantes”. La chica contaba que habían decidido tomar el colegio “hasta que termine la sesión de diputades”.

¿De dónde sale ese tercer género y qué significa?

La utilización de esta forma “inclusiva” en el lenguaje no surge en un contexto lingüístico sino de la mano de una ideología política: tiene detrás un posicionamiento respecto de la igualdad, asociado a las ideas del feminismo.

Los que están en contra del fenómeno han manifestado por qué consideran que se trata de algo incorrecto. La Real Academia Española fue la primera en advertir que es innecesario:

Este tipo de desdoblamientos son artificiosos e innecesarios desde el punto de vista lingüístico. En los sustantivos que designan seres animados existe la posibilidad del uso genérico del masculino para designar la clase, es decir, a todos los individuos de la especie, sin distinción de sexos: Todos los ciudadanos mayores de edad tienen derecho a voto.

La mención explícita del femenino solo se justifica cuando la oposición de sexos es relevante en el contexto: El desarrollo evolutivo es similar en los niños y las niñas de esa edad. La actual tendencia al desdoblamiento indiscriminado del sustantivo en su forma masculina y femenina va contra el principio de economía del lenguaje y se funda en razones extralingüísticas. Por tanto, deben evitarse estas repeticiones, que generan dificultades sintácticas y de concordancia, y complican innecesariamente la redacción y lectura de los textos.

El uso genérico del masculino se basa en su condición de término no marcado en la oposición masculino/femenino. Por ello, es incorrecto emplear el femenino para aludir conjuntamente a ambos sexos, con independencia del número de individuos de cada sexo que formen parte del conjunto. Así, los alumnos es la única forma correcta de referirse a un grupo mixto, aunque el número de alumnas sea superior al de alumnos varones.

En esta línea se encolumnaron figuras mundiales del habla hispana, como Arturo Pérez Reverte, quien dijo que abandonaría la academia si el lenguaje inclusivo se adoptase:


Esto ocurrió porque la vicepresidenta de España, Carmen Calvo, había pedido a los académicos de la lengua un informe para determinar si la Constitución de España está redactada en un lenguaje que refleje por igual la realidad de hombres y mujeres, y qué fórmulas podrían modificarlo en caso de que no sea así. “La Constitución en masculino se corresponde con una sociedad de hace 40 años y  hablar en masculino traslada al cerebro solamente imágenes masculinas”, había dicho Calvo.

Del otro lado, algunos insisten en la importancia de adoptar un cambio. “Este novedoso uso consiste en la creación de un tercer género gramatical con la utilización de la “e” en reemplazo del valor genérico, no marcado, que el masculino tiene en nuestra lengua para algunos pronombres, sustantivos y sus modificadores que refieran a seres animados. Dicho de otra forma, en español, como en muchos otros idiomas, el masculino cumple más de una función: en singular y en plural, sirve para referirse a hombres, pero también a la especie en su conjunto. Frente a esto, este tercer género propone limitar el masculino a la función específica de referirse solo a hombres, mientras ofrece otro -más preciso- para el valor genérico”, explicó Karina Galperín, Doctora en Lenguas y Literaturas Romances; profesora de la Universidad Torcuato Di Tella, en una nota en La Nación.

Lo primero a tener en cuenta que este señalamiento de la no inclusión del lenguaje del género femenino no es algo nuevo. De hecho, la estructura tradicional del español ya se ha intentado con arrobas, equis y asteriscos. Como esto es impronuncibale (“diputadxs”, por ejemplo), se optó por el uso de la “e”.

Entrevista a una estudiante durante que habla con lenguaje inclusivo, un programa de televisión de A24. (Captura de pantalla Youtube)

La descomposición hablada de esos signos de lo diverso en plurales binarios no parece contribuir demasiado. Tanta diversidad escrita para leer, finalmente, “todas y todos”. Un intento que ha conseguido cierto éxito en los mundos del castellano y el español es la introducción de una tercera vocal (signo, en este caso, de la diversidad como tercero excluido y ahora, por fin, nombrado). Todas, todos. Y todes. Nosotres, les todes diverses. Segunda complicación: ¿quién distribuye a quién en la escritura y la pronunciación de la diversidad? ¿Hacia dónde, y bajo los imperativos de qué gramática, lo que es decir, de qué orden de cuál mundo?”, explica Mauro Cabral, un activista argentino por los derechos de las personas intersex y trans.

Lo cierto es que esta incomodidad del lenguaje para nombrar y englobar viene desde hace tiempo. “La insatisfacción con el uso del masculino genérico lleva ya varias décadas. La solución con desinencia en e no es más que un mojón, no sabemos si el último, en un largo camino espontáneo de prueba y error. Vimos desdoblamiento (“diputados y diputadas”), que ofrece una alternativa pero duplica, en contra del principio de economía que suele prevalecer en la lengua. Vimos la x y la @ (“diputadxs”, “diputad@s”), igual de compactos que el masculino como genérico, más precisos, pero impronunciables”, dice, en el mismo sentido Galperín.

Para la especialista, el tema trasciende a la militancia feminista. “El tercer género no es resultado de un proyecto militante que busca cambiar el lenguaje para que el lenguaje cambie el mundo, sino más bien un intento espontáneo de que el lenguaje se adecue mejor a una realidad que ya cambió”, argumenta.

Y también trasciende fronteras. El fenómeno no es sólo de la Ciudad de Buenos Aires: se usa en distintos lugares del país y hasta en otros países de América Latina, como en Venezuela, fomentado por el presiente Nicolás Maduro.

Uso y costumbre: ¿suena raro?

¿Suena ridículo? ¿No es más ridículo pensar que el masculino engloba el femenino? Eso se pregunta Malena Nijensohn, licenciada en Filosofía (UBA), feminista.

“Quizás suena ridículo porque estamos acostumbradxs a una forma de lenguaje hetero-cis-normativa. Pero yo me pregunto: ¿no es más ridículo pensar que el masculino engloba el femenino? ¿No es más ridículo pensar que podemos saber el sexo-género de la otra persona, antes de preguntarle? O quizás habría que decir que más que ridículo es violento. Hay muchas violencias que tenemos internalizadas y naturalizadas al punto tal que no nos parecen ridículas. ¿Pero no lo son?”, explica a Yahoo.

Malena, quien es especialista en temas de género y realiza su doctorado en torno a esas temáticas, cree que el lenguaje, “tal como lo usamos -o, mejor dicho, como somos hablados por él- es patriarcal. En primer lugar porque es un lenguaje binario y todo binario implica indefectiblemente una jerarquía. En ese sentido, habría que pensar que el simple hecho de ser inscriptxs en el lenguaje al nacer ya está determinando algo que reproduce las relaciones de poder”, dice.

Y la jerarquía a la que refiere tiene que ver con que, por lo general, cuando hay un binomio hay preponderancia o preferencia de uno de los dos términos por sobre el otro: razón-pasión, luz-oscuridad, blanco-negro y, claro, masculino-femenino.

¿Qué es para Nijensohn un lenguaje inclusivo? “Sería un lenguaje que, de alguna forma, intente dislocar esas relaciones. Un ejemplo sería dejar de usar el masculino como universal (que, se supone, engloba el femenino también… ¿pero existe aquello que no se nombra?) o utilizar la “x” para dejar abierta la incógnita del sexo-género de aquello que se nombra (¿acaso es tan importante?)”, se pregunta en diálogo con Yahoo.

“Habría que pensar un entrecruzamiento entre lenguaje y relaciones de poder: políticas, sociales, económicas. No se puede pensar una cosa sin la otra”, cierra la especialista.

Quizás ahora nos suene raro, pero con el tiempo entendamos que más raro que el masculino englobe al femenino. Al fin y al cabo -como decía Nijensohn más arriba-, ¿existe aquello que no se nombra?

Debate en la TV

Un canal realizó una entrevista con dos especialistas: Lisa Kerner, artista y directora de Casa Brandon y Santiago Kalinowski, lingüista de la Academia Argentina de Letras.

Los distintos argumentos sirven para aclarar algunas de estas cuestiones. Miralo acá.