El suicidio de parar un país como México, aun con el coronavirus, y AMLO lo sabe

Foto: Toya Sarno Jordan/Getty Images

La pandemia creada por el coronavirus tiene repercusiones económicas que pueden ser devastadoras para países como México cuya economía pasa, según resultados de 2019, por un retroceso acreditado, en general, al inicio de un nuevo gobierno que planteó propuestas contrarias, en muchos sentidos, al neoliberalismo que se práctico por más de 30 años.

El avance del coronavirus se presenta de manera diferente en cada país afectado y cada nación aplica las medidas que tiene a su alcance para paliar sus efectos en la salud de su población y también en su economía. En el caso de México las determinaciones adoptadas por el gobierno del presidente Andrés Manuel López Obrador han sido calificadas por sus críticos como fuera de tiempo, al compararlas con las medidas adoptadas por otras naciones, sin tomar en cuenta que esas determinaciones corresponden a realidades diferentes y recursos distintos para instrumentar las medidas precautorias.

Es difícil que en gobierno de México decrete que se detengan todas las actividades productivas en el país de manera simultánea, porque no existen las condiciones económicas para hacerlo. La población económicamente activa pertenece al sector informal de la economía, es el 56 por ciento de la población que no puede quedarse en casa obligada por la pandemia pero que, si tiene que permanecer sin trabajar, debe recibir apoyo del gobierno para recuperar su negocio que representa el sustento de una o mas familias.

Son miles los negocios establecidos en las grandes, medianas y pequeñas ciudades de México que venden comida, ropa, calzado, y miles también los que laboran en bares y restaurantes en los que el ingreso principal de esos trabajadores está en las propinas que aportan los consumidores que, en la mayoría de los casos, son empleados del gobierno o alguna empresa.

Hoy esos negocios están en crisis financiera, porque la crisis del coronavirus mandó a los clientes a sus casas. Son millones de hombres y mujeres cuyo ingreso y gasto es diario, si no trabajan no comen. Algunos toman medidas paliativas para mantener su operación y defender su empleo, como hacen algunos restaurantes que disminuyen la entrada de comensales, obsequian gel antibacterial, utilizan guantes y mascarilla pero, aun así, la ausencia de público hace incosteable el negocio.

Son miles las actividades y millones de familias las que se ocupan en ofrecer sus servicios a quienes hoy están cuidando su salud y la de los demás al atender las recomendaciones de las autoridades de salud de mantenerse en casa.

El presidente Andrés Manuel López Obrador presentó la estrategia para hacer frente a la pandemia del coronavirus, en la que destaca la infraestructura sanitaria y de profesionales de la salud con la que cuentan diferentes instituciones públicas.

Informó en esa ocasión que ante la contracción de la economía no habrá rescate financiero del Estado para grandes empresas, como sucedió en el pasado.

Afirmó el presidente que esta vez se protegerá a los micros y pequeños empresarios, los que viven día a día, los más pobres porque son los que realmente crean los empleos y dan ocupación a millones de mexicanos. Informó que cuenta su gobierno con 400 mil millones de pesos, con los que se emprenderá un programa de apoyo para los microempresarios. Dijo que ya se reparte, entre 8 millones de adultos mayores, la pensión que les entrega su gobierno y la gasolina no debe venderse en más de 17 pesos el litro.

Los efectos económicos y sociales de la pandemia del coronavirus son enormes. El problema ha sido atendido en cada país de manera diferente. En México el gobierno de López Obrador actúa con prudencia al reconocer que nuestro sistema económico es frágil por carecer de un empleo formal mayoritario que dé ocupación a la población.

Los más afortunados trabajan desde su casa, utilizan la internet, cumpliendo sus rutinas de oficina o continuando con su negocio, son minoría. En México, no salir a trabajar no es opción para el 56.2% de la población que, según el INEGI, labora en el sector informal.

En medio de esta crisis de salud que podría convertirse en una crisis económica aún mayor, el presidente López Obrador reitera su consigna de que “Por el bien de todos, primero los pobres”. Parece que ya lo entendieron los grandes empresarios que ofrecieron su solidaridad y recursos para equipar hospitales y los partidos de oposición que propusieron una tregua para enfrentar entre todos esta crisis. Tiene sentido.


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