El secreto más sucio de Raqqa: así se permitió que huyeran más de 4.000 militantes del ISIS

A mediados de octubre de 2017 la coalición internacional por fin consiguió tomar Raqqa, el principal bastión que le quedaba al Estado Islámico en Siria. Sin embargo, la victoria no fue tan limpia como nos contaron ni terminó con el cese de las actividades del grupo en el país. La BBC acaba de revelar, en una investigación exclusiva, cómo hubo un pacto secreto que permitió que 250 combatientes del grupo terrorista y sus familias escaparan de la ciudad sanos y salvos con sus armas. La recuperación de Raqqa no salió gratis.

El 12 de octubre por la mañana Abu Fawzi, un experto conductor de camiones encargado de llevar cargas en uno de los territorios más peligrosos del mundo, estaba preparado, junto a otros compañeros, para hacer una entrega que supuestamente les iba a llevar unas 6 horas. Pero cuando vieron el panorama se dieron cuenta que no era lo que les habían dicho. Era una carga humana y el tiempo que necesitaron fue de tres días.

Los soldados kurdos celebran la victoria en Raqqa (Reuters).

Había más de 3.000 personas esperando a ser transportadas (250 soldados del ISIS y sus familias) junto con toneladas de armas y munición. El acuerdo había sido adoptado por los funcionarios locales y debía ser mantenido en secreto. Tras la marcha de los terroristas, Raqqa por fin se vería liberada sin más derramamiento de sangre, tras cuatro meses de intensos combates, pero también posibilitaba que cientos de militantes del Estado Islámico pudieran marcharse libremente de la ciudad.

El pacto era perfectamente conocido por la coalición, tal y como admitió su portavoz, el coronel Ryan Dillon: “No queríamos que nadie saliera, pero todo depende de los sirios. Ellos son los que luchan y mueren, ellos toman las decisiones sobre las operaciones”, recalcó.

Según los propios conductores implicados en la operación, el convoy tenía 50 camiones, 13 autobuses y más de 100 vehículos. 10 de los camiones estaban cargados con arma y municiones pese a que el acuerdo especificaba que solo podían llevar armas personales.

Otro de los acuerdos que se alcanzó era que ningún combatiente extranjero (solo sirios o iraquíes) podía salir de Raqqa con vida, sin embargo, tampoco se cumplió a rajatabla. Los propios conductores, que después iban a ser compensados por su trabajo con miles de dólares, admitieron que habían llevado varios extranjeros, entre ellos franceses, turcos, egipcios, chinos o tunecinos.

Mapa en el que se señala el pueblo de Markada (Google Maps).

La caravana abandonó Raqqa y se adentró en el desierto, mientras que los aviones de la coalición supervisaban la operación desde el aire. Finalmente en una aldea entre Markada y Al-Suwar, un territorio que aún está en manos del ISIS, los conductores pudieron dejar su carga y dar media vuelta. Raqqa ya estaba liberada, pero los huidos ahora pueden expandirse a otros terrenos. La lucha contra el Daesh todavía sigue su curso.