El PRI, un partido que nunca existió y que se dio un balazo en el pie

Foto: Archivo Cuartoscuro

Los efectos de los resultados electorales del 1 de julio son diversos para la sociedad mexicana. Los sentirá la política con la consolidación del partido ganador y la crisis de los perdedores. El caso del Partido Revolucionario Institucional (PRI) llama la atención por ser significativo en la construcción del México que gobernó por más de 70 años.

La derrota del candidato José Antonio Meade es la del PRI, que se precipitó el 1 de julio pero se empezó a fraguar con mucha anticipación. Dice Francisco Labastida, excandidato del PRI perdedor en el año 2000 que “el PRI se dio un balazo en el pie desde el momento en que cambió los estatutos”, en la 22 Asamblea Nacional del PRI, de agosto de 2017, lo que creó las condiciones para que el partido postulara como candidato a la presidencia a José Antonio Meade.

Para Labastida, los resultados electorales del 1 de julio son consecuencia de la mala organización del PRI y de la selección de candidatos de mal perfil para competir. (Milenio, 11 de julio de 2018)

El ahora expresidente del PRI, René Juárez Cisneros, consideró que algunos de los errores que llevaron a la crisis son “falta de democracia interna y la elección de candidatos ajenos a la base del partido”.

“En el caso de Meade, creo que fue un espléndido candidato. Quizá el concepto de inicio, de pensar o concebir que se podía mover de manera muy rápida y de manera inercial un apoyo de los priistas y de corrientes de ciudadanos hacia nuestro candidato, no se dio en los hechos como se preveía teóricamente”.

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Reconoce Juárez Cisneros que, además de los problemas internos del PRI, fue factor se la derrota del partido la percepción ciudadana sobre la corrupción en el Gobierno federal. “Ahí hubo un problema de irritación social, sí, que fue expresado en las urnas, sí. Solamente quien se quiera engañar a sí mismo no se dará cuenta. Reconozco que había una irritación social muy grande, muy amplia, lo
percibí”. (Reforma, 11 de julio de 2018)

Es un hecho que la disputa por el control del PRI ya empezó y con la llegada de Claudia Ruiz Massieu a la dirigencia del partido se puede ver qué grupo es el que ha tomado la delantera, al mismo tiempo que el exgobernador de Oaxaca, Ulises Ruiz, busca encabezar al PRI a partir del próximo año, con la intención de llevar a cabo una elección abierta a la militancia del partido en los primeros meses de 2019.

Para lograr su propósito Ulises Ruíz creó la corriente Democracia Interna del PRI e hizo un llamado a la renovación de la dirigencia actual.

Según el exgobernador de Oaxaca, se debe llevar a cabo la reestructuración del PRI para que la militancia elija a sus dirigentes, se abran elecciones internas y se elijan candidatos.

“Necesitamos que nos vean cambiar en los hechos y no es un tema de cabezas, porque el resultado electoral derrumbó a las vacas sagradas.

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“No nos quebremos la cabeza buscando quién se debe quedar con el partido, quién debe dirigir, por eso perdimos: por el rechazo de la misma militancia y por el secuestro del partido”. (El Universal, 11 de julio de 2018)

La crisis que afecta al PRI por los resultados electorales es la segunda en su historia, el año 2000 le sucedió lo mismo cuando perdió la presidencia. En su segunda oportunidad no supo convertirse en un verdadero partido político y cuando Peña Nieto llegó al poder, conforme a su historia iniciada en 1929, volvió a subordinarse en términos absolutos a la voluntad del presidente, así lo ha hecho a
lo largo de su vida, es el mecanismo de negociación política del presidente en turno.

En esta ocasión, una vez más, el presidente en turno avasalló a la “militancia” del PRI, cambiando los estatutos, imponiendo candidato a la presidencia y organizando la campaña.

En realidad su “militancia” está agrupada en los sectores y gremios que por décadas se mantuvieron en su estructura, lo que no significa que sus dirigentes sean leales al partido, cuando primordialmente cuidan sus propios intereses.

Eso que conocemos como Partido Revolucionario Institucional no ha existido, por más que ahora propongan su reestructuración, cuando deberían pensar en su fundación como partido político, que signifique una alternativa de gobierno para la ciudadanía y no el refugio de los viejos y mañosos políticos que por décadas han medrado del presupuesto público, “para no vivir en el error”.

La autocrítica en el PRI es poca, será benéfico para el partido, si tienen otra oportunidad de gobernar, apoyar a su presidente, no ser su incondicional y decirle no cuando le pida que se dé un balazo en el pie.