El preocupante efecto de la contaminación por microplásticos en el sexo de las tortugas marinas

Las ingentes cantidades de desechos que la humanidad produce y vierte en el aire, las aguas y la tierra han generado ya profundo deterioro y desequilibrio en el medio ambiente y son una continua amenaza para el futuro de la vida en el planeta en modos que en varios casos aún estamos comenzando a comprender.

Por ejemplo, sus efectos en el sexo de las tortugas marinas.

Y no se trata de un chascarrillo o una digresión sino un campo de investigación real y específico que se ha emprendido en las playas y aguas del Golfo de México por científicos de la Universidad Estatal de Florida.

Arenas de playa más calientes, producto de su contaminación con microplásticos, pueden producir que nazcan más tortugas marinas hembra que machos. (AFP)

Como narra la profesora Mariana Fuentes en The Conversation, su equipo investigador comenzó a identificar y cuantificar los residuos plásticos que se han acumulado en un área costera de Florida, en el área del Golfo de México en el norte de ese estado, que es de importancia para el anidamiento y la reproducción de las tortugas marinas, especies que actualmente están amenazadas en Estados Unidos y otros países.

Hallaron que la cantidad de microplásticos que se han esparcido y acumulado en las playas de la región han alterado su composición, lo que podría tener un singular y preocupante efecto para las tortugas marinas. Los microplásticos son finas partículas de plástico, ya sea producto de la fragmentación de materiales de mayores tamaños u originalmente elaboradas en diminutas dimensiones, como es de uso en muchos objetos y productos de uso industrial y comercial.

Entre cinco millones y 14 millones de toneladas de microplásticos llegan a los océanos cada año, de acuerdo a cifras de National Geographic.

La considerable cantidad de esos microplásticos puede trastocar la temperatura de la arena donde las tortugas ponen sus huevos. Y dado que el sexo de las tortugas se define en el embrión en función de la temperatura en la que se incuba el huevo, el calentamiento que supone una considerable acumulación de microplásticos en la arena puede suscitar que nazcan más tortugas hembras y menos machos de los que nacerían en condiciones naturales.

De acuerdo a Fuentes, si los huevos de tortuga marina son incubados a temperaturas de entre 23 y 29.5 grados centígrados, el embrión se desarrolla con sexo masculino, y si la temperatura es de entre 29.5 y 34 grados con sexo masculino. Así, arenas más calientes producirán más tortugas hembras y menos machos, lo que puede alterar la reproducción y preservación de esa especie.

Por añadidura, como indica la investigadora, sustancias químicas y otros contaminantes presentes en la playa y las aguas costeras también pueden producir efectos nocivos en esa especie (y en general en todo el ecosistema), aunque aún no se ha logrado cuantificar en qué medida los microplásticos en la arena podrían incrementar su temperatura y cuál sería la magnitud de su efecto en el nacimiento y reproducción de las tortugas marinas.

Pero la investigación citada, que aún tiene un amplio campo para ampliarse y desarrollarse, por lo que nuevas revelaciones podrían incrementar el conocimiento sobre las implicaciones e impactos de los microplásticos en esa y otras especies. Lo que es cierto en todo caso es que las fibras y partículas plásticas constituyen una avalancha contaminante y ominosa que debe ser contenida para mitigar los daños medioambientales y propiciar la recuperación de espacios y especies.

La reducción sustantiva del uso, por ejemplo, de bolsas y pajillas de plástico es una medida posible y pertinente, aunque existe una enorme variedad de fuentes de polución plástica, sobre todo de partículas pequeñas, que es difícil de contener. Por ejemplo, detergentes de ropa y vajillas, filtros de cigarrillos y ropa de fibras sintéticas son fuentes de microplásticos contaminantes y abundantes.

La conciencia en el uso y el consumo es, por ello, fundamental. Tanto para evitar el gasto y el dispendio como para proteger la naturaleza, el sexo de las tortugas y, a la postre, la propia supervivencia humana.

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