El papa habla con los jóvenes en la catedral erigida sobre las cenizas de la guerra

Tokio, 24 nov (EFE).- El papa Francisco ha elegido para reunirse este lunes con los jóvenes de Japón la catedral de Tokio, un templo que simboliza el renacer del país y que fue levantado sobre las cenizas que dejaron los bombardeos de la II Guerra Mundial.

La catedral de St. Mary, en el distrito tokiota de Bunkyo, ya fue sede, hace 38 años, de un encuentro parecido del papa Juan Pablo II, en la anterior visita de un pontífice a Japón, y con el mismo propósito servirá en esta ocasión.

"La catedral de Tokio es el símbolo de Iglesia Católica", declaró a Efe el vicario general del Arzobispado de Tokio, Bartholomew Inagawa, antes de comenzar un recorrido por los amplios espacios del templo.

El acto de este lunes, agregó, busca ser "una reunión de diálogo, porque el papa insistió en reunirse para hablar con los jóvenes".

El escenario elegido está considerado como el recinto más importante que visitará el papa en Japón durante su visita a este país, que estará en Nagasaki e Hiroshima antes de cerrar su viaje en la capital japonesa.

Se da la circunstancia de que Francisco recorrerá en esta visita dos escenarios diseñados por quien está considerado como el padre de la arquitectura japonesa, Kenzo Tange (1913-2005): la catedral tokiota y el Centro de la Paz de Hiroshima.

Y las dos obras simbolizan la idea del renacer de Japón tras la II Guerra Mundial. Si en Hiroshima se levantó para rendir un homenaje a las miles de víctimas que causó la primera bomba nuclear lanzada en un conflicto bélico, la catedral también tiene su propia historia.

EL EDIFICIO ORIGINAL

El edificio original, de madera y estilo gótico, con suelo de tatami, fue construido como capilla en 1899, y en 1920 se convirtió en la catedral de Tokio.

Un bombardeo aéreo que castigó a Tokio el 25 de mayo de 1945 y el incendio posterior convirtió el lugar en cenizas, y sobre ellas se levantó la nueva catedral.

Tange emprendió la labor para levantar la catedral tokiota en 1960 y las obras quedaron completadas el 9 de diciembre de 1964.

Tiene un plano de cruz latina, con ocho paraboloides hiperbólicos y los muros externos cubiertos con placas de acero inoxidable, que resaltan el brillo del edificio, muy visible en las fechas soleadas de esta época del año en Japón.

Dotada con un campanario de 60 metros de altura, separado del recinto principal, la catedral de Tokio tiene un impresionante órgano fabricado en Italia que se alza hacia el techo, el mayor que funciona actualmente en Japón.

"Entre muchos arquitectos japoneses, habrá pocos que están capacitados mundialmente para ser dignos de diseñar una gran catedral católica", sostiene el padre Inagawa.

Aunque siempre se ha destacado su espíritu vanguardista, al vicario general del Arzobispado de Tokio le inspira algo más: "Tiene una forma de techo que se asemeja a dos manos juntas para orar".

ACTO CON LIMITACIONES

El acto del lunes se ha organizado con esmero, pero también con cierta frustración, porque sólo cabrán dentro de la catedral cerca de mil jóvenes, y de ellos han sido elegidos tres representantes para dirigirse al santo padre.

El sacerdote lamenta que no quepan más jóvenes para este acto, aunque a las afueras del edificio principal de la catedral habrá jóvenes y niños llegados de distintos puntos de Tokio.

El papa recibirá como regalo un "happi", una prenda tradicional japonesa utilizada en ocasiones festivas, que irá adornado con mensajes de jóvenes. "Si el papa se lo pone, ellos estarán muy contentos", agregó

En Japón no llegan a medio millón de personas las que profesan la religión católica, el 0,34 % de la población, según datos oficiales, pero a la catedral de Tokio llegan muchos otros católicos llegados de otras naciones.

"Hay muchos extranjeros, por eso la iglesia no es sólo para los japoneses... Hay muchos, tal vez dos o tres veces más que los japoneses", dice el vicario general del Arzobispado.

"Por eso -agrega-, nos reunimos como católicos, superando las nacionalidades. Sería eso por lo que destaca Tokio".

Agustín de Gracia y Yoko Kaneko

(c) Agencia EFE