El origen nórdico del terrorismo de supremacía blanca y su expansión global por la web

El terrorista Anders Behring Breivik realiza un saludo nazi antes del comienzo de una audiencia en un tribunal. El noruego fue condenado a 21 años de prisión por el asesinato de 77 personas en dos atentados el 22 de julio de 2011. (LISE AASERUD/AFP/Getty Images)

Oslo se transforma en la segunda semana de julio. Sus habitantes aprovechan cada minuto de calor para reunirse y exponer sus cuerpos al sol en las plazas, los parques y en sus“playas urbanas”, que construyen con listones de madera a las orillas del fiordo.

La euforia tiene una explicación sencilla: son las dos semanas más calientes del año con temperaturas que oscilan entre 18ºC y 30ºC . Los noruegos saben bien que la ciudad verde con 20 horas de luz en pocos meses estará repleta de nieve y oscuridad.

El verano en Oslo también revela el esplendor de un país multicultural. Una instantánea de cualquier lugar público delata grupos de personas con distintos tonos de piel, que se comunican entre sí en noruego, en inglés, en árabe, en urdu o en español.

Aunque la mayoría de los 5,3 millones de habitantes de Noruega son hijos y nietos de escandinavos, con tez blanca y ojos claros, un 17% de la población es inmigrante o nacida en Noruega con al menos un padre extranjero de países como Pakistán, Somalia, Eritrea, Filipinas, Siria, Tailandia, Cuba, Brasil o China.

Esa creciente diversidad cultural detonó la ira de Anders Behring Breivik, el supremacista blanco que a los 32 años masacró a 77 personas , en el peor atentado terrorista que ha vivido noruega desde la Segunda Guerra Mundial.

El 22 de julio de 2011 ocurrió lo impensable: Noruega sufrió un ataque terrorista ejecutado por uno de sus ciudadanos.

Masacre en el país de la paz

Nada fue fortuito en ese ataque. El primer golpe fue contra la moral de un país orgulloso por su extenso historial de paz en la época más alegre del año.

El segundo golpe fue contra el Estado, al estallar un coche bomba en Regjeringskvartalet, un complejo de edificios gubernamentales en pleno centro de la capital.

Dos mujeres caminan sobre los escombros luego de la explosión de un coche bomba frente a un complejo de edificios gubernamentales en el centro de Oslo, el 22 de julio de 2011(THOMAS WINJE OIJORD/AFP/Getty Images)

El diario Los Angeles Times sugirió que Breivik siguió los pasos del terrorista estadounidense de extrema derecha Timothy McVeigh, quien asesinó a 168 personas al detonar un explosivo colocado dentro de un vehículo que estacionó frente a un edificio federal en Ciudad de Oklahoma el 19 de abril de 1995.

El tercer golpe fue contra las organizaciones políticas de izquierda. Para eso recorrió 38 kilómetros por tierra y medio kilómetro en barco hasta la isla de Utøya, donde unos 600 jóvenes de las Juventudes Laboristas participaban en su encuentro anual. Breivik mató a 69 muchachos e hirió a 200 en una persecución sangrienta que duró 72 minutos con una pistola automática y un rifle de asalto.

"Quería herirlos donde más les duele", habría dicho Breivik a su abogado sobre el motivo de la masacre en un campamento estudiantil.

Imagen aérea de la isla de Utoya realizada el 31 de mayo de 2017, donde el extremista de derecha Anders Behring Breivik mató a 69 jóvenes que participaban en un campamento de las Juventudes Laboristas en 2011. (TORE MEEK/AFP/Getty Images)

La independencia de la raza blanca

La masacre del 22 de julio fue para Brievik el comienzo de una guerra civil de cuarta generación para salvar a Noruega y Europa del multiculturalismo que amenaza la supervivencia de las tradiciones cristianas.

Aunque Breivik no fue el primero en invocar el uso de la violencia para defender al hombre blanco, su extenso manifiesto de 1.500 páginas ha permitido la diseminación de sus ideas y ha amplificado su poder de destrucción.

En el texto titulado "2083: A European Declaration of Independence", Breivik despotrica contra la migración musulmana, el marxismo cultural y aspira una Europa étnicamente homogénea y con una estricta división de los géneros para fortalecer la supremacía blanca.

En sus comparecencias entre los tribunales, Breivik con frecuencia se presenta con el saludo nazi "Heil Hitler".

El profesor de la Universidad Nacional de Australia y del Instituto Australiano de Investigación Demográfica y Social, James Jupp, analizó el documento y llegó a la conclusión que Brievik es un sujeto conservador y convencional que mezcló ideas de políticos y académicos socialistas y liberales para redactar un texto aparentemente coherente basado en fantasías.

"Lo que es realmente preocupante del manifiesto se encuentra al final, que parece haber escrito poco antes del ataque en el campamento laborista. Detalla, día a día, el proceso de crear una bomba y planificar una matanza, que luego ejecutó de manera tan eficiente. Fue publicado en internet el día antes del ataque y permanece allí por si alguien desea emularlo", advirtió Jupp poco después del crimen.

El manifiesto de Brievik sugiere que tiene plena consciencia del potencial que posee internet y percibe Facebook como un arma revolucionaria, de la misma forma en que Lenin identificó el poder del recién creado teléfono.

Otra característica del manifiesto es que está escrito en inglés y no en noruego, lo que le confiere un enorme potencial de divulgación.

Algunos medios como Slate han criticado que mientras hay miles de analistas especializados en la Al-Qaeda y el Estado Islámico, existe un vacío en las voces que denuncian la propagación de símbolos como Breivik y en políticas de estado para detectar cuáles son los grupos de supremacistas blancos más propensos a atacar.

La mala hierba

Brenton Harrison Tarrant es el responsable de la muerte de 51 personas en el ataque a dos mezquitas en Christchurch, Nueva Zelandia, el 15 de marzo de 2019.

El hombre, quien transmitió la matanza en vivo por redes sociales, justificó su violencia con un manifiesto de 78 páginas que llamó "El Gran Reemplazo". Alabó a Breivik como un símbolo que inspiró su deseo de actuar para frenar lo que considera un genocidio étnico y cultural.

Las matanzas en Estados Unidos ocurren con tanta frecuencia por el fácil acceso a las armas de fuego que es complejo identificar las motivaciones de los asesinos, quienes en ocasiones son impulsados por un fuerte deseo de venganza luego de ser ridiculizados en situaciones sociales o porque sufren desequilibrios mentales.

Pero los ataques motivados por las ideas de supremacía blanca van en aumento. Muchos señalan al presidente de Estados Unidos, Donald Trump, como uno de los principales instigadores del odio contra por su insistencia en construir un enorme muro para contener el flujo migratorio desde la frontera mexicana y por usar de manera reiterada la palabra "invasión".

En mayo de 2019, Trump afirmó en un discurso: "Declaro una emergencia nacional porque esto es lo que es. Esto es una invasión" al referirse a la caravana de migrantes que viajaban a pie hasta la frontera con México para pedir asilo.

Pero la alarma se disparó la última semana de julio, cuando 34 personas murieron en tiroteos masivos en tres incidentes separados en Estados Unidos.

Al menos uno de los ataques es investigado como un caso de "terrorismo interno". Patrick Crusius, de 21 años, mató a 22 personas e hirió a dos docenas frente a una tienda en El Paso, Texas, luego de conducir nueve horas desde Dallas para "defender a su país de la invasión hispana".

En el manifiesto divulgado en internet argumentó que los matrimonios interraciales, la migración hispana y la automatización estaban dejando sin oportunidades a los blancos. Crusius expresó su afinidad por la matanza de Christchurch, que a su vez se inspiró en la masacre noruega.

La web ha sido terreno fértil para la proliferación de teorías supremacistas que han terminado en otros ataques mortales, como el realizado por William Atchison en la escuela secundaria Aztec, en el estado de Nuevo México, el 7 de diciembre de 2017.

Atchison, quien tartamudeaba y era un chico solitario en su escuela, alimentó su rencor y sus pensamientos violentos en comunidades de internet que discuten y aplauden sobre el racismo y la supremacía blanca.

Fue en uno de esos foros donde conoció a Ali David Sonboly, el chico de 18 años que mató a balazos a nueve personas antes de suicidarse frente a un local de comida rápida en un centro comercial en Munich, Alemania, el 23 de julio de 2016. En su casa encontraron textos y noticias sobre Breivik, quien en ese momento cumplía 5 años en prisión después de los mortales ataques en Noruega.

El mal anda suelto

El 23 de julio de 2019 caminé frente al monumento que recuerda a las 77 personas que murieron por las balas y las creencias racistas de Breivik.

A pocas cuadras, los noruegos atestaban los bulevares embriagados por el espíritu veraniego, se lanzaban gustosos a las frías aguas del mar del norte y disfrutaban de un país próspero que se jacta de tener la menores tasas de desigualdad social del mundo.

Pero en Regjeringskvartalet reinaba el silencio. Las fachadas de los edificios no reflejan la destrucción de hace ocho años, pero el llanto callado de una mujer que colocaba un ramo de flores sobre el pavimento me mostró que la herida del terrorismo sigue viva en Oslo.

Monumento conmemorativo temporal en Regjeringskvartalet, Oslo para recordar a las 77 víctimas del ataque terrorista del 22 de julio de 2011. (Foto Mariángela Velasquez)

Lo más aterrador es que las venenosas ideas para planificar ataques supremacistas no están muertas como las víctimas ni tras las rejas como Breivik. Circulan libremente por los recovecos oscuros de internet.