El odio mexicano hacia migrantes y extraños busca un líder supremo

Migrantes centroamericanos que viajan con una caravana hacia Estados Unidos se desplazan en un camión en Celaya, México, el domingo 11 de noviembre de 2018. (AP Foto/Rodrigo Abd)

A estas alturas usted ya lo notó. O quizás sea parte de ello. Desde que algunos integrantes de la caravana migrante dieron un ‘portazo’ en la frontera sur de México, a una gran parte de la población le brotó desde lo más profundo el “Mas si osare un extraño enemigo”, dejando ver un odio y un racismo que sin quererlo reconocer, estaba escondido en la inmensidad de las profundidades del yo interior.

Pero si bien no puede uno justificar los mensajes vertidos en las redes sociales, si puede entenderlos. Se nota de dónde vienen y por qué se han dejado ver ahora con tanta dureza. Es parte y consecuencia de un resentimiento social que hace perfectamente entendible que surja ese supuesto miedo y coraje hacia los centroamericanos, aunque las razones, francamente, sean las equivocadas.

Veamos. Seguro usted ya dijo o escuchó una de estas frases: “Si los quieres tanto, llévatelos a tu casa”; “A la fuerza y de forma ilegal nadie entra”; “Desprecian la ayuda que se les da y encima la exigen”; “Se van a quedar aquí y lo único que harán será sumarse a la delincuencia o a la indigencia”; “El gobierno los está apoyando con nuestro dinero”; ”Son unos sucios y dejan toneladas de basura a su paso”;“Cómo es posible que les den comida y albergue mientras nuestros hermanos de Nayarit están olvidados tras el huracán”.

Todas estas expresiones serían acertadas… si no fueran falacias originadas por el rencor que busca una válvula de escape. Y aquí sí, les concedo razón, tienen mucho que ver los políticos gobernantes y de oposición que atizan ese sentimiento, los primeros con sus acciones, omisiones y trampas; los segundos como bandera de reclamo donde la carencia de algo es necesariamente porque alguien (aprovechado, corrupto)  se lo está quedando.

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¿Qué se le dice a una persona que por enésima vez ha sido asaltada en una combi en el Estado de México, por gente que a todas luces no delinque orillado por la pobreza, sino por la afición a la maldad? ¿Qué se le explica a alguien con un empleo precario o peor, sin trabajo, que se entera de los miles de millones de pesos saqueados por Javier Duarte y que aún sentenciado, no significa que su vida y economía vayan a ser mejor (como sí lo será para el exgobernador cuando salga de prisión)?

En primer lugar, habría que explicarle que ninguna de esas situaciones va a cambiar o empeorar por el hecho de que tengamos a 6 mil migrantes en tránsito. Que si ahora nos dimos cuenta que entraron como indocumentados es porque vienen en caravana, pero que es usual que crucen por México desde los años 90 siendo víctimas de secuestro, extorsión, violación y asesinato. Que no vengan entonces, diría la ‘lógica’, pero la realidad es que son un negocio boyante para los traficantes de personas y para nuestras autoridades migratorias que en todos estos años nadie ha detenido. Pero además, hay que pensar esto: ¿qué tan precaria debe ser la economía de tu país (Honduras es el segundo país más pobre del continente) y qué tan excesiva la violencia para que elijas huir a un lugar llamado México del cual se cuentan historias de terror y que por desgracia son ciertas?

Porque esta ya no es la típica historia de ‘vamos a probar suerte’ a Gringolandia. A estas alturas es un éxodo por la supervivencia misma y como tal hay que verla, como una crisis humanitaria donde nadie le va a quitar a uno el trabajo que no tiene, que nunca tuvo o que nunca buscó. Tampoco vienen a alterar esta sociedad tan perfecta que tenemos, aunque sea en nuestra cabeza. Las toneladas de basura que inundan Indios Verdes no serán más y a la gente de Nayarit se le está apoyando como siempre se ha hecho en estas situaciones, con el Plan DN-III previsto para desastres.

Sin embargo, lo peor no es que nos haya salido ese ser xenófobo. Lo peor es que alguien va a aprovecharlo. Va a jugar con nuestros miedos, con nuestro racismo, con nuestras falsas premisas. Lo que le pasó a Estados Unidos y a Brasil, nos puede pasar a los mexicanos si llega el momento en que creamos que ‘ya se relajó la disciplina’ y que necesitamos mano dura para arreglar esto de una buena vez.

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Al próximo gobierno de Andrés Manuel López Obrador le viene una tarea doblemente difícil. Cumplir con lo que prometió y esperanzó a 30 millones de personas y superar la expectativa para callar a los incrédulos con el fin de que ese resentimiento, ese rencor, no surja en quien no lo tenía ni se incremente en los que ya lo tienen.

A muchos de sus detractores les daría placer verlo fracasar, aunque sea sólo por eso, por placer, sin ponerse a pensar que un ultraderechista podría tomar el enojo social y prometer justo lo que la gente, con toda esa ira y odio encima necesita oír.

Parece imposible, pero hay que recordar que en las elecciones pasadas, en la Ciudad de México, en la metrópoli que se supone es la vanguardia del progreso social, el candidato del PRI, Mikel Arriola, convenció al 13% de la gente que votó cuando todo mundo esperaba que de una vez por todas ese partido perdiera el registro en la capital. ¿Cómo lo hizo? Con un discurso en contra de los derechos ganados por personas del mismo sexo, como es el matrimonio; a favor de la penalización del aborto y en contra también del uso de la marihuana de forma recreativa. Parecía un chiste, pero ahí hay una semilla que peligrosamente alguien podría aprovechar. Alguien que quiera ser el líder supremo del odio de los mexicanos.

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