El movimiento anti-vacunas ya alcanza a las mascotas

Veterinario vacunando a un perro. (Imagen Creative Common vista en Pxhere).

Fui uno de los pioneros en el uso de internet con fines divulgativos. Siempre pensé que la red de redes facilitaría el acceso a fuentes fiables de conocimiento para todo el mundo. Tendrías todas las universidades y sus estudios a la distancia de un clic. La cultura llegaría a todos los rincones de la Tierra de forma democrática.

¡Qué equivocado estaba! Ciertamente internet permite todo eso y más, pero también ha facilitado el acceso a una autopista global de la “desinformación” a personas sin capacidad crítica, a defensores de las pseudociencias y el pensamiento mágico, a amantes de la conspiración, a timadores, a sociópatas y a ignorantes sin escrúpulos con ganas de notoriedad. ¿De qué sirve poder ver en Youtube todas las clases magistrales de Walter Lewin en el MIT, si al mismo tiempo esta plataforma está ayudando al crecimiento en número de los terraplanistas?

En fin, como veis con el paso del tiempo he pasado de ser un total optimista a ser un pesimista moderado. Razones tengo. Pongámonos por ejemplo a pensar en las nefastas consecuencias que el movimiento antivacunas está teniendo en nuestra sociedad. Según fuentes solventes, en España un 3% de los niños no está vacunado porque sus padres creen que en realidad hacen más mal que bien. Al final el famoso estudio de The Lancet (refutado poco después) que ligaba las vacunas con el autismo, ha resultado una losa fatal para algunos niños también en España.

Pero que pensaríais si os dijera que esta estupidez acientífica está también a punto de condenar a muerte a muchos animales. En The Guardian puedo leer noticias preocupantes procedentes de Australia. Allí, los veterinarios están comenzando a recibir consultas de sus clientes sobre las posibilidades que tienen sus perros de quedar autistas, o de perder su sistema inmunológico, si se les vacuna contra la parvovirosis.

Antes de nada vamos a citar a Sam Kovac, veterinario de Sydney con muchos años de experiencia a cuestas: “la vacunación no provoca autismo ni en perros ni en humanos. Pero es que además hay una distinción importante que hacer, no existe el autismo en perros. No hay casos registrados de este trastorno en perros ni gatos que yo sepa, y tampoco existen pruebas para diagnosticarlo”.

Por ello, es simplemente una crueldad condenar a muerte a tu perro simplemente por tus creencias anticientíficas. La parvovirosis es una enfermedad provocada por un virus que causa dolores, vómitos, diarreas, depresión, fiebre, sangrado, deshidratación y en caso de no ser tratada, la muerte del animal. Afortunadamente no puede contagiarse a humanos, pero existen otras enfermedades preocupantes que afectan a otras mascotas (caballos por ejemplo) que sí pueden dar el salto a humanos. Este es el caso del virus Hendra, para el que existe una vacuna estupenda cuya administración – al menos durante el último año – está encontrando oposición en Nueva Gales del Sur y Queensland (Australia).

Paula Parker, presidenta de la Asociación de Veterinarios de Australia cree que buena parte de esa oposición se basa en argumentos de mala fe. En su opinión: “es descorazonador ver como la gente mal informada rechaza una vacuna increible que protege contra una enfermedad que amenaza la vida de caballos y humanos”.

Y es que por lo que puedo leer en nuestras antípodas proliferan los tratamientos holísticos para el “bienestar” de las mascotas basados, entre otras pseudociencias, en homeopatía y acupuntura. ¿Pero cómo hemos llegado a este nivel de estupidez?

Para Naomi Smith, socióloga de la Universidad Federación de Victoria, las redes sociales tienen buena parte de culpa de la expansión de estas ideas tóxicas. Además afirma que “existe una relación clara entre la así llamada ‘industria del bienestar’ y la expansión de los mensajes anti-vacunas”.

“Lo verdaderamente interesante es que cualquiera puede hablar a favor de la industria del bienestar, nadie exige credenciales y es fácil intuir que todas estas conversaciones conducen a sospechas contra las prácticas bio-médicas establecidas”.

Pongamos como ejemplo el caso de Taylor Winterstein, mujer de un futbolista de élite. Al parecer hace campaña contra las vacunas y denuncia que los padres que deciden no inmunizar a sus hijos sufren bullying. La socióloga Smith la despacha con un “sus únicas credenciales esencialmente son ser muy guapa, lo cual de algún modo parece hacerla alcanzar una verdad más profunda sobre la salud, una que ella entiende y nosotros no”. (¡Magnífico zasca!)

Sea como sea, en una sociedad obsesionada por el aspecto y la salud hasta el punto de perder el sentido, era inevitable que algunos intentaran extender esta actitud (que ya aplican con sus familias) también con sus mascotas.

Después de todo ¿quién no considera a su perro un miembro más de la tribu? Curioso modo de demostrarle cariño al bicho esto de condenarlo a muerte ¿verdad?

Me enteré leyendo The Guardian.