El mensaje racista de un bombero y el auge de los crímenes de odio en EEUU

En la percepción social, en los medios de comunicación y en los planteamientos de activistas, políticos y analistas ha brotado en tiempos recientes la noción de que los crímenes de odio en Estados Unidos están al alza, un fenómeno que en cierto modo se habría agudizado en 2016 en el contexto de la campaña presidencial que Donald Trump protagonizó y ganó.

Otros han cuestionado tal situación, pero ciertamente en meses recientes se ha dado un importante clamor social al respecto, situación exacerbada con el reciente encuentro masivo de grupos racistas, neonazis y supremacistas blancos en el que una persona, que protestaba contra ellos, murió arrollada por el auto de uno de los ultraderechistas.

Una mezquita fue incendiada en Victoria, Texas, a principios de 2017. (Reuters)

Actitudes, acciones y, en algunos casos, afirmaciones ofensivas y que muestran un total desprecio por lo humano son indicios de ese deterioro. Por ejemplo, como narró el periódico The Washington Post, un bombero de Franklin Township, una pequeña población del suroeste de Ohio, hizo un comentario escalofriante e intolerable en Facebook. Tyler Roysdon, de 20 años de edad, dijo que si se encontraba ante un edificio en llamas elegiría primero salvar a un perro antes que a una persona afroamericana porque la vida de “un perro es más valiosa que tres millones” de personas de esa raza.

La frase es en sí misma terrible y exuda odio y racismo, pero resulta aún más punzante por provenir de una persona cuyo deber es salvar y proteger a todas las personas. Ese mensaje ya fue borrado de la cuenta de Roysdon, pero no sin que antes las autoridades de Franklin Township suspendieran al bombero sin paga, en lo que se analiza cuál será la decisión definitiva al respecto. Y aunque Roysdon habría ya reconocido que fue un error colocar ese infame mensaje y ha dicho que está arrepentido, esa frase repudiable es un síntoma de las ideas y los rencores que existen con rudo filo en EEUU.

Tayler Roysdon, bombero en Franklin Township, Ohio, fue suspendido tras decir en Facebook que en un incendio primero salvaría a un perro que a tres millones de afroamericanos. (Facebook/Yahoo)

En ese contexto, una investigación del Centro de Estudios sobre Odio y Extremismo de la Universidad Estatal de California en San Bernardino ha hallado, con base en datos oficiales, que en efecto los crímenes de odio se incrementaron en Estados Unidos en un 5% entre 2015 y 2016. Los crímenes de odio son aquellos cuya víctima es atacada por razones de raza, religión, sexualidad, origen nacional o discapacidad física o mental, entre otros criterios.

El estudio mencionado, de acuerdo al portal Huffington Post, revela un auge de la intolerancia violenta en Estados Unidos durante 2016, cuando se desarrolló la pasada contienda electoral (que fue severamente tensa y polarizante) y basa sus hallazgos en el análisis de datos sobre crímenes de odio reportados por las autoridades policiales de 31 grandes ciudades y condados del país. En 2015 en esas zonas se reportaron 2.003 crímenes de odio y en 2016 la cifra fue 2.101.

Pero la cifra a escala general luce reducida en comparación a los incrementos registrados en algunas ciudades específicas. En Washington DC los reportes de crímenes de odio subieron en 62% entre 2015 y 2016, 50% en Filadelfia, 24% en Nueva York (aunque en las dos semanas en torno a la elección la cifra se quintuplicó) y 15% en Los Ángeles (en el último cuarto de 2016 fue de 29%). En 15 de las ciudades de las que se analizaron los datos los crímenes de odio se incrementaron, y en 13 se registraron reducciones, lo que en conjunto revela un panorama inquietante.

Agresiones a personas por su raza, sobre todo contra afroamericanos y otras minorías, ataques contra centros de culto como mezquitas y sinagogas y violencia contra personas LGBTQ son algunos de los ejemplos más notorios y punzantes.

Ciertamente, en ciertas localidades las alzas tienen que ver con la existencia de una cantidad sustantiva de casos de crímenes de odio adicionales, y en otras el incremento en términos porcentuales puede deberse a que se trata de un área con relativamente pocos casos anteriores que, al incrementarse en cierta cantidad, produce un alto incremento porcentual.

Sea como sea, todo caso de crimen de odio es perturbador y condenable. Y Brian Levin, el investigador a cargo del estudio, indicó que salvo excepciones como la zona del Medio Oeste, no recuerda en toda su carrera haber visto datos de alzas de crímenes de odio como las registradas en 2016 en muchas zonas del país.

Y esa alza no se circunscribe a 2016, en 2017 –con los datos hasta ahora disponibles– se han registrado incrementos del 200% en los crímenes de odio en Portland (Oregon), 46% en Phoenix, 28% en Nueva y 22% en Seattle, Washington SC y Cincinnati.

Heather Heyer murió cuando un supremacista blanco arrolló a manifestantes que protestaban contra la concentración de grupos racistas y neonazis en Charlottesville, Virginia, en agosto de 2017. (Reuters)

¿Tienen que ver estos incrementos con el mensaje o las actitudes de políticos, candidatos o gobernantes en Estados Unidos en estos años? De las cifras en sí no podría sacarse necesariamente esa conclusión, y en realidad los datos del estudio de Levin solo muestran una porción de la realidad, tanto porque analizan solo ciertas regiones como porque muchos crímenes de odio no son denunciados y, por ende, no se registran en la estadística oficial. Pero el alza coincide, al menos en la temporalidad, con la pasada campaña electoral y la situación política vigente.

Por ejemplo, el ‘Intelligence Report’ del Southern Poverty Law Center (SPLC) señala que en tiempos recientes se ha incrementado la actividad y la violencia de diversos grupos extremistas e intolerantes, entre ellos supremacistas blancos, nacionalistas negros y anti-LGBTQ. Y en un reporte de febrero pasado, el SPLC explícitamente indicó que la retórica de campaña de Donald Trump –especialmente agresiva contra ciertos grupos y contra sus opositores– encendió casos de acoso y violencia por odio antes y después de la elección.

Un conteo del SPLC y ProPublica ha identificado 1,372 incidentes de intolerancia sucedidos entre el 8 de noviembre de 2016 (día de la elección presidencial) y el 7 de febrero de 2017, la mayoría de ellos de prejuicio contra los inmigrantes, los afroamericanos, los judíos, los musulmanes y las personas LGBTQ, aunque también algunos sufridos por personas de raza blanca.

En todo caso, comprender la realidad es un paso para atender y mitigar el problema y por ello investigaciones como las citadas tienen relevancia y conviene ampliarlas y afinarlas.

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