El inquietante signo del cambio climático en la coloración otoñal de las hojas de los árboles

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El otoño ha sido en muchos lugares de Norteamérica un momento de singular belleza natural: los bosques cambian de color cuando las hojas de los árboles pasan del verde al naranja, al amarillo, al ocre, incluso al rojo vivo o al café oscuro. 

Esos cambios de coloración del follaje de los árboles de hojas caducas resultan con frecuencia maravillosos y muchas personas incluso realizan una actividad conocida como ‘Leaf peeping’, que consiste en recorrer las campiñas para apreciar esos cambios de color en los bosques otoñales.

Las hojas de los árboles se tornan naranjas al inicio del otoño en Woodstock, Maine. (AP)
Las hojas de los árboles se tornan naranjas al inicio del otoño en Woodstock, Maine. (AP)

Todo ello concluye cuando las hojas de los árboles finalmente caen y el invierno, en las partes más al norte, transforma nuevamente el color ambiental hacia el blanco.

Esos cambios de color del follaje forestal es lo que normalmente sucedía pero ahora, ante el ominoso golpe del cambio climático, ese proceso ha comenzado a darse en menor grado o con la temporalidad alterada, según narró la agencia AP.

Ambientalistas han identificado que a finales de septiembre se dan usualmente cambios de la coloración de las hojas en gran magnitud, pero el calentamiento global ha alterado eso en muchos lugares de Estados Unidos.

Por ejemplo, en muchas áreas los árboles a estas alturas aún mantienen su color verde, cuando ya deberían haber comenzado a pasar a otros tonos, como ha sucedido en Maine. Y en Colorado las altas temperaturas y la falta de lluvias han provocado que las hojas simplemente se sequen y caigan de modo anticipado.

Un bosque en el otoño, con el follaje en tonos que van del verde al ocre, el naranja y el amarillo. (Getty Creative)
Un bosque en el otoño, con el follaje en tonos que van del verde al ocre, el naranja y el amarillo. (Getty Creative)

En el Pacífico Noroccidental de Estados Unidos, las muy altas temperaturas registradas en semanas previas, que llegaron a niveles récord, simplemente “quemaron” el follaje y lo tornaron café abrupta y prematuramente.

El cambio de color de las hojas se debe a un decaimiento natural de la clorofila en ellas a causa del descenso otoñal de la temperatura y de la reducción de las horas de luz solar en comparación con el verano, lo que produce que el follaje se torne rojizo, naranja o amarillo. Pero ello depende de un balance delicado que está siendo trastocado por el cambio climático, y en ocasiones esas transformaciones de color se posponen, se aceleran o se cortan de tajo.

No en todas partes ese proceso se ha alterado o cancelado, y muchas regiones boscosas en Norteamérica experimentan actualmente explosiones de color vegetal.

Esas coloraciones estacionales de los bosques están, así, ligadas a las temperaturas y las humedades previas y su alteración es un signo más de que el cambio climático es real e impacta de modo creciente a los ecosistemas.

La AP también comenta que fenómenos extremos como huracanes y grandes tormentas que han azotado durante el pasado verano simplemente arrancaron gran parte del follaje en algunas regiones de Estados Unidos, y allí no quedó mucho para realizar los icónicos cambios de color.

Excursionistas que realizaban cada año el ‘Leaf peeping’ se han quedado este 2021 con muchas menos oportunidades, y lo peor es que la presente situación tiende a convertirse en la norma conforme el cambio climático impone sus ominosos efectos.

“En lugar de que los árboles tengan su cambio gradual [de color], ellos son afectados por estos locos eventos meteorológicos. Los árboles cambian de modo súbito y pierden sus hojas prematuramente. Han pasado ya algunos años desde que pudimos realmente tener un buen año…, cuando tú recorrías el pueblo y veías realmente muy buen color”, comentó Michael Sundberg, experto en arboricultura, a la AP.

Y el color es solo uno de los elementos. Como dijo a la AP Andrew Richardson, profesor de ciencias de los ecosistemas de la Universidad del Norte de Arizona, los cambios de las temperaturas rompen el patrón de la coloración otoñal del follaje pero también catalizan enfermedades y plagas, que pueden ser devastadoras para los bosques.

Así, Jim Salge, experto en la materia, dijo que los cambios de coloración de las hojas y las actividades de ‘Leaf peeping’ se han dado cada vez más tardíamente en años recientes. Eso implica no solo que se pueden perder o descolocar muchos millones de dólares producto del singular turismo de los amantes de los bosques otoñales y actividades relacionadas, sino que es una advertencia sobre los cambios mayores que pueden azotar si prosiguen el calentamiento global y otras alteraciones climáticas.

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