El examen que Trump presume haber aprobado con sobresaliente se diseñó para que fuera fácil y detectar la demencia temprana

Jesús Del Toro
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Algunos se imaginan a un chico que juega futbol en el patio de su casa, mete un gol por la puerta del garaje y grita con autoexaltación que ha ganado el campeonato del mundo. Ciertamente, al hacerlo mostró capacidad atlética golpeando pelota. Pero ello no lo convierte en un astro del futbol.

Algo similar quizá se aplicaría al presidente estadounidense Donald Trump.

Recientemente, Trump se elogió a sí mismo por haber tenido un gran éxito al responder un examen sobre capacidades cognitivas, dijo que algunas de las preguntas eran difíciles y afirmó, en una entrevista con el periodista Chris Wallace de Fox News, que su rival demócrata, Joe Biden, no podría responderlas.

Trump no ha especificado qué examen fue el que tomó, pero las interacciones que tuvo al hablar de ello con Wallace (por ejemplo cuando se refirieron a una pregunta en la que se pide que se identifique el animal que aparece en el dibujo, que es un elefante) sugieren que podría tratarse del examen denominado Montreal Cognitive Assessment (MoCA), desarrollado en 1996 por el neurólogo Ziad Nasreddine.

Pero no se trata de un examen de inteligencia sino una prueba para detectar síntomas tempranos de demencia o Alzheimer. El propio Nasreddine explicó a MarketWatch que el MoCA “no es un examen para calcular el coeficiente intelectual o si una persona es muy calificada o no… Ese examen está planteado para ayudar a los médicos a detectar signos tempranos de Alzheimer… Está planteado para ser fácil [de resolver] para alguien que no tiene deterioro cognitivo”.

Por ello, que Trump haya dicho que responder las primeras preguntas del examen es fácil pero que luego se tornan difíciles es intrigante, pues si se trató del MoCA en efecto las últimas cinco preguntas son más elaboradas que las primeras pero no implicarían dificultad alguna para una persona que tenga plenas facultades cognitivas.

Según Nasreddine cada parte del examen está relacionada con una parte del cerebro y las preguntas están diseñadas para detectar posibles problemas. Es decir, no mediría la existencia de altas capacidades sino signos de posibles carencias.

Y así como un resultado excelente en ese examen no indica que la persona tenga mayor o menor inteligencia, tener fallas en la prueba tampoco implica que la persona inequívocamente enfrente una cierta discapacidad, pues el especialista ha de considerar también otros factores y exámenes adicionales antes de llegar a esa conclusión.

Por ello, resulta curioso que Trump festeje que sobresalió en ese examen y, como se plantea en The Guardian , su afirmación de que las preguntas finales eran difíciles sería una forma de exaltarse a sí mismo, de utilizar lo que esté a su mano –en este caso el citado test– para pretender que tiene alguna peculiaridad extraordinaria o superioridad sobre otros y agitarlo ante los demás.

Si Trump sacó una calificación excelente en el MoCA, suponiendo que ese fue el examen que tomó, él puede celebrar que no presentaría los signos de demencia temprana que ese examen identifica, algo relevante dado que tiene 74 años de edad, pero eso no muestra que tenga una capacidad superior a la de otros.

El gol del niño en la puerta de su garaje ciertamente le provocó gran celebración, pero no le colgarán la medalla de campeón por ello. Y él lo lo sabe, pero goza su fiesta. Trump presumiblemente también lo sabe, pero no pudo resistirse a usarlo para su autoglorificación, una conducta que indica lo que ya se ha constatado con frecuencia: su proclividad al narcisismo y a ajustar la realidad a su conveniencia.

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