El español en debates presidenciales de EEUU: sus razones, gracias y antecedentes

Los debates entre los aspirantes presidenciales del Partido Demócrata, el sucedido el pasado miércoles al que se sumará el que se realizará hoy jueves, han sido singulares por la cantidad de participantes (una veintena), la diversidad de su composición en materia de género, etnia, edad y perfil político y por la punzante urgencia de comenzar a identificar y decantar a aquellos que tienen más viabilidad de ganar la contienda interna y, en las elecciones generales de noviembre de 2020, de derrotar a Donald Trump.

Pero, al menos en el debate del miércoles (algo que posiblemente se repita en el de este jueves) se dio una situación singular: tres de los aspirantes –Julián Castro, Beto O’Rourke y Cory Booker– se dirigieron en algunos momentos a la audiencia en español.

En el primer debate de precandidatos demócratas a la presidencia, Julián Castro, Cory Booker (los dos de la izq.) y Beto O'Rourke (seguno de der. a izq.) dieron breves mensajes en español. (Reuters)

Cada uno lo hizo en tiempos y contextos diferentes, pero ciertamente fue un gesto con significado, no solo porque los debates demócratas se realizan en Miami, una ciudad multicultural con una tradición y población latina sustantiva e influyente, porque los votos hispanos de la Florida serán de enrome peso en el proceso electoral y porque las televisoras que organizan y están emitiendo estos debates son NBC y su filial hispana Telemundo.

Eso daba a los candidatos la posibilidad de hacer un gesto de simpatía e interés hacia la comunidad hispana, tanto de Miami como de todo el país, lo que tiene gran relevancia dado que el voto latino será determinante en el próximo proceso electoral, tanto en la porción primaria como en la elección general. Los latinos son ya la primera minoría en Estados Unidos y el español es el segundo idioma más hablado en el país (con cerca de 40 millones de hispanohablantes).

Así, para el que tiene la capacidad, hablar un poco de español suma puntos políticos. Y aunque Castro, O’Rourke y Booker aún necesitan pulir su gramática y dulcificar sus acentos, se expresaron con mediana claridad, cada uno en momentos y circunstancias diferentes del debate. Eso no evitó que bromas y memes sobre su español.

Pero hablar español fue para ellos un cierto riesgo, pero también una oportunidad. Y una opción para diferenciarse del resto, con la idea de ganar puntos favorables, algo que en serio y en broma otros precandidatos demócratas (por ejemplo Andrew Yang y Marianne Williamson, que participarán en el debate de este jueves) aprovecharon para motivar a sus seguidores en Twitter.

Robert O’Rourke, ampliamente conocido como Beto, es originario de la ciudad fronteriza de El Paso, una ciudad con una proporción mayoritaria de hispanos y con conexiones vitalísimas con la vecina urbe mexicana de Ciudad Juárez. Y habló en español para señalar que la economía y la democracia deben incluir todas las voces y abordar el tema de la inmigración, un tema especialmente punzante por la grave crisis humanitaria que sufren los migrantes en la frontera y por la difusión de una desoladora foto de un padre y su pequeña hija, originarios de El Salvador, ahogados al tratar de cruzar el río Bravo desde México hacia Estados Unidos.

Booker, senador por New Jersey, estado con una importante comunidad latina, también aludió en español a la crisis en la frontera y dijo que Trump ha “atacado y demonizado a los inmigrantes”.

Castro, el único latino en la contienda presidencial y originario de San Antonio, ciudad texana de la que fue alcalde y que tiene una vibrante historia y cultura méxico-americana, reservó sus palabras final para el final y prometió ganar para decir “adiós” a Trump.

Con todo, sería ingenuo suponer que basta con recitar algunas frases en español para seducir al votante hispano. Ciertamente una amplia mayoría de esos ciudadanos se inclinan por los demócratas y rechazan a Trump, por lo que es previsible suponer, al menos con los datos presentes, que la mayor parte de ellos (entre un tercio y tres cuartos según encuestas recientes) no apoyarán la reelección de Trump y se inclinarán presumiblemente por un demócrata en los comicios de 2020. Y en las primarias demócratas es evidente que el voto latino será posiblemente de enorme peso en muchos estados y por ello los precandidatos requieren cortejarlo y atraerlo. Pero es la plataforma y las ideas de cada uno en temas cruciales para los latinos –inmigración, empleo, salud, educación y respeto a su comunidad y sus derechos– lo que motivará mayormente las decisiones.

En todo caso, el súbito arranque de O’Rourke en español suscitó curiosas instantáneas, quizá involuntarias, como los “ojos” que le echó Booker en ese momento.

Y hubo voces externas que de plano deploraron el uso de un “mediocre vocabulario en español” y que no por decir “hola” los votantes latinos se volcarán ante ese candidato.

Castro es el único precandidato latino y, aunque habló español, fue más allá y claramente enfatizó (en inglés) que su perfil y su trayectoria le permitirán, a su juicio, ganar el voto no solo de estados que fueron clave en 2016 (Pennsylvania, Michigan y Wisconsin) sino que afirma que puede reconfigurar por completo el mapa electoral con victorias en Florida y en Texas.

Es aún muy pronto en el proceso electoral para valorar el impulso de cada candidato “hispanohablante”, pero ciertamente Castro superó a O’Rourke (no por su español sino por su discusión sobre la crisis en la frontera) y Booker tiene importantes simpatías. Elizabeth Warren habría sido con todo la que mejor salió de ese debate, con Castro como la revelación.

Y no será la última vez (ni la primera) en que candidatos hablan en español en debates presidenciales.

Por ejemplo, Ted Cruz, senador por Texas, le hizo un reproche en español a Marco Rubio, senador por Florida (que habla mejor español que los mencionados), en uno de los debates de la primaria republicana del proceso 2015-2016. Y el propio Trump dijo en uno de esos debates que debe haber asimilación de la población latina porque “este es un país donde hablamos inglés, no español”. La frase, que es una completa falacia pues el español es hablado por millones en el país, la hizo Trump en alusión a críticas suyas por el uso que Jeb Bush, quien habla español, hizo de ese idioma durante su campaña.

Y, antes, su hermano George W. Bush habló en español en un debate republicano en Arizona en 1999, para decirle a uno de sus oponentes que “hay muchos hispanos que viven en este estado” y él, quien acabó ganando unas controversiales elecciones presidenciales, y Al Gore, el candidato demócrata, salpicaron de algunas frases en español uno de sus debates en 2000. Pero ninguno tenía fluidez en ese idioma.

Más frases en español, es de esperar con lucidez y fluidez y no solo como gesto electoralista, se darán en debates, actos de campaña y entrevistas de los candidatos demócratas (de Trump poco cabe esperar al respecto, salvo quizá una nueva alusión a los “bad hombres” indocumentados). Eso suscitará elogios, críticas, burlas y, quizá, nuevos votos. Pero es u signo del creciente avance del voto latino, que no acaba de despertarse y que resultará crítico en 2020.