Secretos de la relación entre Mauricio Macri y Nicolás Caputo, su mano derecha

Redacción Colaboradores
Mauricio Macri saluda a Nicolás Caputo. (Portada del libro El otro yo)

Daniela M.

Eran pequeños. Tenían apenas cinco años cuando se conocieron. El presidente de Argentina, Mauricio Macri, se crió junto a él y vivieron juntos más de una aventura: su primer empresa, el pago del rescate cuando Macri fue secuestrado, su primer experiencia en la gestión pública y, de máxima, la llegada a la presidencia de un país.

Caputo sigue, sin embargo, en las sombras. A pesar de que en el mundo empresarial y de la política tiene un renombre, la gran mayoría de los argentinos no lo reconocerían en una foto. Un nuevo libro revela los secretos de este enigmático personaje que tiene muchísimo más peso en las decisiones que se toman en el Gobierno argentino de lo que lo que cualquiera pueda imaginar.

“El otro yo” del presidente

Según el libro publicado por los periodistas Esteban Rafele y Noelia Barral Grigera (El otro yo, Editorial Planeta), Nicolás Caputo es casi como un doble de riesgo de Macri. Esta especie de stunt de la política tiene una vasta experiencia en gestión empresarial en la actualidad, pero todo se remonta a la infancia de ambos, cuando se conocieron la escuela a los cinco años.

Macri y Caputo fueron al colegio Cardenal Newman, un selecto instituto educativo ubicado en la zona norte del conurbano bonaerense, a una hora de la Ciudad de Buenos Aires. Según el libro, para el cual los autores entrevistaron a unas 50 personas, el Newman da “un sentido de pertenencia, no es un colegio al cual se va a buscar excelencia académica, sino pertenecer a un grupo de gente”. Y, además, claro, es una enorme red de contactos.

Tapa del libro El otro yo, editorial Planeta.

Esto tiene que ver con los inicios profesionales de Mauricio Macri, junto a Caputo. Cuando tenían 20 años fundaron Mirgor, una empresa que se dedicaba a vender climatizadores de autos cuando aún en Argentina no eran tan populares. El negocio fue un éxito porque se radicó en Tierra del Fuego, la provincia más austral de la Argentina, que contaba con exenciones impositivas en los años 80 para motivar la fabricación nacional.

Pero sin dudas hay un hecho que marcó a fuego la relación entre ambos, y tiene que ver con lo que sucedería cuando Macri llegó a sus 28 años de edad y fue secuestrado por una banda que pidió 6 millones de dólares para pagar su rescate.

El dramático episodio, que incluyó un ataúd en el cual Macri fue encerrado en un periplo de 12 días, concluyó con Caputo dando vueltas por distintos puntos de la provincia de Buenos Aires para entregar el dinero.

Un “otro yo” que pisó fuerte desde los primeros años, hasta lo que sería la llegada de Mauricio Macri a la política.

Negocios son negocios

Los negocios de la familia Caputo se dividen en tres sectores: construcción, bienes de consumo y autopartes Mirgor y energía. La empresa emblemática es homónima: Caputo SA, que se dedica a la construcción y que fue fundada por el abuelo de Nicolás. Esta pasó de generación en generación y se dedica principalmente al desarrollo privado, pero tiene algo de obra pública para el Estado y en otros distritos.

Cuando Mauricio Macri llegó a la Ciudad de Buenos Aires como gobernador, su amigo logró conseguir más participación en los últimos años a través de SES SA, una empresa de mantenimiento de hospitales, escuelas y espacios públicos. También hizo algunas obras consideradas menores, en el sentido que no son ingeniería civil, según cuentan Rafele y Barral Grigera en el libro.

SES nació en los 90, como sociedad entre los Caputo y Diego Pelizzatti, un ex ejecutivo de Socma. Y obtuvo sus primeros contratos durante la gestión porteña de Carlos Grosso, otro ex Socma, funcionario del expresidente Carlos Menem. En los años de macrismo, sus negocios se expandieron por varias ramas.

Sin embargo, hay una de todas esas empresas que ocupa un lugar especial: Mirgor. “Vamos a divertirnos solos, sin la plata de papá”, recrean en el libro los autores, que fueron las palabras de Caputo a Macri, cuando tenían 20 años. Por supuesto, para poder hacer esto, contaron con el dinero de sus padres.

En 1995, Macri le “tiró por la cabeza” el Fondo Cerrado de Boca Juniors. Caputo tuvo que hacerse cargo de un gran porcentaje del club, cuestión con la cual bromea en el libro: “Yo era de Racing y en un momento me di cuenta de que por este (Macri), al final, tenía el 75 por ciento de los jugadores de boca… ¡Hijo de puta! Y ahí dije, bueno, vamos a mirar con más cariño a los jugadores de Boca”, cuenta.

La energía aparece como un sector clave, porque Caputo es uno de los socios de Sadesa SA, una de las empresas argentinas más importantes del rubro energético.

A pesar de que la mayoría de sus incursiones fueron exitosas, sin embargo, tiene sus puntos bajos: Caputo invirtió en el Badajoz, el club español que había comprado el empresario argentino Marcelo Tinelli hace casi 20 años.

De los negocios a la política

La actual vicepresidenta argentina, Gabriela Michetti, recibió el llamado telefónico. “¿Cómo te ves de candidata a vice?” Se trataba de Caputo. Y si él llamaba, es porque la cosa venía en serio.

Nicolás Caputo tuvo un rol central en el armado político de Mauricio Macri, desde el principio. Allí por los inicios de los años 2000, Caputo entendió que Macri quería jugar en la primera división de la política argentina, y supo que, desde ese primer momento, estaría a su lado para acompañarlo.

Le armó el gabinete de la Ciudad de Buenos Aires en sus dos mandatos y, luego, con la llegada de Mauricio Macri a la presidencia Argentina, fue el responsable de configurar el equipo técnico de trabajo.

El peso de sus decisiones en la política de Argentina está marcado por su impronta: sin tener un cargo formal, cuestión que lo coloca en un lugar más cómodo que el de cualquier ministro que pueda poner en juego su cargo con su decisión, Caputo no le hace decidir a Macri, sino que decide junto a él.

Nadie tiene la confianza que le tiene Macri. La relación es inescindible. Y es la que, a fin de cuentas, maneja los hilos del destino de la Argentina.

Por supuesto, el hecho de que sea empresario de la construcción, en algún momento le representará un problema a Macri, ya que así como en la actualidad el kirchnerismo es investigado, los negocios de Caputo con Macri y los beneficios que surgen de ese conflicto de intereses podrían ser un punto que le jugará en contra.

Y le jugará en contra a ambos: todo lo que afecta a uno, afecta al otro.