El egocentrismo de tener mascotas silvestres: cómo unas guacamayas en cautiverio desataron una ola de odio en las redes

La mayoría de las 17 especies de Guacamayas están en peligro de extinción debido a la deforestación y la captura ilegal como mascotas, dice Amazon Aid Foundation.

Para los amantes de las aves, Venezuela es un lugar extraordinario.

Allí se pueden observar al menos 1.417 especies de las 10.000 que habitan en el planeta. Sólo seis naciones en el mundo superan la biodiversidad que existe en los cielos venezolanos.

Quizás por ello siempre es muy común tener aves silvestres como mascotas. No nos basta con verlas volar a lo lejos sino que necesitamos admirarlas y sentir que nos necesitaban.

Recuerdo que mi abuelita se sentaba cerca de una enorme mata de níspero para identificar los cantos de los pájaros y pedirle a uno de mis tíos que le atrapara alguna especie que le causara curiosidad.

Así que yo crecí escuchando el canto de canarios, periquitos y los chistes de un loro parlanchín que se llamaba Lorenzo. Hasta tengo un tío que rescató una guacamaya joven y la mantuvo en una mata de mango en su jardín. Es una ave enorme y feroz, quizás porque perdió a su bandada y ya no podía volar.

Por fortuna los tiempos cambian. Y aunque mi abuela era una mujer amorosa y sabia, sus nietos hemos aprendido que las aves tienen que vivir en libertad.

Conciencia vs popularidad

Pero los ataques recibidos por una bióloga que alertó sobre la práctica de mantener guacamayas en cautiverio y entrenarlas como perros ha puesto en evidencia que muchos caraqueños no han comprendido una premisa básica y mil veces repetida por los expertos ambientales de todas partes del mundo: los humanos no deben interferir con la fauna silvestre.

La ambientalista Diana Liz Duque sabe que cuidar el ambiente no es tarea fácil. Está acostumbrada a lidiar con invasiones campesinas, el tránsito de guerrilleros y amenazas en su trabajo como directora de la Reserva Forestal Caparo, en el suroccidental estado Barinas, donde se encuentra una vasta extensión de los llanos venezolanos.

Lo que no imaginó es que alertar contra la tenencia de aves amazónicas en la capital venezolana generara una campaña de odio tal que se vio obligada a cerrar sus cuentas en redes sociales y a denunciar por cyberacoso a un influencer admirado por trabajar en otra de las grandes aficiones nacionales: los concursos de belleza.

Richard Linares, un entrenador de misses que mima a sus Guacamayas como si fueran gatos, se sintió atacado por Duque y llamó a sus dos millones de seguidores contrarrestar el llamado de la conservacionista.

La petición, que incluyó imágenes del rostro de Duque, generó tal ola de odio contra la bióloga que se vio obligada a solicitar a la policía científica venezolana que acciones en contra del entrenador Richard Linares, y de otra conocida influencer llamada Vanessa Senior, por instigar al odio a través de sus millones de seguidores en Instagram.

“Se quejan por la crisis del país, pero se comportan de esta manera. Deberían escribir con esta energía para reclamar a los políticos que nos están hundiendo, pero no lo hacen porque están pendientes del faranduleo, bullying, chalequeo y burla, porque así somos los venezolanos”, se quejó Duque según El Pitazo.

Luego de las denuncias de Duque y del cierre de las cuentas que utilizaba para publicar campañas para la protección de la fauna, Linares se disculpó mediante un post de su cuenta de Instagram.

“Al leer esto hice la publicación bajo los efectos de la ira. No he debido hacerlo. He debido pensarlo bien. No sabía las consecuencias que se podían desencadenar. Ya aprendí. Pido disculpas por lo hecho”, escribió el entrenador junto a una foto en la que aparece con sus dos hijos y sus dos guacamayas.

“Para mi estas guacamayas son parte de mi familia Libertad tiene casi 4 años conmigo y la adoramos al ver qué la señora Diana Duque pedía que me denunciaran lo primero que pensé era que me las iban a quitar”, agregó.

La cara fea de la moneda

Más allá de la necesidad egocéntrica de un individuo de poseer una guacamaya como mascota, no existen motivos para mantener un animal silvestre en cautiverio.

Un reportaje publicado por Prodavinci informó que al menos 641.000 loros, guacamayas, pericos y cotorras, fueron traficadas en Venezuela entre 1981 y 2015.

Según una investigación de los biólogos venezolanos Jon Paul Rodríguez, Ada Sánchez-Mercado y Arlene Cardozo, el mercado ilegal trafica unas 18.334 aves al año, en promedio, y entre las especies más traficadas están las guacamayas. En el triste primer lugar de las aves comercializadas ilegalmente está el loro real (Amazona ochrocephala), el Lorenzo de mi infancia, por su habilidad para imitar la voz humana.

Un dato preocupante revelado por Prodavinci son los montos exorbitantes que genera el tráfico de especies silvestres, que podrían alcanzar hasta los 20 mil millones de dólares anuales.

Por muy linda y simpática que sea un ave como la guacamaya, la ciudadanía tiene que comprender que cuando una especie es raptada de su ambiente, se reduce la población en su lugar de origen y pudieran causar su extinción.

También pueden generar graves desequilibrios ecológicos en su nuevo destino. Los expertos opinan que la guacamaya ya es una especie invasora del Valle de Caracas.

Y cuando la fauna silvestre prolifera de manera descontrolada en las ciudades las consecuencias pueden ser lamentables.

En Madrid, el ayuntamiento gastará 3 millones de euros para matar a 12.000 cotorras argentinas con el fin de controlar el rápido incremento en su población, que afecta los ciclos naturales de las aves nativas y la proliferación de enfermedades.

Las cotorritas argentinas nacidas en Madrid y las guacamayas amazónicas que vuelan por los cielos de Caracas son víctimas de la naturaleza acaparadora del hombre.

Aunque el señor Linares se de golpes de pecho y llore a mares si algún día le quitan a sus guacamayas.