El dolor y el remordimiento del empleado de American Airlines que documentó a dos terroristas del 11-S para que pudieran abordar su avión

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Hacer bien el trabajo cotidiano y servir de modo eficaz a los clientes son virtudes que empleados y empresas desean. Pero hay algunas ocasiones singulares en que hacer eso de modo esmerado y profesional es algo que llega a causar en profundo malestar, incluso arrepentimiento y dolor, en el trabajador que lo realiza.

Eso es, en parte, el caso de Vaughn Allex, quien hace 20 años trabajaba para la empresa American Airlines en el aeropuerto Dulles en Virginia, cercano a Washington DC.

Allex Vaughn, quien trabajaba en el mostrador de boletos de American Airlines en el aeropuerto Dulles el 11 de septiembre de 2001. (Captura de video / ABC News)
Allex Vaughn, quien trabajaba en el mostrador de boletos de American Airlines en el aeropuerto Dulles el 11 de septiembre de 2001. (Captura de video / ABC News)

La mañana de un martes, Allex trabajaba en un mostrador de esa aerolínea cuando hasta allí se aproximaron dos personas que se veían, le contó él a la televisora ABC News, como perdidas. Eran dos hermanos que estaban en riesgo de no llegar a tiempo para abordar el vuelo para el que tenían boleto, con destino a Los Ángeles, y había otros pasajeros esperando para ser atendidos.

Allex procedió a atenderlos y, aunque era tarde, logró que pudieran abordar su avión original en lugar de pasarlos a un vuelo posterior.

En ese momento él presumiblemente sintió haber hecho un buen trabajo. Pero, tan solo un día después, se arrepintió de haberlo hecho y ha sufrido por ello desde entonces, el resto de su vida.

Eso sucedió el 11 de septiembre de 2001.

Y los dos hermanos a los que Allex ayudó a no perder su vuelo y a abordar el avión para el que tenían boleto eran los terroristas Salem y Nawaf Al-Hazmi, quienes secuestraron ese día el vuelo 77 de American Airlines y lo desviaron de su ruta para, poco después, estrellarlo contra el edificio de Pentágono, sede del Departamento de Defensa, en Washington DC.

“El registro de esos pasajeros fue extraño. De los dos que registré, dos hermanos, uno era como hosco y el otro estaba parado un par de pasos detrás de él. Suena raro, pero lo que captó mi atención es que él estaba como bailando, estaba moviendo un pie y el otro, sonriendo y mirando alrededor. Pensé ‘este tipo nunca se ha subido a un avión y vaya que está excitado’…”, recordó Allex.

También le pareció extraño a Allex que los hermanos no pudieran responderle ciertas preguntas básicas y marcó en sus boletos que se les debía someter a una revisión adicional. Pero en aquella época la seguridad aeroportuaria era mucho menor (fueron los atentados del 9/11 los que hicieron que esta se extremara) y los hermanos al final pudieron abordar el vuelo 77 y consumar su crimen.

El costado destruido del Pentágono, en Washington DC, luego de que terroristas estrellaran contra ese edificio un avión de pasajeros el 11 de septiembre de 2001. (Alex Wong/Getty Images)
El costado destruido del Pentágono, en Washington DC, luego de que terroristas estrellaran contra ese edificio un avión de pasajeros el 11 de septiembre de 2001. (Alex Wong/Getty Images)

Para mayor desazón, Allex contó que hace 20 años ayudó a una amiga y compañera de trabajo a reservar un vuelo para ella con destino a Las Vegas. Ella pensaba, narra ABC News, hacer escala en Dallas o Chicago, pero Allex le sugirió hacerlo vía Los Ángeles. Ella aceptó y él emitió su boleto para el vuelo 77 del 11 de septiembre de 2001-

“Entonces, el día siguiente [12 de septiembre] vi que ella había abordado el vuelo para el que yo le había emitido el boleto”, se dolió Allex. Su amiga falleció en el avión secuestrado e impactado contra el Pentágono.

Desde la mañana del 11 de septiembre de 2001, cuando se supo de los cuatro aviones secuestrados y usados como armas letales contra las Torres Gemelas y el Pentágono (el cuarto avión cayó en un campo de Pennsylvania cuando los pasajeros se rebelaron y evitaron que ese vuelo fuera también usado para estrellarse contra un edificio), Allex y todos sus compañeros de trabajo se encontraban en shock.

Allex cuenta que él conocía personalmente a los miembros de la tripulación del vuelo 77, compañeros de trabajo durante años, y por ello la pérdida de ellos le impactó rudamente, en adición al terrible impacto de los atentados en su conjunto.

Pero fue el 12 de septiembre, indicó ABC News, cuando su desasosiego se incrementó. Ese día fue llamado a la oficina de su jefe y se reunió con agentes del FBI. Allí le fue entregada la lista de pasajeros del vuelo 77 y, cuando la revisó, súbitamente cayó en la cuenta.

“¿Yo lo hice, o no?”, les dijo Allex a los agentes, quienes le pidieron se explicara. “Estos eran los dos que yo documenté”. Se trataba de los dos hermanos terroristas Al-Hazmi.

“Me culpo a mí mismo, pienso… si hubiera hecho algo diferente, si no los hubiera dejado subir…”, se lamentó Allex.

¿Se habría evitado el secuestro y la destrucción del vuelo 77 y el estallido en el Pentágono, y con ello se habrían salvado muchas vidas, si Allex no hubiera gestionado que los dos terroristas pudieran subir a ese avión para el que iban retrasados? No hay manera de saberlo, y dado que otros tres terroristas también abordaron ese avión, incluyendo quien lo piloteó hasta estrellarlo con el Pentágono, posiblemente el atentado se habría cometido de todos modos.

En realidad, Allex solo hizo bien su trabajo y no había modo de que en ese momento supiera lo que luego iba trágicamente a suceder.

Pero la duda y el pesar carcomen a Allex y, según él mismo dice, ello lo ha perseguido desde entonces y, aunque con el tiempo todo ello se ha mitigado, quizá no lo dejará jamás.

Como él contó a la radio pública NPR hace cinco años, por mucho tiempo tuvo dificultad para manejar su dolor y contó que incluso le fue problemático participar en grupos de ayuda pues, se pregunta, “¿cómo puedo sentarme en un salón con gente que está doliéndose y llorando [porque perdieron a seres queridos el 9/11] y que [me preguntan] ¿cuál fue tu rol en todo esto?... ¿Qué puedo decirles? ‘Bueno, yo documenté a dos de los secuestradores y me aseguré de que abordaran el vuelo…”.

Incluso, señaló NPR, cuando en una ocasión una cliente le comentó a Allex que su esposo había muerto el 11 de septiembre, él creyó escuchar “usted mató a mi esposo el 11 de septiembre”.

El tiempo ha, poco a poco, reducido su pena y Allex se ha perdonado a sí mismo y se ha liberado, según él mismo cuenta, de lo más agudo del sentimiento de culpa, aunque nunca podrá olvidar ni superar por completo lo que a él le tocó vivir hace 20 años, ese 11 de septiembre, en el mostrador del aeropuerto Dulles.

Allex dejó de trabajar para American Airlines en 2008 y actualmente labora para la Agencia de Seguridad en el Transporte (TSA), encargada justamente de la seguridad en los aeropuertos de Estados Unidos.

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