El difícil reto de estar embarazada y cumplir con las aspiraciones laborales

Siguen existiendo casos de mujeres cuyos embarazos amenazan sus puestos de trabajo.

El mundo de la empresa tiene tantas aristas como la vida misma. Maneras de relacionarse entre compañeros, intereses, camaradería, códigos implícitos, egos, debates, conflictos, fiestas, estrés, amores y desamores, mentiras, risas… casi todo lo que pasa de puertas para adentro en lo que a vínculos humanos se refiere podría suceder en cualquier patio de vecinos. Sin embargo, aún existen aspectos que resultan difíciles de digerir y que diferencian claramente lo que se palpa en la calle con lo que reina en la empresa. Con la productividad, los resultados y la eficiencia por bandera, las compañías suelen justificar decisiones que serían impensables en cualquier barrio.

Los casos son escalofriantes y van desde la marginación a trabajadores que se acercan a su jubilación, a la explotación de los recién llegados o al trato que reciben las mujeres embarazadas. En esta generalización hay casos específicos, con nombres y apellidos, como el de Amy McKeown, cuyo embarazo pasó de ser uno de los momentos más felices de su vida al más miserable. Lamentablemente, la empresa en la que trabajaba en Londres, la multinacional, Ernst & Young - dedicada a auditoría, contabilidad, finanzas y otros servicios a grandes corporaciones - no tuvo ese ingrediente tan necesario que suele desaparecer en el ambiente corporativo: humanidad.

Mujer embarazada durante una reunión de trabajo.

McKeown tomó una decisión que sorprendió a muchas personas. Cuando fue junto a su marido y su hija de dos años a hacerse la primera ecografía, el médico les dijo que el corazón del bebé no latía. Fue en ese instante cuando decidió no someterse a ningún procedimiento de nacimiento inducido y continuar con el embarazo de manera natural. Aquello le hizo estar en cama durante seis semanas y 10 más con hemorragias constantes y desmayos. Cuatro meses después, cuando por fin pudo incorporarse a su puesto de trabajo, le dijeron que ya no contaban con ella, que había sido despedida por una “decisión estratégica de negocio”.

“Estaba devastada”, afirmó a The Guardian. “Es muy difícil cuando, repentinamente, una familia pierde un salario con el que contaban”, agregó.

Nadie le avisó durante su embarazo y no hay ley en Reino Unido que la pudiera defender. Según la definición de la norma, se está embarazada si se tiene un feto en desarrollo dentro. “Y esa particularidad es importante porque te puede dejar en una situación de desprotección”, afirmó.

Mujer embarazada muestra un ultrasonido de su bebé.

Por eso, McKeown decidió emprender su lucha particular para garantizar que las mujeres que o bien estén embarazadas, tengan un aborto natural o den a luz cuenten con leyes laborales que las protejan. Ella no tuvo derecho a un periodo de maternidad por no dar a luz, sin embargo, aquellos dos meses y medio de hemorragias - probablemente su placenta - no sirvieron para protegerla.

Algunas organizaciones apuntan que solamente en Reino Unido, 54 mil mujeres pierden sus trabajos al año por culpa de la discriminación de maternidad.

“Hay muchos casos en los que los jefes se dan cuenta de que una trabajadora ha tenido un aborto y la despiden un mes después. Es una manera de descartarlas porque ya saben que intentarán quedarse embarazadas de nuevo”, afirmó Joeli Brearley, fundadora de la organización ‘Embarazadas y Defenestradas’.

Perder el puesto de trabajo es una potencial consecuencia de aquellas compañías cuya cultura de empresa tiene otras prioridades antes que el bienestar y la empatía con sus trabajadores, pero no la única. Eva también es británica y trabaja para Media Arts Lab, la agencia de publicidad de Apple (en su conversación con Yahoo! ha preferido que se cambie su identidad y se obvie la localización en la que trabaja). Definida por sus compañeros como una empleada brillante y dispuesta a compaginar su ambición profesional con su deseo de tener hijos, de repente, vio cómo está situación quedó truncada.

Una madre con su bebé recién nacido.

“Estaba a punto de ser ascendida a un puesto por el que había luchado durante años y coincidió con mi primer embarazo. De repente, las conversaciones se congelaron y ya no pude optar a ese puesto. Cuando nació mi bebé, tampoco se me permitió quedarme en el puesto que tenía pero trabajando a tiempo parcial para compaginar mi maternidad con mi profesión”, afirmó en un claro ejemplo en el que ser madre acabó pasándole factura.

En México, las mujeres tienen derecho a 42 días en el periodo prenatal y 42 en el postnatal, aunque pueden llegar a acuerdos con las empresas para gozar de más tiempo con sacrificio de sueldo. En España, tanto la baja por maternidad como la de paternidad son de 16 semanas de manera intransferible y retribuida, y es uno de los países que están a la cabeza en este tipo de políticas. En EEUU, la baja por maternidad es de 12 semanas y las compañías no están obligadas a dar un salario por ley federal. Por esta razón, generalmente no se buscan sustituciones para las mujeres que están embarazadas y su puesto no peligra. Aunque… ¿a qué precio?

En ninguno de los casos se contemplan situaciones como la de McKeown, quien se encuentra en un limbo en el que navegan muchas mujeres cuyas aspiraciones laborales quedan a expensas de las acciones, legales o ilegales pero justificadas de creativas maneras, de unos jefes cegados por el día a día de las empresas más que por la vision global de tener contentos a sus empleados, algo que no sólo se consigue con un buen salario, sino con una cultura en la que todos se sientan protegidos.