El desesperado peregrinaje en busca de una prueba de antígenos.

·3  min de lectura

Los padres sabemos qué es peregrinar, Navidad tras Navidad, en busca del juguete que se le resiste a los Reyes Magos. Sí, confieso que yo también he caído en la histeria parental, mimetizándome con hordas de desesperados progenitores a la caza del juguete de moda, que invariablemente los otros también quieren. 

Quién nos iba a decir que este año el peregrinaje se trasladaría a las farmacias, y que el objeto de deseo sería una prueba de antígenos. Los Reyes Magos este año no son los padres sino la salud. La Comunidad de Madrid prometió un test gratis para cada madrileño, esta semana. Pero ni están ni, tememos, se las espera para los próximos días. Esta mañana, en mi farmacia habitual no paraba de sonar el teléfono. Siempre la misma pregunta, ¿les quedan tests de antígenos? Se les acabaron hace dos días. Una farmacia tras otra, casi siempre es la misma respuesta: los hemos vendido todos.

Y así, en Madrid, personas que sospechan que han contraído la Covid o sus familiares -contactos directos que también podrían estar contagiados- exponen a los demás mientras deambulan a la búsqueda de una prueba que confirme o descarte el diagnóstico. Porque en los centros de salud, desbordados, ni cogen el teléfono ni dan citas a través de la aplicación. 

La urgencia viene por las fiestas, el querer encontrarse con la familia y no anular planes, cenas ni viajes. Pero, también, por la explosión de contagios de los últimos días, que hacen sospechar de cifras muchísimo más altas que las oficiales. La percepción individual -y aquí sólo estoy contando lo que pasa a mi alrededor- es que en ninguna de las olas he tenido a tantos positivos cerca. Y no soy la única. Mientras explota el número de contagiados y estallan en Whatsapp las notificaciones de los amigos que han dado positivo y que han tenido la suerte de poder haber accedido, sobre todo a través de sus puestos de trabajo, a un test de antígenos o una PCR.

Pero son una minoría. Muchos denuncian, a través de las redes, que, teniendo síntomas, nadie les puede confirmar el diagnóstico. 

Así que no queda más remedio que ponerse a la cola del centro de salud y esperar, horas, a que alguien les atienda. Esta periodista ha mostrado en twitter un video en el que se observa una larguísima fila de personas guardando pacientemente su turno, en Madrid, para conseguir una PCR.  

No hay test de antígenos, ni pagando. No se hacen apenas PCR en los centros de salud, que están desbordados. Personas con síntomas compatibles no obtienen un diagnóstico. Y todo desemboca en lo mismo: las cifras oficiales de incidencia podrían estar terriblemente por debajo de la incidencia real. Y esta ola podría ser la más extensa de la que hemos sufrido.

Nuestro objetivo es crear un lugar seguro y atractivo para que los usuarios se conecten en relación con sus intereses. Para mejorar la experiencia de nuestra comunidad, suspenderemos temporalmente los comentarios en los artículos.