El cambio climático ha dejado obsoleta (y peligrosa) la escala con la que medimos los huracanes

El huracán Florence visto desde el espacio | imagen NASA

En 1969 el ingeniero Herbert Saffir y el director del Centro Nacional de Huracanes de Estados Unidos Robert Simpson desarrollaron la escala original con la que hoy medimos las tormentas tropicales. Basándose en la escala Richter para terremotos, Saffir y Simpson crearon una escala de cinco niveles según la velocidad del viento registrado. Más adelante el propio Simpson entendió que teniendo en cuenta solamente los vientos la escala no era demasiado precisa ya que no se toman como referencia otros elementos como las precipitaciones o la localización geográfica donde la tormenta toca tierra.

Para muchos meteorólogos esta escala Saffir-Simpson, la más utilizada en la actualidad, no solo está desfasada sino que supone un peligro para la seguridad de las personas. Las autoridades comprueban la categoría de un huracán (que depende mayoritariamente de la velocidad de sus vientos) y deciden tomar las medidas pertinentes. Sin embargo, el mayor peligro de un huracán no son sus vientos, sino sus precipitaciones, algo que en muchas ocasiones no se está teniendo en cuenta. Lo explica Marshal Shepherd en un interesantísimo artículo en Forbes: “Por qué la lluvia es el mayor peligro de un huracán, no su categoría”.

Tomemos como ejemplo el reciente Huracán Florence que ha arrasado la costa sureste de Estados Unidos dejando a su paso, hasta el momento, 33 víctimas mortales y daños materiales valorados en miles de millones de dólares. Florence se intensificó rápidamente y se convirtió en una bestia de categoría 4 con vientos que superaban los 220 km/h. Con el paso de las horas, Florence fue rebajando su intensidad y aterrizó en los estados de Carolina del Norte y del Sur, convertido en un huracán de categoría 1. Durante el fin de semana, fue decayendo aún más y terminó siendo catalogado como tormenta tropical y finalmente como depresión. Todos estos cambios de escala se basaron en un factor: la velocidad de sus vientos.

Estos cambios en la medida del huracán Florence consiguieron que, tal y como indica Sheperd, mucha gente se relajara pensando “solo es una tormenta, ni siquiera es un huracán… no puede ser tan malo”.

Y esto fue lo que ocurrió: los vientos causaron una pequeña porción del daño, mientras que las lluvias históricas crearon una monumental crisis de inundaciones que aún continúa en estos momentos. Algunas personas ignoraron las órdenes de evacuación porque la tormenta fue degradada continuamente hasta tocar tierra. Brian Kahn en The Earther lo expone bien claro: nuestro sistema de clasificación actual está literalmente poniendo a las personas en peligro. Estamos infravalorando la peligrosidad de un huracán fijándonos demasiado en la velocidad del viento y olvidando otros factores implicados.

El cambio climático, y sobre todo el calentamiento de la temperatura global en los océanos, están convirtiendo a los huracanes en verdaderas bombas de agua que descargan su fuerza cuando tocan tierra. Los estudios indican que este aumento de la temperatura del mar está consiguiendo que los huracanes sean más intensos, no solo en sus vientos sino, sobre todo, en las precipitaciones. Los meteorólogos advierten que la actual clasificación de huracanes debe actualizarse con estas nuevas premisas para proteger mejor a quienes sufrirán las consecuencias a su paso.

Inundaciones provocadas por el Huracán Katrina | imagen NOAA

Un estudio publicado a principios de este año confirma que los huracanes que nos esperan en el futuro serán más húmedos. Florence y Harvey son solo los ejemplos más recientes, pero recordemos que Katrina tan solo era un huracán de categoría 3 cuando tocó tierra, y terminó convertido en una auténtica pesadilla de inundaciones a su paso.

La escala Saffir-Simpson tuvo su razón de ser hace décadas, proporcionaba al público en general una información rápida y sencilla para comprender la peligrosidad de cada tormenta tropical y cómo se convertía en huracán. En aquel tiempo tenía mucho sentido sabiendo que las construcciones no eran tan seguras como ahora y que los vientos suponían un grave peligro. Sin embargo, mantener las categorías actuales y no incluir otros factores como las precipitaciones, puede dar una falsa sensación de seguridad a la hora de tomar medidas efectivas o evacuaciones más tempranas.

Referencias científicas y más información:

Brian Kahn “Climate Change Is Making Our Hurricane Scale Obsolete” Earther Gizmodo

Edward N. Rappaport, B. Wayne Blanchard “Fatalities in the United States Indirectly Associated with Atlantic Tropical Cyclones” AMS American Meteorological Society DOI:10.1175/BAMS-D-15-00042.1

Marshall Shepherd “Why Rainfall Is Hurricane Florence’s Biggest Danger, Not Its Category” Forbes